|CINE Y DVD| VIDEOJUEGOS | MÚSICA| LITERATURA | COMICS | MANGA|TECNOLOGÍA|TIEMPO LIBRE
|    DRAGONMANIA     |   Juegos de rol   |   Miniaturas   |   Juegos de cartas   |   Literatura  
| Publicidad | Concursos | Foros |
  Noticias |  Reseñas |  Fantasía |  Ficción |  Terror y Suspense |  Poesía |  Otros Relatos |  Opinión |  Ranking |  Actividades |  La Galería |  Juegos para tu móvil |  Tienda Libros

El muerto II


Terror y Supense

26-07-2007 18:58
Por: Variwell

Final de esta singular aventura posterrenal

Siempre tirado en el piso, escucho el sonido de los altos tacones de madame Ivone perdiéndose apresurados escalones abajo. En tanto, Roldán, ya repuesto, se arrodilla cerca de mí y siento que me palpa la yugular, al tiempo que me observa con aire ausente, mientras procura asegurarse de que efectivamente estoy muerto; la mariposa presta para rematarme por si no.

Entonces, noto cómo súbitamente cambia la expresión de su rostro, al comprobar con espanto la última posibilidad, pero antes de que me vuelva a apuñalar le quito la cortaplumas y se la entierro en la parte baja de la holgada panza. Al hacerlo, siento que mi mano se empapa de un líquido viscoso que sé que es sangre, pero huele a licor barato, al tiempo que me incorporo de golpe, me echo encima suyo y procedo a taparle la boca con la otra mano disponible, antes de que alcance a dar un grito que pueda poner sobreaviso a la mujer. Después, sin piedad le revuelvo la hoja en los intestinos, mezclándose la sangre con sus heces.
Roldán es el que esta vez se queda boquiabierto mirando la nada del techo envejecido. Y sorprendido, como supongo que estarán ustedes, porque en sus últimos momentos no logra comprender por qué yo no estaba muerto, dadas las certeras puñaladas que me había asestado, y que habrían matado hasta a un toro.

Bueno, la verdad es que siempre he estado muerto. Esa es la explicación. Y quizá no venga a cuento, pero para aclarar aún más las cosas, debo decir que cinco años después del asesinato de mi padre, y presa de una profunda depresión que jamás me permitió levantar cabeza, desesperado, una noche cogí el carro y salí a correr por la carretera, como un poseso. Recuerdo que, mientras serpenteaba con amargura las peligrosas curvas que recorren los acantilados y cerros de Tíndar, dándome igual si en el siguiente viraje me volcaba y me mataba, sólo tenía una cosa en mente: vengar la muerte de mi amado padre. Con los ojos llenos de lágrimas, imploré a todas las almas de los difuntos, monstruos y demonios que existieran –al precio que fuese– que me permitieran conocer el día de la venganza.
Mi conclusión es que mis ruegos fueron escuchados. No me pregunten cómo fue posible; sólo sé que pasó. Como sea, la cosa es que puedo desplazarme entre los vivos, parecer uno de ellos y actuar como cualquier mortal. Puedo sentir dolor o placer –hace pocos minutos, al apuñalarme, Roldán me dejó bastante en claro que dolor puedo sentir, y mucho–, e incluso puedo adoptar formas o apariencias de otros. Lo que me da una idea.
Porque, amigos, parece que aún falta que alguien pague sus crímenes, ¿verdad?

