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Traficantes de vanidades


Opinión

06-07-2007 18:39
Por: Akhul

Un breve artículo condensando las experiencias que desde hace algún tiempo he vivido con el mundo editorial. Corresponden a mis propias vivencias y no pretenden ser exhaustivas. No obstante, pueden resultar –creo- ilustrativas en algunos casos.


traficantes de vanidades
Al principio había pensado titular a esto “Traficantes de sueños”. Sin embargo, y después de darle muchas vueltas, creo que es mejor optar por lo de vanidades. Y lo hago apoyándome en dos premisas que, por supuesto, podemos ignorar o intentar desmentir. Son las siguientes:

Primera: Los escritores son vanidosos: si no lo fueran, no creerían que las cosas que escriben merecen ser publicadas. (Y lo digo en tercera persona por no machacar todavía más mi ego).

Segunda: Todos los seres humanos nos creemos más inteligentes de lo que en realidad somos. Aunque este axioma pueda parecer algo burdo, hay una prueba irrefutable: nos equivocamos. No nos equivocaríamos si fuéramos capaces de medir nuestra capacidad intelectual con precisión, ya que evitaríamos los problemas que nos rebasan. Pero, siendo francos, nos valoramos siempre a la alza.

En fin, fijadas las dos premisas con toda la ligereza que requiere un artículo de opinión, paso a aplicármelas.

Envalentonado por algunos éxitos menores en concursos y publicaciones y por los halagos sinceros y bien intencionados de algunos pobladores, el año pasado decidí intentar publicar una novela. Era la primera de una trilogía, y como ya tenía escrita la segunda parte, y todos los que habían leído el libro les había gustado mucho, decidí ponerme el mundo por montera y probar suerte en ese mundo que dicen imposible.

Le di un bonito repaso, escribí una carta de presentación sugerente y elegante, imprimí el volumen y lo encuaderné. Cogí el marcapáginas publicitario que había atesorado durante meses e hice llegar a la dirección que venía en éste el manuscrito. Entrelíneas se llamaba la editorial, y fue la elegida por un interesante decálogo (que os animo a leer pinchando aquí) en el que se advertía de los malos usos presentes en el sector.

Como ya había tenido algún contacto algo turbio en el sector, me dije que era una buena cosa optar por una editorial modesta pero honrada, y que prefería sacrificar posibilidades por apoyar un proyecto presentado con tal honestidad. Mi alegría fue inmensa cuando, tiempo después, me llegó una elogiosa carta anunciándome que estaban interesados en la novela.

Tenía alguna reminiscencia de otros autores del género, decían, pero también un gran interés literario y otras cosas con igual capacidad de sonrojarme –de orgullo en su momento, de vergüenza ahora que toca confesar-. Con esa emoción inigualable del que ve su trabajo reconocido por un extraño, concerté una visita con los editores y me desplacé hasta Madrid para verles, que desde Francia hay un trecho.

Trajeado como iba, pues aproveché para resolver otros asuntos, les debí parecer todavía más incauto que por teléfono, y una vez sentado en el despacho –un habitáculo minúsculo situado en pleno casco antiguo y con las paredes forradas de libros hasta el último centímetro- el editor decidió prescindir del resto de los preámbulos y me puso delante de las narices un presupuesto.

¿Un presupuesto? Por supuesto, me ahorré pensar siquiera que pudiera tratarse de un error. Directamente, le expliqué que no me interesaba pagar por editar, que no me parecía que fuera el papel del autor el sufragar esos gastos, sino del editor, a lo que él me contestó que eran una pequeña editorial y que no podían asumir riesgos. Bueno, si no hubiera sido por el decálogo –que había pasado de encarnar un símbolo de honestidad a convertirse en un ardid hipócrita a mis ojos- y porque aquel tipo no tenía pinta de haberse leído mi novela –ni ninguna otra, todo sea dicho-, quizá hubiera aceptado aquella explicación. Por el contrario, preferí retirarme con toda la dignidad ofendida que hubiera sobrevivido a mi decepción.

traficantes de vanidades
Así, le expliqué que no estaba interesado, que respetaba su elección pero que a mí no me interesaban esas condiciones teniendo en cuenta que ya había publicado y vendido trescientos ejemplares de El niño que bailaba bajo la luna en un par de meses. Aquello, como dijo el propio “editor”, ya era otra cosa, y siendo otra cosa, no hacía falta que le pagara nada por adelantado. El presupuesto… nos podíamos olvidar de él: si vendía x libros en los dos primeros meses, él se daba por pagado y yo saltaba directamente a beneficios. Sino, le pagaba la diferencia a los dos meses.

