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Una solitaria torre


Terror y Supense

30-08-2007 15:00
Por: Oicífide

¿Tienen su merecido aquéllos que cometen graves fechorías corrompidos por la avaricia?


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Fue poco antes del amanecer cuando se despertó sobresaltado. Pudo oír los gorgoteos de los palomos en el alféizar, incluso creyó captar el repugnante eco de un graznido. Aún latente, emergía de aquella pesadilla un ojo que le poseía por completo, con un brillo ausente y una poderosa fijación. El atormentador Sueño ya había terminado, por hoy.

Sentado sobre el blando jergón, sudando profusamente, sentía cómo le temblaban las extremidades. Esa noche había percibido la versión más terrorífica de aquel mal ensueño, no paraba de repetirse en las últimas semanas.

Ella dormía plácida, medio destapada. Le tocó la espalda, fría. La cubrió por completo con las sábanas. Adrine se movió, sin abrir los párpados, musitó algo ininteligible. Unos cabellos serpentinos y suaves cayeron sobre su mano. Era una sensación agradable. Cualquier roce, la mínima proximidad con aquel cuerpo, le proporcionaba una sensación gratificante, eléctrica. La envolvió, como si fuese un capullo de seda, y Adrine se quedó quieta, pegada a él.

Miró en rededor, buscando algo en la habitación. Posó su vista, tranquilizado, sobre una bolsa de cuero negro. No veía la mercancía que contenía, no importaba, era capaz de crear una ilusión vívida del objeto que descansaba en el estómago del zurrón.

Había sido duro reunir el valor y la iniciativa para llevar a cabo el robo, cuántas dudas les habían hecho replantearse una y otra vez la situación hasta que dieron con él. Había resultado ser un compañero muy indicado. Una mano de ayuda más que aprovechable y apta.

Habría podido ser distinto si no se hubiese fijado en Adrine. ¿Por qué con tanto descaro? Él se lo había buscado. Aunque no había sido agradable deshacerse de él, ni de los soldados, ni del niño que les había proporcionado las llaves. Pero fue necesario. A pesar de que sonase horriblemente.

Un plan elaborado, repasado una y otra vez. Parcheado cada defecto, con nuevos cambios. Remendando aquella incógnita urdimbre, acogiendo nuevos riesgos, perdiendo la poca prudencia que ambos tenían. Y les había salido bien. La bola había pasado al otro lado del tejado. Había rodado velozmente, deteniéndose en la cornisa, a escasos centímetros del vacío, de romperse en mil pedazos contra el suelo.

Aquella bola, alimentada con la pasión mutua, con la avaricia que les corroía, era más grande y pesada que nunca. Desechadas las cargas morales. Era una bola sucia, cargada de suerte, enriquecida en el aspecto material, con un núcleo cada vez más repleto de ambición y seguridad. No obstante la pesadilla continuó repitiéndose.

No todas las noches le asaltaba aquel sueño tan inquietante. Cada vez que aparecía una pupila opaca y tensa, con iris del color de las escamas de las truchas, envueltos por tinieblas, en perpetua solidez, escrutándole, sentía más angustia. ¿Qué significado tendría? No estaba desesperado, pero comenzaba a desesperarse.

Adrine se giró, pronunció algo. Esta vez una frase no demasiado perceptible. Quizás algo como “¿Qué has hecho?” Puede que estuviese equivocado. O empezaba a alucinar.

Se levantó. El suelo de madera era áspero, sonaban huecos sus pasos. Se acercó a la luz que entraba por la rendija vertical y tiró suavemente de la cortina. Poco antes, aquella pared le había parecido un muro negro marcado por una cicatriz. Una grieta que dejaba entrever una segunda dimensión, de la que emanaba el tibio y casi tangible fulgor blanquecino. El resplandor heliaco penetró en un haz mayor, y el foco de claridad impactó contra la espalda pálida de Adrine. Había vuelto a desabrigarse, dejando a la vista gran parte de su dorso. Sonrío y volvió junto a ella. Puso su mano en el tierno lumbago, otrora gris. Seguía frío. Pero los rayos del sol que irrumpían en el dormitorio chocaban donde su mano, formando un círculo amarillo.

