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Un breve texto poético
Y me pregunté si acaso la Luna reflejada en el agua no es plata derramada. Y si no es cierto que hay veladas que, aunque mueran al alba, parecen para algo acabadas.
Ay, la marea, divina marea, musa de tantos poetas. Qué sería de mí si tu azul cara me encrucijara. Guardas más diamantes que la tierra, más traiciones que la guerra y más amantes que ignorantes creen que en tu noche de primavera una cruz la aguanta cualquiera.
¿De qué forma quieres abrazar a la Luna? Todo para en tu fondo marino atrapar su risa bruja que amainando poco a poco relajaba todo lo que ella amaba. Tu manto se va a salir del mapa si la sigues mirando tan guapa. Pero sí, pronto lo vi. Resulta que también la Luna baila y juega en la mar. Tiene un cordel extendido que esconde cuando ha amanecido y con el que ahora amarra, manejando con sus dulces garras, los veleros dormidos.
Sé que cada noche me piden las dos que derroche lo poco que tenga. Más ninguna tendrá mi rendición. No mientras me sostenga. Amigo, coge esa botella y deja en ella este mensaje: vuestra ausencia es mi perdición.
Se me encajaron los dientes en noches como ésta, y así aprendí una de las más secretas verdades: mi libertad se encuentra en los mares. Y por qué seguiría mirando estrellas. Y por qué en la arena aquella sí que sentía que el faro por mi elegía cuál era más bella. Ay, regocijo de mí que veía hasta mil sin hacerme heridas... Aunque nunca llegué a contar cuántas sobre el mar me robaban la vida.
Fue, cuando todo se iluminó, cuando en medio del silencioso clamor creí que oía tu voz en la profundidad de la orilla. Porque aquellas veces que sentí, lloré y reí con mi sombra escondido escuché tu voz como una oración sosegándome al oído. Dentro de mi corazón siempre oí latirte al son hasta que me dejabas dormido.
Y frente a ese mar tan infinito, hermoso y distante, de azul tan llenito y de olas que a solas robaban mi vida, lo haré. Enviaré la botella ante la Luna llena. Pero no lo olvides: la cuna de la Luna... No lo sé, te lo revelo, te lo confieso. Si el tiempo ahora se me detuviera, dime cómo pudiera esconderla entera, mi marinera, bajo tus besos.

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