Dos meses, pensé, dos meses es el tiempo de margen que dan los impresores para pagar a los editores una vez entregado el trabajo. A esas alturas del día, no me parecía casual la propuesta ni el plazo. Ni tampoco muy apetecible. Supongo que esperaba encontrar a alguien dispuesto a apostar por mi trabajo, a arriesgar su dinero y no sólo pronto a decirme bonitas palabras.

El caso es que, si hubieran presentado el tema claro desde el principio, el negocio de Entrelíneas resultaría limpio dentro de lo que se encuentra por estos lares: ellos ejercen de intermediarios y se quedan una comisión (incluida en el presupuesto), pero los beneficios de venta de los libros van íntegros al autor. Son lo que se denomina una empresa de autoedición, aunque ellos siembren cizaña sobre éstas en su propio decálogo…

De todos modos, no era lo que yo tenía en mente, así que abandoné el lugar y la idea, y me decidí a probar fortuna con las halagüeñas palabras del “editor” resonando todavía en mi cabeza: la novela es buena, así que merece la pena que pruebes editoriales grandes; si te fallan, aquí estamos.

Editoriales grandes + de fantasía = Minotauro.

Sí, dejando claro una vez más que lo de la mesura no va conmigo, envié el manuscrito a la editorial reina del género. Y me puse a esperar.



(…)



Pasaron unos meses, y me cansé de esperar, así que les llamé por teléfono y, muy amablemente, me dijeron que los libros leérselos, se los leían, aunque les llevaba un tiempo.

Un mes después me llegó la respuesta. Y, bueno, mi manuscrito también. Una escueta carta en la que decían, sencillamente, que no estaban interesados acompañaba al libro. Ni gracias, ni inténtelo de nuevo, ni una explicación, ni una sugerencia, pero el libro me lo devolvieron pagado de su bolsillo. Fríos, demonios, pero correctos. Además, estoy convencido de que, efectivamente, se lo leyeron. Si no, ¿para que iban a esperar un mes entre mi llamada y el reenvío?

Después de este jarro de agua fría, decidí probar una vía alternativa, una vía de en medio. Contactaría editoriales más pequeñas pero de las que hubiera leído algo y, además, supiera que no hacían autoediciones. El equipo Sirius, mi primera opción, debió perder el texto en el traslado, pues no he vuelto a tener noticias suyas. Al menos, me explicaron eso, que les había pillado de cambio de oficinas. Con Ábaco Editorial fue distinto, muy distinto.

Ésta fue una editorial que se convirtió en una candidata estrella después de leerme El camino del acero. Este libro, para mí, encarna lo que todo buen editor de fantasía debería querer en su catálogo: una historia con carácter, que encarna lo mejor del género y permite disfrutar de la espada y brujería pero sin caer en tópicos, un autor nacional con una narrativa que no sabe de fronteras… Y, como podéis imaginaros, veía muy adecuado que mi novela compartiera estantería con la suya (sencilla combinación de las premisas uno y dos previamente expuestas).

traficantes de vanidades
Sin duda, fue un acierto que la enviara a Editorial Ábaco, y no porque la vayáis a ver próximamente en su catálogo, sino porque Adrián Bravo, su editor, es de las personas que se toman en serio este oficio. Sin maquillarme las cosas, me explicó por qué no iba a publicarme la novela, y aunque a ningún autor le resulta fácil aceptar las críticas a su trabajo, me bajé de la burra y acepté lo que era obvio –y lectores como Nachob pueden confirmar-: que la novela está verde todavía, que no es un gran libro para ser publicado.