Adrine se dio la vuelta, de sopetón, y le abrazó fuerte, sobresaltándole. Carcajeaba, mostrando aquellos dientes tan limpios, la boca sana que delataba rasgos de abolengo. No se sintió atacado. Ella solía gastar bromas semejantes. Ahora le presionaba con toda su anatomía, posada firmemente encima de él.

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-Te he dado un buen susto. -Ladeó su cabeza sobre el abdomen del hombre. La mano de los anillos acarició la mejilla de Adrine.

-Un susto de muerte. -Él sonrió.

-Ya te has vestido. Podías haberme despertado -enfrentó su cara con la del amante, apretando la barbilla contra el pecho abotonado.

-Me gusta verte dormir. No sabía que estabas burlándote.

-Acabo de desvelarme, sentí tu mano en mis posaderas. Una palma familiar. -Miró su mano derecha, tras soltarla del muslo de Adrine-. Tú también deberías vestirte. Hay que poner tierra de por medio.

-Ya estamos lejos. Muy lejos, cariño -volvió a dibujarse la reluciente sonrisa.

-Hay que alejarse aún más.

-¿Hasta dónde crees que llegaremos si salimos al alba? -Miraba hacia abajo, donde unos dedos estilizados, se hendían en el ojal de una camisa de lino.

-Espero que más allá de la cuenca. Sería bueno alcanzar las llanuras antes del ocaso.

-Piensas que la batalla de Buckhesse extenderá la guerra, por lo que dijo ese mamarracho en la bodega.

-No es el único que lo piensa. Los ejércitos del Engardo estarán apostados en las sendas.

-No harán registros.

-Nunca se sabe.

-¿Que pasa? Te veo más apático. -Volvió a enfrentar sus ojos con los del hombre, siguió hablando tras una pausa-. Me preocupas.

-Tranquila. En realidad estoy aliviado. Sé que todo está bien atado. -Cogió la cabeza de Adrine, apretando sus labios contra la nariz respingona-. Necesito dejar estas tierras atrás.

-Vamos, pongámonos en camino. Acércame los pantalones. -Adrine metió sus brazos en las mangas de una camisola que le llegaba hasta las rodillas mientras el hijo de los Kell se iba en dirección opuesta, al otro lado de la alcoba.

Había ocho, cargados con hatillos, armados a conciencia. En sus jubones, pertrechados sobre los arneses, lucían el blasón del Rey Engardo, con un fondo arlequinado en añil y negro. Portaban las herramientas, vestiduras y símbolos de batalla, sin duda. Un par mantenían las lanzas enhiestas, clavada la base en el terreno, ocupando todo lo ancho del camino, componiendo una desordenada barricada humana.

Uno bajito, de ojos saltones, se adelantó al grupo, dándoles el alto.

Adrine y el joven Kell detuvieron sus monturas. El soldado no pareció complacido, a juzgar por su rancia expresión. Clavando los ojos en el jinete de pelo largo y negro.
Los celos nacían de nuevo. Pero se contuvo. Un guerrero con barba de días encanecida se les aproximó, y al soldado de ojos de rana.

-No podéis seguir. Esta vía está cortada -debía de ser el sargento, el decurión, como se denominase en términos militares al líder de esa tropa.

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-La guerra no afecta a los Vados de las Cuevas, tenemos que cruzar las praderas, hacia el norte.

-No sois los primeros que pasáis esta mañana, ¿O qué os creéis? Tol mundo que viene por de onde venís vosotros, tira pa’l mesmo sitio, no os sintáis tan descorazonados. Tenéis que pegar vuelta y coger la senda de las Lagunas, aplicaos el cuento y tirad p’atrás. P’alante mejor que no os halléis si no queréis quedar en medio de la refriega -sujetó la brida del caballo de la moza, para hacerle recular mientras charlaba.

-Desconocemos esas veredas, es un poco tarde, cae el sol de cielo. ¿Hay paradas seguras por esas vías?

-¿Seguras? -El jefe de la patrulla se llevó un pesado guante lleno de dígitos al mentón, vacilando. Adrine y el otro ladrón callaron, expectantes.

