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La rana cantora


Relatos de Fantasía

23-07-2007 04:22
Por: Queen of tales

Un cuento, no del todo infantil, sobre una rana cantora que busca una princesita con la que reinar...


tech

Estaba una rana en su charca preferida, con alpargatas de seda y un whisky irlandés bien frío meditando el atardecer. De vez en cuando cantaba pasajes del anillo de Nibelungo de Wagner, “ópera selecta para su majestad la princesa”, decía antes de empezar a entonar, y después comenzaba. Las otras ranas y sapos que nadaban por allí se paraban a escucharle, nunca habían oído algo tan hermoso y desgarrador a la vez y, entonces, se dirigía a su público con interés devoto.
—Amigos míos, algún día seré príncipe y comeré en los banquetes reales, pero yo siempre vendré por las noches a cantar y a croar, visitaré tierras lejanas, lugares donde los reyes más selectos sueñan con poder estar…
Era así, cuando comenzaba a hablar no había nada en el mundo que le hiciese callar. Será por eso que ninguna princesa que venía a la charca le quería como legítimo esposo.
Cuando se dio cuenta de que estaba solo y que nadie le escuchaba dio un sorbo al whisky, ya calentorro, y miró la luna.
—Algún día encontraré mi princesita —decía mientras miraba el entramado de estrellas que se extendía en sus ojos y se proyectaba en el cielo.
Y así quedó la noche, con la rana mirando el cielo sin parpadear y las otras durmiendo entre las rocas y disfrutando de la brisa refrescante que llegaba de la charca.
Al día siguiente, como en todos los anteriores, vinieron unas cuantas princesas en busca de buenos maridos para reinar. Medían las ancas traseras de las ranas, observaban el brillo de los ojos y acariciaban la textura para asegurarse de la edad. Y de esta forma elegían a su príncipe y después le daban un beso prolongado que hacía que por un momento el mundo se parase y diese paso a la más brillante de las transformaciones, la de la rana en hombre.
Pero en nuestro caso particular, en el de la rana cantora, ninguna de las princesas la creía de especial interés por tener una gran verruga en la espalda y, de todas formas, a la rana no le gustaba ninguna de las princesas desesperadas y solteronas que venían a buscar su marido en la charca, pues las buenas princesas buscaban buenos príncipes con grandes extensiones de tierra en palacios.
Y de esta forma, y por una de las casualidades que en la vida afloran, llegó una de las princesas más bellas y amables que conocía la tierra. Y vino precisamente a la charca de la buena rana cantora a buscar su media naranja con la que gobernar y danzar en los bailes reales. Pero, a diferencia de las demás, esta vino por la noche, cuando las ranas retozaban a gusto en el barro y croaban sin cesar tras las piedras, excepto una, que estaba cantando Sigfrido a pulmón abierto, desgarrando su inocente garganta al paso que alzaba más y más la voz.
La princesa se sorprendió tanto que lanzó un largo suspiro de conmoción. Y la rana cantora paró y miró de donde había provenido aquel suspiro tan delicado. Los ojos de ambos centellearon bajo la mirada de la luna, y ella se acercó y se metió en la charca, no podía esperar más. Se mojó la larga falda que ocultaba una cadera ancha y pronunciada y se embarró los zapatitos de charol que llevaba, pero ella pensó que merecía la pena realizar tal hazaña por encontrar un príncipe tan particular.
Pero la belleza y amorosidad del ambiente cesó cuando la princesa vio la rana de cerca, y su verruga prominente que ocupaba gran parte de la espalda. Se asustó y lanzó otro de sus suspiros, pero éste era diferente; era doloroso y lastimero, una decepción que se había llevado. Así que según vio a la rana salió corriendo y solo quedó de ella un pequeño prendedor que cayó en la hoja donde la rana estaba sentada.
La rana no quiso cantar más aquella noche y se acurrucó al lado del prendedor para dormir. Estaba triste y lastimera y lanzaba grandes croares al aire mientras miraba la luna, y fue en uno de esos croares cuando miró de cerca el prendedor, con una cabecita rechoncha de color rosa esmaltado que brillaba bajo los rayos lunares.
—Si fueras princesa te adoraría cual súbdito de palacio, si al menos me mirases de forma distinta a como me miran las demás…—hablaba más para sí que para el prendedor la rana.
Y de esta forma se quedó dormida, acurrucada en su hojita con vistas a los grandes juncos del río, y mientras dormitaba pensaba en el prendedor y en que algún día encontraría una princesa.
Despertó bajo los primeros rayos del sol y se encontró a escasos centímetros la cabeza del prendedor. Volvía a relucir, era tan elegante, tan pulcro y bello, que por un momento se sintió atraído y le dio un pequeño beso.
Y para su asombro, vio cómo aquel prendedor de cabeza esmaltada brillaba con una fuerza inusual y crecía a ritmo armónico, de forma lenta pero continua.
Se empezó a entrever unos pies diminutos y delicados donde antes estaba la punta, después unas piernas largas con una piel tersa y brillante sobre las cuales se agitaba violentamente una falda por debajo de las rodillas. Unas caderas anchas, unos brazos delicados y una cabecita suave y bella, con pelo largo rojizo, con pequeños bucles y ondas. Ante sus ojos tenía a una princesa.
Y si ya he mencionado anteriormente que la más bella transformación del mundo es la de la rana en hombre, es porque no conocía la del prendedor en princesa, aquella había sido la mejor representación de la naturaleza humana, más incluso que el Sigfrido de Wagner.
Y para celebrarlo la rana se puso a cantar, no le importaba que fuese de día, pues este era un caso especial. Y mientras, la princesa -más bella e inteligente de cuantas había en el reino- miraba la rana sin pestañear, embelesada por aquel canto burbujeante y gutural.
Cuando terminó la canción, la princesa se agachó y le dio un beso, y así la rana cantora pasó a ser el príncipe cantor, y la princesa su mujer. Se casaron, tuvieron renacuajos-prendedores-principitos y la vida continuó, mientras que el príncipe cantor iba todas las noches a cantar ópera a la charca y la princesa, a contar la historia de la rana cantora…


 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   amable cuento
26-07-2007 12:03
Sí, es un cuento amable y gusta.

Un detallito, cuando dices:
"decía antes de empezar a entonar, y después comenzaba."

creo que sobra el "y después comenzaba". Es algo que se sobreentiende.

   Bonito
23-07-2007 10:25
Un bonito cuento, amable y sencillo, imagino que sin más pretensiones.

Y acaba bien, que es lo importante.

Muy agradable de leer.

   RE: Bonito
06-08-2007 20:09
Muchas gracias por el comentario, ya intentaré mejorar para el próximo cuento. Saludos desde londres :-)



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