No voy a ponerme a autofustigarme aquí, porque tampoco va este artículo sobre el libro, sino sobre las cosas que el libro me ha hecho encontrarme a lo largo del intento por publicarlo. Así, voy a pasar al último encuentro, al último escollo, el que encaré con una sonrisa de perro viejo que quiere seguir creyendo pero que, en el fondo, sabe que no conseguirá hacerlo. Y todo fue culpa de manheor.

Sí, culpa suya porque yo ya me olía de qué pelaje eran ésos de Nuevos Escritores. Se les veía a la legua. Fenicios, que diría un compañero de aquí de la página. Pero manheor, que es el entusiasmo personificado, me hizo dudar. Ya le había soltado toda la retahíla de consejos y advertencias que como abuelo Cebolleta me correspondía soltar –y sólo por el detalle ése de querer hacerle pagar la “maqueta” de buenas a primeras-, pero, al final, me dije que era un cascarrón, y que igual estaba prejuzgando. Y, todos lo sabemos, los prejuicios son muy malos. “Además”, me dije, “ya tienes el pdf con la novela lista, y sabes maquetar. ¿Qué podría ir mal?”

Así que lo mandé, y las cosas fueron todo lo mal que podían ir.

No es normal que una editorial se lea el manuscrito en una semana. Aunque la editorial fuera de tu cuñado, no se lo leen en una semana. La explicación lógica y razonable es que se no se lo han leído. Y cuando te aceptan algo que no se han leído, es porque esperan mucho beneficio. Y como no soy Reverte, desde luego el beneficio tenía que provenir de una fuente alternativa a mi fama y mis superventas. Esa fuente alternativa la llamaban, en Nuevos Escritores, la maqueta.

La maqueta, demonios, estaba fijada en 2500 euros, más o menos (ahora no tengo el contrato delante, pero sí la cifra que le dieron a manheor, que debía ser prima hermana de la mía). Teniendo en cuenta que la tirada era de 500 ejemplares, salía a cinco pavos de maqueta por libro. Lo más divertido era que el autor percibía 2,8 euros por libro vendido (el 20% de los 14 euros de PVP), por lo que había que vender el doble de lo que se editaba (¿¿??) sólo para no tener pérdidas.

Por muy surrealista que resultara el asunto, me forcé mantener una conversación telefónica con la mal llamada editora (timadora, a secas, creo que sería más apropiado como término), a lo que no ayudó el marcado acento inglés de la susodicha –pero, ¿alguien se lee los malditos manuscritos?- y poniendo esa voz cándida que todos guardamos en nuestro interior, le dije que no se preocupara, que yo maquetaría el libro. Aquello lo aceptó. Más complicado fue que me ratificara lo de vender el doble de libros que se publicaban para poder compensar sólo la maqueta (pues se suponía que ellos corrían con los gastos de producción y de marketing). La tipa tuvo la desfachatez de decirme, por toda explicación, que era muy optimista con las ventas que se podían obtener con mi novela, por lo que seguramente reeditaríamos muy rápido, y entonces no tendría que pagar “maqueta”.

Al final, me llegó un segundo contrato en el que la “maqueta” había descendido su coste a 1700 euros. Incluía, decían, el coste de la prueba de edición –que es de 20 euros según otra gente con la que he trabajado y con la que ellos se negaron a trabajar- y el montaje de la portada. Cuando les respondí que yo me ocupaba de la portada también, dejaron de contestarme. Supongo que ya no estaban de humor para seguir con un tira y afloja que, todos lo sabíamos, no nos iba a llevar a ninguna parte.

traficantes de vanidades
Quizá más escalofriante qué que alguien te pida más dinero del que podrás recuperar jamás por la edición de un libro, o que finjan que la maqueta cuesta 2500 pavos (más o menos lo que te pedía Entrelíneas por la edición entera del libro, aunque ellos tenían la decencia de dejar el 100% de las ventas al autor, que después de todo es el propietario después de haber pagado tanto), es el hecho de que, por ponerse mínimamente pesado, sean capaces de rebajarte 800 euros. ¿Tan grande es el margen de beneficio? ¿Tanto dinero ganan para poder anunciarse en diarios de tirada nacional?

