Un juego de equívocos: Miller y la libertad |
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21-08-2007 18:11
Por: manheor
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Reflexión sobre el genio norteamericano acerca del análisis de una de sus obras maestras: “Give me Liberty”.
1995:
Viñeta1: En el margen derecho de la viñeta, que ocupa todo el ancho de la página y un quinto de su longitud, tres jóvenes negros se encuentran bajo el umbral de la entrada a una enfermería, de la que tenemos consciencia por un cartel desvencijado que reza “Inf rmary”. El primero de ellos lleva una chaqueta de cuero por la que asoma un medallón engarzado en una cadena gruesa y dorada, el retazo verde de una camiseta y su abdomen, profusamente vendado; fuma un cigarrillo que despide un hilo de humo serpenteante, que se pierde en el interior del edificio. A la izquierda de su espalda se encuentra un individuo con el brazo en cabestrillo, gorro de lana y abrigo marrón con el cuello forrado por un pelaje blanco, que abandona la estancia escondiendo sus ojos bajo unas gafas de sol. Apoyado contra el marco de la puerta, a la derecha del primer individuo, un joven adolescente vestido con un chándal verde, ribeteado por una franja amarilla paralela a su brazo, se aprieta el hombro izquierdo con la mano derecha, mientras la sangra mana incontenible, goteando por su antebrazo. Un globo blanco flota sobre su cabeza con las siguientes palabras escritas en su interior “Mataré joputa me pinchó”. Alejadas de las coloridas figuras, las paredes de un callejón, rematado abruptamente por un enrejado negro, se extienden por el margen izquierdo, coloreadas en una tonalidad verde y malsana que también tiñe a las figuras sin rostro que pasean cabizbajas por las aceras.
Cartela 1: Fue el 11 de marzo, el mismo día que fueron centralizados los bancos de inteligencia.
Cartela 2: No sé que significa eso, pero es lo único especial que tuvo el día de mi nacimiento.
Así, de esta manera abrupta e impactante comienza una de las mejores obras del genio de Maryland, en la que se profundiza en su mayor constante temática a lo largo de toda su carrera: la opresión del individuo y sus reacciones frente a una sociedad militarizada. En este caso, focalizando el protagonismo en una joven negra adolescente que responde al nombre de Martha Washington (Miller nunca se ha caracterizado por la sutileza en sus alegorías) llamada a integrar el cuerpo militar de pacificación al servicio del gobierno estadounidense, que responde a las siglas de P.A.X., Miller plantea una realidad futura de su país teñida por los conflictos étnicos, religiosos, económicos y sexuales que provoca una fragmentación total de Norteamérica en una pléyade de territorios regidos por la ley marcial impuesta por cada grupo paramilitar. Al contrario que en “Ronin”, que afrontaba el hecho futuro con una perspectiva menos creíble y fantasiosa, aquí Miller opta por un realismo crudísimo, del que sólo se sale algún diseño armamentístico de la corporación hamburguesera que combate con P.A.X por el dominio del Amazonas, y la existencia de jóvenes parapléjicos con poderes telépatas que controlan sistemas de armamento nuclear.
La obra avanza con rapidez vertiginosa por el cambio de situaciones y regímenes que atraviesa U.S.A por las fluctuaciones de grupos terroristas y tecnoreligiosos, y por las propias alternancias en el gobierno ocasionadas por un atentado brutal contra la Casablanca que se cobra la vida de la práctica totalidad del gabinete y que dejará a un joven demócrata, que ejercía de ministro de agricultura bajo las suspicacias de sus superiores fascistoides, con la seguridad de su cese inminente. El nuevo presidente intentará cambiar el curso de los acontecimientos, pero éstos acabarán desbordándolo precipitando el clímax de la obra a una lucha caótica y desesperanzada sobre la capacidad del hombre de superar sus errores y aprender de ellos.
Formalmente se trata de su obra más madura, compartiendo la sobriedad de recursos con joyas de su pasado reciente (el cómic fue publicado en 1991) como lo fueron “Batman: año 1”, “Ronin” o “El regreso del señor de la noche”. Antes de caer en los malabarismos exagerados del Miller actual (malabarismos que le han llevado a perder su eminente calidad como narrador en experimentos maniqueos y ególatras, aunque conservando su fuerza visual y evidente calidad artística, como lo son “Sin City”, “300” o “DK2”, obras en las que ha cedido a la confusión merced a su autocomplacencia y endiosamiento), su férrea disciplina y autocontrol de los recursos gráficos del cómic le permiten potenciar el impacto de la obra, merced al perfeccionamiento de uno de sus recursos más celebrados (el color plano aplicado con sentidos narrativos) en combinación con una paginación austera (cercana al gusto inglés por las viñetas ventana de grupos de tres en conjunción con las amplias, ocupando todo el ancho) que sólo usa recursos más complicados (por ejemplo en ese montaje inicial que abre el cómic en el que se repasan los diferentes estados y conflictos de la nación a través de un intervalo de diez años, anunciado con grandes cartelas con el número del año inscrito en el interior o los insertos periodísticos, escritos con admirable precisión y estilo)
El problema deviene, como casi siempre en Miller, de la ambigüedad de las conclusiones. Ocurría en el “Ronin”, en “El retorno del señor de la noche” y ocurre en este cómic (por no hablar de las obras modernas, pues la citada “300” defiende una tesis execrable escudándose en una mascarada que pretende hacerse pasar por lucha por la libertad, cuando no es más que vulgar propaganda y de peligrosos y nocivos paralelismos con la actualidad). Miller parece empeñado en querer convencernos que ante una acción represiva sólo cabe redoblar la violencia del régimen opresor para liberarse de su yugo. Es decir, ataca una tesis antiliberal con su sinónimo. Y esto, a menos a juicio de quién esto escribe, no parece una estrategia aceptable; el “ojo por ojo” va reñido con cualquier intento de negociación democrática. Esto no quiere decir que toda acción militar sea injustificada (es obvio que durante la Segunda Guerra Mundial, por poner un ejemplo conocido por todos, el esfuerzo bélico para derrotar al ejército alemán era completamente necesario dada la ideología que defendía el partido nazi), lo que quiere decir es que Miller parece apostar desenfrenadamente por la violencia como método resolutivo y eficaz contra el enemigo político o social.
Aún así, “Give me Liberty”, resulta una obra estimulante y que promueve a la reflexión, aunque las conclusiones extraídas entren en conflicto con las del propio autor. Lectura más que recomendada.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Opinion |
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30-08-2007 02:22 |
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Buen articulo. Coincido plenamente con la opinion de 300, resaltada ademas por la burda adaptacion cinematografica (aunque espectacular visualmente). Evidentemente, un autor indispensable. Muy buena redaccion aunque un par de puntos mas vendrian bien. Sigue asi.
DJ Le Bomb
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RE: Opinion |
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30-08-2007 10:30 |
Gracias por el comentario  , la verdad es que sí hay un par de despistes motivados por una revisión insuficiente por mi parte, los exámenes de Septiembre me tienen un poco atado  . Pero no volverá a ocurrir
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