tech
Se siente bastante raro caminar más lento y pesado de lo que usualmente acostumbro. Mientras lo hago, tengo la permanente sensación de que en cualquier momento, por cómo rechinan bajo mis suelas, las viejas tablas del piso pueden ceder, dejándome atrapado. Incluso, me pregunto cómo este viejo puede haberse desplazado a todas partes portando un abrigo que pesa tanto.
Como sea, madame Ivone, a quien me encuentro en la sala de abajo, no parece haber notado el ardid. En tanto, me dedica una sonrisa que poco disimula su preocupación. Además, es comprensible que su mente esté ocupada con otros pensamientos.
—No te preocupes —le digo, sorprendiéndome yo mismo de que la voz me salga igual a la del Roldán original. Sólo detesto el tabaco que arde en su pipa, a la cual le di algunas caladas para parecer más convincente—, yo limpiaré el desorden allá arriba.
Madame Ivone asiente; luego baja la cabeza y se apoya en la mesa del comedor, observando pensativa las llamas que crepitan en la chimenea.
—Tal vez no debiste matar a ese chico —me dice algo arrepentida, en tanto me sitúo a su espalda.
—¿Es que no lo comprendes, mujer? —le increpo, tomándole ambos brazos con fuerza y sacudiéndola brevemente—. Sabía demasiadas cosas sobre nosotros. Y yo no estaba dispuesto a permitir que un pobre infeliz viniera a chantajearnos, en nuestra propia casa. El se lo buscó.
—Supongo que tienes razón —me dice ella, apegándose con familiaridad a mi cuerpo, haciéndome sentir de paso el delicioso contacto con sus nalgas morenas, tan recorridas por tantos hombres, escasamente abrigadas por la bata de seda transparente y negra que se puso a la carrera, cuando salió al patio a encender la camioneta. Ignora por completo que el Roldán que ella siente a sus espaldas en realidad es otro, y que el verdadero se encuentra allá arriba, tan tieso como una estatua.
Debo admitirlo. No puedo evitarlo, pero me excito sobremanera al estar tan cerca de ella y de su piel culpable. Tanto, que me sorprende que algo en mi bajo vientre se ponga duro y enhiesto como un cirio. Hasta la misma Ivone parece sorprendida y se voltea, brevemente. Pero luego abandona la idea. Porque sigue siendo la misma mujer bella, calculadora y ambiciosa de hace quince años.
—Ve a deshacerte del cuerpo —me ordena casi susurrando, con voz que denota cansancio, propia de la que está acostumbrada a ver cumplidos sus caprichos con un leve gesto. Y la verdad, supongo, es que Roldán en vida debe haber sido un tipo muy duro, pero tratándose de la hembra que tenía para sí, no creo que alguna vez se haya atrevido a discutirle. Pobre infeliz.
—Hay tiempo —le digo empero, sin perder en ningún momento el timbre de voz arrastrado del viejo. Entonces, madame Ivone se vuelve completamente y me mira, aflorando en sus ojos la expresión cruel de la mujer que no soporta que la contradigan.
—¿Cómo que hay tiempo? —me inquiere, enérgica—. ¿Quieres esperar a que amanezca para deshacerte de ese cadáver?
Yo, en lugar de ponerme agresivo, procuro mostrarme cariñoso, y apoyo mi mentón en su cuello, al tiempo que le hablo a la oreja y le cojo la estrecha cintura con las manos gordas y grasientas. Su pelo, en contacto con mi cara, me llena de un perfume que hace perder los sentidos. Sólo entonces, la mujer nota que mis manos tienen sangre fresca.
—Pero, ¡qué haces! —intenta librarse de mí, pero yo insisto aferrándola con firmeza esta vez—. Me estás manchando toda con la sangre de ese estúpido.
—¡Escúchame, mujer —le digo, endureciendo la voz y sometiéndola contra su voluntad, algo que tal vez madame Ivone esté presenciando por primera vez en su vida. De este tipo, Roldán—, acabo de matar por ti y creo que merezco una recompensa! —Luego bajo el tono, para resultar más persuasivo sin necesidad de tener que llegar a la violencia, pues en su mirada advierto el temor de que este Roldán es muy distinto del que ella conocía antes de producirse el conato allá arriba. Este Roldán parece capaz de cualquier cosa—. Vamos, mi amor. Sólo será un ratito corto. Sabes que nunca me demoro mucho.
—Estás actuando muy raro —me dice ella, ceñuda, sin dejar de mirarme, al tiempo que desliza una de sus manos hacia mi bragueta y comprueba lo dispuesto que estoy. Luego sonríe, entusiasmada, aunque sólo está fingiendo, la muy puta, porque sabe que este Roldán podría hacerle daño. Está consciente de que mató a un muchacho que era la mitad más joven y supuestamente el doble más fuerte que él, así que no le costaría nada sacar la mariposa de su abrigo y apuñalarla, con lo que todo lo que ha logrado en estos años se perdería. O sea, madame Ivone ha resuelto que sí, que es mejor concederle el deseo al esclavo antes que ser asesinada por éste. Luego encontrará una forma de deshacerse de él también—. ¿Y esa herramienta, mi amor? —Al decir ésto cierra los ojos y se lame los labios, ladina—, hacía rato que no estabas tan duro.
Así que, cerrado el pacto de amantes asesinos, la empujo con contenida violencia sobre la mesa, extraigo mi sexo, le apartó la bata, luego la delgada tanga y la poseo con prisa, aunque me cuesta abrirme paso a través de una carne que me recibe inhóspita, rígida y seca.
La mujer se queja evidentemente indignada, primero porque es natural que le duela ser penetrada sin haberle dado tiempo suficiente para que se humectara, y segundo porque si ha permitido tal cosa, es sólo porque pretende salir viva de todo ésto. De todas formas, sus frustrados gemidos me llenan de placer, así como la visión de su larga cabellera negra, agitándose al compás de una música en la que yo y sólo yo marco el ritmo. También disfruto la sensación de poder que me otorga estrecharla a mí con esas manos asesinas y sebosas. Hacerla mía, muy a pesar suyo.
—Es... pera —suplica volviéndose, la respiración comenzando a aumentar con cada febril embestida—. Me... me estás haciendo daño. Termina de una maldita vez.
La oigo exhalar un exasperado bufido de dientes apretados. El buen Roldán nunca la habría tratado así, con tanta descortesía. Prácticamente la estoy violando.

