Villa Acullá (II de IV) |
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02-07-2007 12:22
Por: NedStark
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Media docena de soldados de la corona de Aragón se han encontrado con una aldea donde algo terrible ha pasado.
Los soldados corrieron a aproximarse a donde Raúl les aguardaba. Era una de las casas más grandes. Al abrir la puerta comprobaron que prácticamente no había luz. En principio sólo se veía una numerosa cantidad de siluetas al fondo, pero conforme se acostumbraba la vista se percibía que aquello era algún tipo de templo. Tenía grandes bancos de madera que cruzaban la sala y un altar de piedra, rústicamente construido, se erguía en el fondo. Tras él, medio centenar de hombres, mujeres y niños se acurrucaban temblorosos.
-Somos soldados del rey -comenzó Enrique mientras sus compañeros preparaban antorchas-. Venimos en busca de reposo -esperó unos segundos en los cuales le pareció distinguir algún murmullo entre los niños.
-¡¿Es que no sabéis hablar?!- cortó Felipe. Las siluetas se movían inquietas, de pronto una de ellas habló.
-Sí, Señor. Disculpe nuestra actitud pero es una terrible historia la que hemos de contarles.
En ese momento Mateo y Chimo entraron con las antorchas, al fondo pudieron comprobar que las figuras eran en su mayoría ancianos, mujeres y niños. Andrajosos y de aspecto poco saludable les observaban con ojos asustados e inquietos.
-Está bien -concedió Felipe–. Salid todos de ahí y vayamos a la taberna donde podréis compensar vuestra falta. Allí nos contareis la historia y nos daréis un motivo para no condenaros por la quema de todos esos cadáveres.
Enrique tuvo que apretarse los dientes para no asesinar a Felipe allí mismo. Aquellos pobres aldeanos estaban aterrorizados, escondidos en un simulacro de parroquia y el bastardo de su capitán les obligaba a servirle amenazándoles de muerte.
La procesión que se dirigió hasta la taberna hubiera parecido una peregrinación de condenados a muerte. Con aspecto famélico los niños harapientos observaban con ojos aterrados a los soldados que les escoltaban. Los ancianos caminaban cabizbajos, como si fueran conscientes de que los recién llegados no iban a resultar los protectores del pueblo. Muchas de las mujeres andaban con la mirada perdida, a Enrique le recordaban a la hermana del hombre al que Mateo y Chimo habían ajusticiado hacía ahora tres días.
Una vez dentro, Felipe exigió al hombre que había hablado que se presentara.
-Mi nombre es Guillermo, señor, y el lugar donde nos encontrábamos refugiados es nuestra parroquia.- El tipo no tendría mas de treinta años y no era demasiado alto. En su rostro se percibía la misma apariencia desoladora que en el resto de hombres.
-Bien Guillermo, servidnos ese vino que he visto encima de la barra y contadnos pues esa terrible historia.
Mateo miraba alrededor: eran medio centenar de personas, pero aunque hubieran atacado todas a la vez no hubieran podido ni siquiera herirles. Ellos eran soldados, entrenados para el combate, armados y con protecciones. Aquéllos eran menos que campesinos, enfermos y desnutridos.
Algunas mujeres se apresuraron a preparar algo tras la barra. Entretanto, Guillermo y otro hombre servían vino a los soldados. Raúl observaba alrededor: jamás había visto tanta pobreza junta. Tres niños, algo mayores, habían ido a cuidar de los caballos por orden de Felipe; Enrique se había ofrecido voluntario para supervisar los establos y comprobar que los caballos eran bien cuidados.
Una vez hubo comida y bebida para los soldados en la mesa Felipe instó a Guillermo a sentarse junto a él.
-Comenzad pues. ¿Cuál es el misterio que debe libraros de la condena?
-La historia -comenzó Guillermo- debe remontarse a hace unos tres meses, señor, pero permítame primero hablarle un poco de nuestro pueblo. Villa Acullá siempre ha sido un lugar tranquilo, incluso cuando los árabes invadieron zonas muy cercanas siempre permanecimos independientes. Al estar tan distanciados de cualquier otra civilización casi nunca tenemos visitas ni comerciantes. Y los pocos que aún se acercan por aquí tampoco hablan demasiado de nosotros para mantener seguras sus ventas. Siempre hemos vivido de la caza y la recolección, además un riachuelo baja de la montaña y nos proporciona pescado y agua.
-¿No hay guardias del rey aquí? -interrumpió Chimo.