Cuando terminé aquella llamada de teléfono con la señora Bordes (que el apellido también parecía de coña), tenía una enorme sonrisa dibujada. No sólo me sentía como una especie de periodista de investigación, sino que, además, tenía la impresión de haber encontrado las cuatro piezas más características del puzle de la edición: la pequeña empresa de autoedición –simples intermediarios-, el frío titán –correcto, pero distante-, el pequeño editor de verdad –que para mí se erige en sinónimo de criterio y calidad- y los timadores -¿realmente pica la gente?-.

Sí, supongo que sí. En realidad todos tienen que contar con ese elemento que tan poco nos gusta ver en el espejo, porque todos son traficantes de vanidades. Sin embargo, su misma existencia denota que se puede ejercer el oficio –hacer libros, finalmente- con estilos muy distintos.

Por mi parte, ahora sé a qué atenerme con ellos. Con cada uno de ellos. Como se suele decir, siempre ha habido clases y clases.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Histerias
11-09-2007 18:59
El martes dieciocho de septiembre tengo una entrevista con los de entrelíneas, viendo tu artículo y otros que hay similares por la red, ya sé lo que voy a recibir, así que tras mi negativa, aprovecharé el viaja a Madrid para dejar el escrito en otras editoriales. Un gran artículo el tuyo, por cierto, ya os contaré qué me han dicho, aunque dudo que aporte algo nuevo. La carta que me enviaron me sorprendió porque en ningún momento hacen crítica negativa, sino que tras la alavanza (creo que leen los manuscritos pero por encima) ya sugieren la publicación y presentación de la obra, como si no hubiera errores, o aspectos a corregir. En fin, por lo menos ya sé a lo que voy, la vanidad quedó derramada por el camino y así será más difícil engañarme. Para pagar tu propia publicación siempre hay tiempo, creo.

   Traficantes de vanidades
07-09-2007 21:51
¡Que penurias has pasado Akhul!

Pero a final de cuentas; todo esto te dejo una gran experiencia en tu vida... Como tu lo mencionas al final de tu articulo:

"Por mi parte, ahora sé a qué atenerme con ellos. Con cada uno de ellos".

Y efectivamente; hay de CLASES a CLASES!!! Afortunadamente.

Salu2 y continua siempre adelante, sobre todo, en la adversidad.

   Vanidad de vanidades
21-07-2007 14:17
Gracias por compartir tu experiencia. Desde lo que al menos yo conozco, creo que has acertado de pleno con la forma y el fondo a lo hora de tratar el tema.

Por centrarme en las dos premisas con las que encabezas el artículo, tal vez podría comentar lo siguiente. Veamos, supongo que una cierta vanidad es necesaria en un escritor. Eso sí, en pequeñas cantidades; porque ya se sabe, un poco de vanidad cunde más que el más concentrado de los lavavajillas.

Por otra parte, todos nos equivocamos. Y se aprende más de los errores que de los aciertos. Teniendo en cuenta estas dos premisas, se puede deducir que no hay mejor manera para comprobar el estado de intoxicación de nuestra vanidad en sangre que equivocándonos. Lo que no te mata te hace más fuerte. En todo caso, a veces me pregunto si de verdad es necesario escribir fantasía cuando la realidad (la que reflejas en tu artículo, por ejemplo) supera a la ficción.

Un saludo para todos.

   RE: Vanidad de vanidades
03-08-2007 10:45
Gracias por el comentario, compañero. La verdad es que sí, a veces da la impresión de que la fantasía no llega al grado de absurdo de la realidad. Quizá por eso nos guste...