tech
—¡Mi amor, por favor! —insiste, forcejeando para liberarse. Decidídamente es más de lo que puede tolerar y ya le da lo mismo lo que pueda pasar; incluso si este Roldán que la embiste con tanta desaprensión llega a enojarse—. ¡Ya basta!
Pero, en uno de esos histéricos forcejeos me hunde las afiladas uñas en una mano, y entonces nota, sin entender qué diablos está ocurriendo, que aquella mano de hombre es mucho más tersa y delicada que la del viejo Roldán, pero a la vez firme como una garra. Otra recia embestida en sus carnes mestizas, producto de la rabia que me ha producido su arañazo, la desconcentra y le hace sacudir la abundante y perfumada melena, cuyo aroma –aunque dulce– ahora despide sólo cólera.
Y entonces me mira y un gemido de verdadero espanto se le ahoga en la garganta.
—¡Tú! —exclama fuera de sí, a la vez que trata de liberarse con todas sus fuerzas de mi tenaz asedio; fuerzas que aumentan por el terror de comprobar que todo el tiempo ha sido engañada.
Mientras la poseo como un salvaje, sé que ella se pregunta cómo ha sido posible tal engaño, pero no logra entenderlo. Y por mucho que lo intenta no logra zafarse de mí, y entonces se desespera y agita como una histérica. No puede comprender cómo, el mismo tipo al que se suponía Roldán había matado a cuchilladas allá arriba, ahora se encuentra tomándola como a una vulgar callejera.
En eso, le aferro la garganta con la mano derecha y comienzo a apretar, muy despacio, pero con presión sostenida.
—¿Q-quién... eres? —me pregunta madame Ivone con voz sensual y delicada, consciente de que está vencida y que sólo hacerse la víctima puede darle alguna oportunidad, en tanto empuja sus nalgas hacia atrás como una potra en celo, ladina, tratando de distraerme de mi verdadero objetivo—. ¿Por qué... haces ésto?
—¿Por qué? —le repito—. Porque gracias a ustedes mi alma no descansa. Porque arruinaron mis sueños y mi vida. —Entonces, le hablo muy cerca de la sugerente boca brillante de rojo, casi besándola, pero al mismo tiempo lleno de ese rencor que corroe mi alma—. Ahora dígame señora, qué se siente saber que va a morir y que irá al infierno. Adiós.
Y acto seguido, con ambas manos incremento la presión en torno a su garganta, ahorcándola. Ella se agita llena de desesperación. Me araña, tratando de apartar mis tenazas de su cuello, pero es inútil. Un decidido apretón le hace perder el aliento y entonces sobreviene la antesala al final. Se da cuenta de que está perdida. De que morirá. Quisiera ver sus ojos traicioneros en estos momentos; su sorprendida mirada, la de una arpía que no puede creer que ésto le esté pasando. Que pagará el crimen que cometió.
—Perdó... name —suplica verdaderamente arrepentida, lágrimas brillándole en los maquillados ojos—. Piedad... No quiero... morir... Nooo —es lo último que alcanza a decir, porque después la voz se le pierde entre vocales ahogadas, mientras la empujo con violencia sobre la mesa, que se estremece, volcándose el florero con las flores marchitas; indiferente yo ante los denodados e inútiles manotazos que ella da; afiladas uñas que rasgan el mantel, ciegas de aire, y me descargo entre sus carnes, experimentando un placer que nunca antes había sentido con otra mujer. En tanto, la ahorco con todas las fuerzas de que soy capaz, escuchando con un deleite inhumano los sorprendidos y delicados “ah, ah, ah” que provienen de su boca abierta de par en par... hasta que logro silenciarla para siempre. Entonces, sus brazos caen sin gobierno sobre la mesa, las manos crispadas, y su melena azabache deja de agitarse.

Madame Ivone, la cruel mujer que quince años atrás, junto a su amante urdieron el asesinato de su madrastra –miss Flowers, una indefensa viejita que a nadie le hacía daño–, para quedarse con su casona, y que en la misma accidentada noche después mataron a mi amado padre –Luis Grijalbo–, para mantener a salvo su siniestro secreto, han recibido su merecido castigo. Ardan ambos en el infierno.
Pero, semidesnuda y ultrajada, repleta del semen de un desconocido que resultó mortal para sus pretensiones, a medias depositada sobre la mesa de su propio comedor, servida como el plato central de un banquete de destrucción, la mujer sólo sabe que está muerta; aunque sus ojos abiertos, que miran la nada entre sus transpirados cabellos, parecen preguntarse por qué.