-Los había, eran tres tipos que vinieron hace muchos años y que jamás habían regresado a sus casas. Nuestra relación con ellos era estupenda, eran gente honrada, como nosotros. Alguna vez enviaban algún mensaje a Teruel o Zaragoza; y rara vez recibían más pago que nuestros propios impuestos -Guillermo hablaba con claridad, se notaba que era un tipo serio e inteligente a la vez que solvente.
-Está bien… vayamos al grano -dijo Felipe poco interesado en las costumbres rurales. El vino y algo de comer habían mejorado su estado de ánimo, y le parecía haber visto entre las mujeres a una cuyos pechos aún se mostraban prominentes.
-Como les comentaba -continuó Guillermo, ahora con el rostro más sombrío- hace tres meses empezó todo. Un día como cualquier otro llegaron de madrugada. Eran al menos dos docenas de hombres. Gentes de Castilla y de Aragón, almogávares catalanes y montañeses vascos… una banda de mercenarios que provenía de todas partes de la península. Crueles asesinos y ladrones cuyos destinos habían sido unidos por la necesidad. Llegaron y arrasaron sin piedad, asesinaron a nuestra guardia y a los hombres que trataron de apoyarla. El resto nos escondimos, esperábamos que robaran ganado o tal vez sólo quisieran emborracharse. Pero no, tenían intención de quedarse.
En ese momento Enrique volvió a entrar por la puerta. Había escuchado parte de la conversación y mostraba el ceño fruncido.
-Escuché hablar de aquella banda en Teruel -dijo mirando a Guillermo–. Eran delincuentes que se habían unido bajo el mando de un corrupto noble castellano llamado Ricardo.
-¡Sí! -se adelantó una de las mujeres, aquella a la que Felipe había mirado con lascivia.- El líder se llamaba Ricardo, lo recuerdo perfectamente.
-Bueno -dijo Guillermo-. Ella es Pilar, mi esposa.
Felipe observaba aburrido la conversación, le fastidiaba haber dejado de ser el centro de atención y el vino continuaba afectándole.
-Bien, bien. Enrique siéntate y come, deja que estos hombres se expliquen.
El soldado se sentó y comenzó a comer. Después Guillermo continuó.
-Nos sacaron de nuestras casas, como a perros. Golpeaban con brusquedad a cualquiera que se defendiera o se opusiera, ya fuera hombre, mujer o niño. Nos obligaron a servirles, a prepararles las camas. Violaron a nuestras mujeres y, durante semanas anduvieron a sus anchas por las calles de Acullá. -Su voz delataba la rabia contenida.
“Nosotros poco podíamos hacer. Eran hombres fuertemente armados, mercenarios sin escrúpulos. Tratamos de enviar un mensajero para que pidiera la ayuda del rey, pero lo localizaron enseguida y lo asesinaron allí mismo.- Guillermo miraba la mesa fijamente, como recordando las imágenes.
Todos los asistentes miraban con inquietud a Guillermo. Los aldeanos recordaban cómo le habían obligado a mirar mientras violaban a Pilar sin poder hacer nada. Ella misma lo recordaba tras la barra. Las lágrimas habían dejado de recorrer sus mejillas hacía tiempo; ahora solo había ira y tristeza en su corazón.
-Entonces planeamos la venganza -dijo uno de los ancianos que había estado callado hasta ese momento. Las arrugas de su rostro estaban tensas, pero no mostraban miedo ni arrepentimiento: sólo mostraban odio.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Expositivo |
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02-07-2007 12:24 |
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Creo que podrías haber profundizado más en los personajes para dar más asideros al lector. La similitud de la sonoridad de algunos (Enrique, Felipe...) crea confusión. Aumentarías la tensión si les dieras una dimensión mayor.
Por lo demás, una entrega correcta.
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RE: Expositivo |
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02-07-2007 13:29 |
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Gracias por el comentario y apuntada la crítica. Además, el tema de la sonoridad si que me había llamado la atención, solo que en mi cabeza esos nombres tenían mucho sentido.
Lo dicho, muchas gracias.
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lo mismo |
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02-07-2007 12:39 |
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Corroboro lo dicho por Akhul. Le falta algo de profundidad a los personajes, pero por lo demás muy correcto.
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Mantiene el interés |
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03-07-2007 09:27 |
A pesar de que va por entregas, mantiene el interés, lo cual ya es es de por si un logro encomiable.
Esta correctamente escrito y defines bien quienes son los buenos y los malos, pero como es normal hasta que no lea la resolución de la historia no puedo opinar más.
Eso sí, tengo ganas de leerla
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