Y sí, coincido en que la vanidad es necesaria en el escritor. Sino, ¿qué nos motivaría a escribir? Grandes escritores se hubieran perdido si hubieran sucumbido a la modestia o a la vergüenza

   Es triste de decir...
20-07-2007 10:57
En primer lugar, quería decir que es verdad: los escritores son vanidosos. Yo todavía no me considero uno, sólo un juntaletras, y ya lo soy.
Por eso es fácil aprovecharse de nosotros y vendernos la moto. Con una palmadita en la chepa meneamos el rabo cosa mala (qué mal ha quedado) y hacemos oídos sordos al sentido común. Gente como Entrelíneas, Nuevos Escritores y similares, lo saben y lo aprovechan. Lo he sufrido en mis propias carnes igual que tú. Zanahoria y palo. Airean las virtudes de la obra, muy por encima, eso sí, y después te dicen lo mal que está el mundillo de la edición, sobre todo para escritores nóveles. Y luego añaden que lo que ellos te ofrecen es lo mejor que vas a encontrar y que, además, está lleno de ventajas: controlas el producto, tomas decisiones, obtienes un rendimiento económico superior... ¿qué te voy a contar que no hayas contado tú ya? Lo peor de todo es que, si no andas con pies de plomo, a lo mejor te lo crees y picas.
Porque eres vanidoso y porque cuando llegas hasta ellos has ido rebotando de editorial en editorial sin que muchas de ellas se hayan molestado en darte una miserable respuesta.
Lo mejor que puede hacerse, desde mi punto de vista al menos, es seguir intentándolo. Las editoriales pequeñas y medianas son un buen punto de partida y hay mucho (cada vez más) donde escoger: tienes Abaco (que responden y con fundamento, como ya has visto), AJEC (el tipo de Urnas de Jade del adelanto para el segundo semestre del 2007 soy yo, mírame, después de rebotar durante más de un lustro), Vórtice, Párnaso, Jaguar, Mandrágora (de las más recientes) y un millón más que se pueden encontrar en la red.
Y si cada vez que una de ellas te rechaza y apunta las razones por las que lo hace, pues mejor (es un decir). Se lo han leído, lo han valorado y te han hecho una crítica fundamentada en un conocimiento del medio literario. A lo mejor te sirve para pulir la novela o a lo mejor no, pero ahí está.
Desde luego, los escritos que se quedan en el cajón de la mesilla no los lee nadie. Y todo esto va de que te lean, aunque luego no les guste. ¿No es verdad?

Un saludo a todos. Siento haberme alargado tanto. Estas cosas me cabrean. Mucho.

   RE: Es triste de decir...
03-08-2007 10:36
Muchas gracias por tu comentario, dStrangis, y sobre todo por la lista de editoriales que merecen la pena. Menos mal que existen iniciativas así, dispuestas a arriesgar y jugarse los cuartos. Desde luego, desde mi lado escritor las tendré en cuenta, pero también como lector, ¡demonios!

Y enhorabuena. Esperaré impaciente a que se publique tu novela. Avísanos cuando salga :-)

   Muy interesante...
18-07-2007 08:51
...y de una gran ayuda para todos los autores que empiezan, para que no se dejen engañar por vendedores de humo (que no pueden definirse como "editores") que sólo quieren su dinero y no les preocupa lo que editan.
Una lástima que exista este tipo de timos, la verdad, pero como bien dices, debe tener relación directa con el ego de las personas. :-(

   RE: Muy interesante...
03-08-2007 10:26
Gracias por el comentario, Santi. La verdad es que es una pena este tipo de actividades, sobre todo porque también repercuten negativamente en los lectores... En fin, paciencia y atentos a los arrecifes, supongo.

   Vaya panorama
17-07-2007 21:51
Interesante artículo. Muy útil para hacerse una idea de cómo está el mundo editorial. Disuasorio para los entusiastas imprudentes y alentador para los tercos incurables ;-) ;-)

Un saludo.

   RE: Vaya panorama
03-08-2007 10:22
Gracias por el comentario, Dersu. Yo también soy de los tercos incurables :-)

   La odisea de publicar
10-07-2007 11:06
Menuda historia nos cuentas. Ya veo que es una odisea publicar un libro, aunque nunca me he hecho ilusiones a este respecto. Realmente parece difícil entrar en ese mundo si no es por calidad y por encontrar la editora adecuada. Desde luego hay que andarse con cuidado...
Ah, te deseo ánimos para el futuro.