-Hace un rato pasó un tiparraco. Lo mismo que vosotros decía: que la tarde se hacía, que si en caminos despoblados no era bueno meterse. Entós díjele yo, onde podía hacer alto. A diez o doce leguas, cruzando un campo de amapolas. -Dijo indicando hacia la lontananza, donde las copas verdegrises y redondas de unos árboles hacían sombra en los campos, bajo un plomizo horizonte. Adrine y Von Kell echaron un vistazo a la basta planicie-. Pues mirad, desde aquí verla no podéis, algo hundida ta y los árboles la tapan. Pero detrás de la foresta hay una torre. No se como de derruida anda....., pa echar un buen sueño vastarabos. -Adrine y su amante se miraron asintiendo, dieron media vuelta a las yeguas-. Ala, así vais bien, no hay pérdida. -El soldado volvió al grupo, recogiendo el casco de bronce que poco antes había dejado en el suelo de grava.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Buenos diálogos
12-10-2007 23:50
Lo mejor del relato, sin duda. También bueno el recurso del tipo que hablaba cortando palabras, le da frescura. Las descripciones me parecieron adecuadas. Sólo me rebota un poco la lentitud del comienzo, y creo coincidir con Nachob en que una poda de elementos podría haber dejado tu relato más conciso y directo. Es un buen ejercicio, aunque no me pareció tan tan de terror, pero eso no le quita mérito.
Un abrazop.

   RE: Buenos diálogos
07-11-2007 13:42
Ante todo, gracias por el comentario.

La próxima vez intentaré no generar elementos inútiles dentro de mis historias. Creo que ese consejo que me dais es acertado.

Un saludo

   Entretenida
05-09-2007 10:45
Me ha parecido un relato entretenido con buenas ideas y algún momento especialmente intenso.

Sin embargo, debo señalar algunos fallos que te pueden ayudar a mejorarlo.

Es demasiado extenso para lo que cuenta, incluyendo datos superfluos y situaciones que no aportan nada al relato ni al argumento, totalmente prescindibles y que lo lastran (por ejemplo el dato del decurion, o nombres y detalles que no dicen nada al lector).

Por otro lado en algunos aspectos resulta confuso. Recuerda que quien leemos el relato no tenemos ninguna idea previa de lo que va ni tenemos porque saber, intuir o presuponer cosas que aunque te puedan parecer obvias o claras, no cuentas. Por ejemplo el final me resulta extraño de entender, lo que me obliga a presuponer cosas que no sé si serán las que pretendías (sobre todo con el destino del personaje de la chica).

En tal sentido, una vuelta más a la estructura te podría ayudar, incluso separando con guiones el cambio de escenas y distinguiendo claramente la secuencia temporal del relato.

Espero que te ayuden estas pequeñas sugerencias, y pulas un relato que en general es bastante bueno. Espero leer más cosas tuyas.

   Agradecimentos y Respuesta
11-09-2007 12:32
Puede que la historia necesite unos pocos arreglillos esructurales. Aunque considero que el límite de 3000 palabras para el desarrollo de la historia me ha supuesto un handicap que no me esperaba

puede que te resulte un poco complicado entender la historia, pero no me he dejado detalles importantes en el tintero. De hecho, los detalles y datos que omito son inválidos a la hora de economizar palabras y hacer entendible el escrito

ejemplo: el final es corto, pero se puede sonsacar sin mareos de cabeza quien sobrevive al encuentro, a donde va a parar el tesoro robado, y cual es el destino del extraño

de todas maneras muchas gracias por tu opinión, crítica y calificación

un saludo amistoso

   Una ambientación original
30-08-2007 15:03
Para una historia de suspense que tiene algo de cuento de hadas, pero más sombrío. Me ha gustado, aunque en ocasiones deberías minimizar la redacción y no incluir tantos adjetivos recurrentes. La imagen del ojo me parece muy efectiva.

En conjunto, un buen relato.

Espero que te pases por el foro de literatura para participar en las votaciones del relato del mes, en las que participará tu relato, y para intercambiar impresiones en general.

   gracias por la atención
14-09-2007 09:33
he tenido en cuenta vuestras valoracionesy considero que teneis bastante razón respecto a que mi literatura e sun poco liosa...

... lo acato y lo tendré muy en cuenta la próxima vez que me anime a escribir.

saludos cordiales

gracias por la atención y perdón por la tardanza de mi réplica



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