La mañana en Tíndar se presenta en forma de nubes cargadas con tintes azules y rojizos, cubriendo un inmenso cielo, silencioso testigo de los frenéticos afanes de una noche de venganza y muerte. Los pescadores, ignorantes de lo que ha pasado, como de costumbre preparan las redes entre risas y animadas conversaciones, y de seguro ya comienzan los rumores acerca de qué habrá pasado con la bella madame Ivone y su amante, Lizardo Roldán, que no aparecieron por el mercado esta mañana, como de costumbre. Pronto descubrirán –en especial las “niñas alegres” que trabajaban en la vieja casona de dos pisos y murallas rojas— que jamás volverán a verlos; aunque más de alguno dirá que tal vez sólo se fueron de viaje, pues la camioneta del viejo tampoco está.

Ahora que he regresado, mientras desde los acantilados observo la inmensa franja de azul que se pierde en el horizonte, y escucho el estruendo de las olas chocando contra las rocas, señal de que es el sonido del tiempo, que todo lo desgasta, me contesto que tantos años de ausencia sí valieron la pena.
Porque he vengado la muerte de mi padre.

 



El contrincante
El contrincante
Precio: 20,00 €
 Imágenes
tech

 Vota este artículo


 Recomienda
 Emails separados por comas
| Formato imprimible |
Comentarios Votos Estrellas
6 7 ****
 
 
COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Ey
11-08-2007 22:09
Poco tengo que añadir a lo dicho por Akhul, lo cual suscribo casi en su totalidad; te hablo ya, en general, puesto que me ha parecido, sino brillante, muy bueno, sin duda, tu relato. No tengo mucho que añadir, y además, hoy estoy espeso.

Una sonrisa.

   RE: Ey
28-08-2007 20:26
Gracias, Darthz, muchas senkiu, je. Creo que son las primeras cosas que hago en este rubro, así que al parecer no partí tan mal, así que me motiva para volver a escribir algo que de nuevo te deje acostarte con la luz prendida, je, je. Un abrazop.

   Sórdido en extremo
09-08-2007 10:09
Brother, muy siniestro el relato, sí, pero extremadamente bien llevado. Buen ritmo, buena intensidad, buena redacción. Lo único que me ha chirriado es cuando el narrador hace la pregunta retórica al público. Creo que sobra totalmente.

Por lo demás, he sentido la angustia en mis carnes, el horror de la venganza más allá de la moral, más allá de la justicia. Muy conseguido, sí, señor, muy conseguido. A ver cuándo nos deleitas con el próximo.

   RE: Sórdido en extremo
28-08-2007 20:24
Caramba, brother, gracias por echarle una leída, lo considero un honor, de veras, y también celebro que hayas regresado de tus vacas. Bueno, aquí como ves, estoy tratando de volver a publicar como antes.

   Bien pero menos
26-07-2007 19:02
Sigue siendo un gran relato en lo que se refiere al estilo y forma, magnifico en los dialogos y el ritmo.

Sin embargo me parece más atropellado que la primera parte, probablemente por la necesidad de crear un climax final (a lo mejor la lectura en dos partes no ayuda), y en cuanto al argumento me ha parecido menos original de lo que esperaba, e incluso un poco duro para lo que cuenta.

No lo he visto tan redondo como la primera parte, sino más visceral.

Aún así lo he votado con 4* valorando el conjunto y la forma.

Un saludo.

   RE: Bien pero menos
28-08-2007 20:20
Em, tienes razón, lo mejor es publicar un cuento de una y no en dos partes, porque se pierde el efecto de unidad, pero qué le vamos a hacer, creo que no se podía por el largo del texto, por eso tuve que dividirlo. Igual gracias por pasarte. Un abrazop.



Otras webs de Planeta Ads Network:

MANGA - TIEMPO LIBRE ULTIMAS NOTICIAS - LANETRO | FORMACION A DISTANCIA - CEAC | CURSOS DE INGLES - HOME.ES | NOTICIAS MADRID - ADN | CRUCEROS - OCIOCRUCEROS | FOTOGRAFIA - CONOCIO | HOTELES - MUCHOVIAJE COLECCIONABLES - PLANETA DeAGOSTINI | LIBROS - e-DEUSTO |

Publicidad: Long Island Families - Car Accident Attorney Los Angeles - Secured Loans - Loans - Internet Advertising
Copyright Ociojoven Networks Publicidad Sobre nosotros Pobladores Aviso legal Trabaja con nosotros