   RE: La odisea de publicar
13-07-2007 10:06
Y yo a ti, compañero. Espero que algún día también publiques en papel, porque creo que eres un autor que merece la pena ser leído. Ya iremos aprendiendo los entresijos de este camino. Es cuestión de paciencia...

   Me pasó algo parecido
06-07-2007 19:03
Otra editorial al estilo de "Nuevos escritores", sólo que yo mandé un relato para ver qué opinaban.
Lo leyeron, porque comentaban ciertos aspectos del relato, así que era imposible que no lo hubieran leído. el relato en cuestión era "Un clavo en la encía", así que incluso me creí que les gustase. Pero amigo, ¡me cobraban una fortuna por la edición (unos dos mil eurazos, como en tu caso)! ¡Y era un relato!

PD: ¿¿¿???

   RE: Me pasó algo parecido
13-07-2007 09:47
Francamente alucinante. He leído "Un clavo en la encía" y es bueno, pero ¡¿es que pensaban hacer un libro de 10 páginas?! ¡¡¿por 2000 euros?!!

Lo más triste es que, si proponen estas cosas, es porque hay gente que entra a trapo...

Gracias por el comentario, compañero

   RE: Me pasó algo parecido
07-07-2007 00:40
También en nuevos escritores me la querían publicar a mí, me llegó el mensaje hace un par de meses y sí también me cobraban 2000 eurazos. Qué les den. Akhul thanks por el artículo ;-) creo que será una gran ayuda para todos.

   RE: Me pasó algo parecido
13-07-2007 09:45
manheor dijo:
Akhul thanks por el artículo ;-) creo que será una gran ayuda para todos.


Gracias a ti, compañero. Fue una experiencia interesante para los dos, creo, y tampoco nos lo pasamos tan mal :-) Además de lo que aprendimos con la información recopilada... Quizá algún día hagamos otro artículo más detallado, ¿no?

   RE: Me pasó algo parecido
07-07-2007 00:50
manheor dijo:
También en nuevos escritores me la querían publicar a mí, me llegó el mensaje hace un par de meses y sí también me cobraban 2000 eurazos. Qué les den. Akhul thanks por el artículo ;-) creo que será una gran ayuda para todos.


Y, aunque ya te lo dije, reitero mi SORRY por la desilusión, ya sabes que soy el entusiasmo hecho hombre o cosa ;-)

   cómo está el patio
09-07-2007 12:26
yo la verdad es que hasta hace poco desconocía cómo funcionaba el mundillo este de las editoriales y los autores noveles, pero con este y otros artículos y en el foro tambien, ya veo el circo que hay. Situaciones tristes y lamentables, pero también motivadas por la gran cantidad de autores que hay, y evidentemente no hay sitio para todos. Pero lo que está claro es que se intentan enriquecer con la buena voluntad de los jóvenes autores. Yo no suelo escribir historias, pero desde luego que si lo hiciera se me quitarían las ganas en parte de soñar con mi propio libro

   RE: cómo está el patio
13-07-2007 10:04
Sí, la verdad es que es un problema complejo y grande, sobre todo por el modelo editorial que tenemos. En Estados Unidos, por ejemplo, la autoedición es un negocio distinto. Mark Twain, por ejemplo, se autoeditaba sus novelas porque creía en su trabajo (creo que, a pesar de todo, quebró dos o tres editoriales por el camino).

Aquí resulta más rentable publicar lo que sea, bueno o malo, haciendo que el autor afloje la pasta que apostar por los nuevos talentos. Parece que los concursos literarios son una de las pocas salidas.

Aunque bueno, todo esto irá cambiando, estoy seguro. Iniciativas como la de la editorial Mandrágora, de la que en breves os comentaremos más, abren nuevos caminos.

   Todos estamos en ello
09-07-2007 10:47
Poco que decir del artículo. Gracias por compartir la experiencia

Salvo que todos estamos en ello. Al menos, el disfrute de la creación no nos lo puede quitar nadie. El resto, es cuestión de un poco de tiempo y un poco de suerte...

Yo, por eso, me voy a autoeditar. Es un regalo que me hago. Y puede que en alguna playa, en algún momento, vea a alguién con mi libro, y entonces, sabré que es uno de vosotros... ;-)



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