Más allá del recuerdo I |
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28-08-2007 17:06
Por: manheor
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Novela escrita por los pobladores PedroEscudero y Manheor
22 horas para el lanzamiento.
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Xe22SpesEi
Código de aceptación confirmado.
Fecha de la transmisión: 17-06-2345
Inicio de grabación: 06:43:55
Grabando...
Me llamo Adam Neel, y estoy guardando con mis palabras la memoria de un mundo que ya no existe. Hoy, en menos de veintidós horas, un grupo de cuatro tripulantes comandado por mí partirá en esta nave con el objetivo de viajar hacia atrás en el tiempo. Todos nuestros seres queridos, todas las personas que hemos conocido, todos aquellos que esperan nacer, quedarán destruidas para siempre. No se perderán en el olvido: sencillamente no habrán existido.
Fui elegido para liderar esta misión, nuestra última esperanza, porque lo más querido para mí ya había muerto. Mi mujer falleció durante el parto, yo estaba a su lado cuando ocurrió. No fue fácil, pero cuando cogí a mi hijo con las manos, pensé que aquellos pequeños dedos que apretaban los míos me ayudarían a calmar mi dolor según fueran pasando los años. Dos horas después, un buen amigo mío, el Doctor Alester Crowley, me dijo que me acercara a él con un gesto. Me levanté de la sala de espera y cerré la puerta de la consulta detrás de mí. No mintió: me dijo que mi hijo había nacido sin riñones, que sufría una perforación del pulmón debida a las astillas clavadas de dos costillas rotas por causa de un traumatismo durante el proceso del parto, me dijo que no sobreviviría más de una o dos horas. No mintió.
Después de que todo ocurriera, no pude llorar, pero recé porque el día de hoy llegara, porque se nos diera la oportunidad de darle la vuelta a todo esto, aunque el coste fuese el que es. Nada fue tan fácil como auguraba la fantasía de los autores del pasado, no hubo una sola catástrofe que acabara con nuestras vidas en un instante. No hubo holocausto, ni Apocalipsis fugaz que no dejara ni un recuerdo. No, no fue tan fácil. La realidad nos demostró que las cosas no son tan sencillas.
La plaga del cáncer se sumó a los ataques nucleares que asolaron varios países. La desertización y la falta de agua potable, unida al calentamiento de la troposfera, provocó que África dejara de existir, al menos, como hogar de nuestra especie. El deshielo de los polos movilizó a millones de desplazados cuando las antiguas ciudades, levantadas a los pies del mar, fueron condenadas al olvido bajo sus aguas. Muchos murieron antes de llegar a ninguna parte. Los gobiernos que aún conservaban sus recursos e independencia, ante la total ruina económica que afectaba a todo el planeta, cerraron sus fronteras para siempre. Las súplicas de los que no tenían nada fueron acalladas con el sonido de los disparos. El conflicto contra el inmigrante duró poco, porque la fuerza desplegada por los ricos aplastó a todo aquel que intentó traspasar la línea. La moral y el reconocimiento de los derechos del hombre, que tanto nos había costado alcanzar, simplemente se desvanecieron, frases huecas y romas que habían perdido todo significado. Más de mil millones de personas perecieron en la segunda mitad del siglo XXI.
Se creyó que la pandemia acabaría con la humanidad en cuestión de décadas. Y de repente todo se frenó; aquéllos que sobrevivieron pensaron que estarían a salvo. Sí, sabían que el efecto de las radiaciones causaría aún muchas bajas, pero creían saber cómo defenderse de ella para amortiguar sus efectos. Creían saberlo. Se equivocaron. El clima se modificó lenta pero inexorablemente y las catástrofes naturales se multiplicaron hasta el punto de alcanzar en cada mes más de una decena en distintas partes del globo. Las comunicaciones entre los países se habían deteriorado mucho. La mayoría de infraestructuras y satélites fueron destruidos en ataques estratégicos durante el año que duró la III Guerra Mundial o, como todos la llamamos, “El día que llovieron estrellas”.
Nuevas enfermedades y epidemias nos desgastaron lentamente hasta que, con el paso de los años, no quedó vuelta atrás. Aquéllos que acumulaban la riqueza decidieron encerrarse en bunkers de climatología controlada, pequeñas celdas aisladas de la inclemencia exterior en las que llevar una vida más digna y sin temores. Los científicos trabajaban día y noche. Mientras el arte había muerto, la ingeniería no conoció mejor época. Las puertas se cerraron al exterior una vez y para siempre. Nuestra conciencia y dignidad quedaron derrotadas, ya nada podría redimirlas. Pero al menos nuestras familias se aseguraban un futuro. No fue así.
Con el paso de las generaciones Darwin llamó a nuestra puerta y la mezcla de sangre entre un grupo de individuos reducido propició la falta de diversidad de nuestra especie y con ella la aparición de enfermedades genéticas de efectos devastadores. Muchas madres murieron en sus partos por culpa de las deformidades de sus hijos. El miedo a concebir se propagó deprisa, minando todavía más nuestra esperanza. Y al fin llegó el momento final, la última salida. Nuestros días en el presente ya estaban contados y nuestra única opción se encontraba en nuestro pasado, en renunciar al futuro, en cambiarlo. La relatividad entre el tiempo y el espacio nos ofrecía una solución desesperada de salvar a nuestra especie, pero su precio era terrible. Nadie puede decir que no lo merezcamos, nadie puede negar que nuestras manos están manchadas para siempre, pero al menos hemos tenido la voluntad de afrontar la decisión, decisión que para nosotros, los cuatro elegidos para llevarla a cabo, no ha sido fácil.
No sé si alguien llegará a escuchar esta transmisión, grabada desde un tiempo que nunca existió. Espero que sí, porque de lo contrario habremos fracasado. No pretendemos que la historia lave nuestros pecados, sólo queremos que se aprenda de lo que ocurrió una vez en el futuro.
Fin de la transmisión.
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Nilla Issen
No abro los ojos, su sudor en mis labios, penetra en mí, no abro los ojos. Siento. Lo siento dentro. Y fuera. Dentro. Profundo. Diciéndome adiós. Diciéndome adiós. Recorro ciega el contorno de su mejilla con mi lengua. Su sabor. No podré olvidarlo. Sé que no podré. Sale de mí pero sus manos no me dejan. Me acarician los pechos. En punta. Afilados. Duros. Suyos ¡Suyos! Estoy mojada. No abro los ojos. Me da la vuelta suavemente. Lo siento otra vez. Dentro ¡Dentro!
Quedan unos minutos, me siento aún desnuda en el borde de la cama, con la rodilla derecha levantada, haciendo girar mi tobillo en el aire. Me llega el olor de su tabaco, una de las pocas cosas que han sobrevivido. Casi puedo sonreír. Casi. Espero que diga una palabra. Cualquier cosa bastaría. Faltan tres minutos. Una palabra. Sólo una palabra. Un “Nilla te quiero”. “Te quiero, ¿lo sabes?” “Te quiero”. Sólo eso. No llega. Recuerdo a mi madre. Un grifo, mis manos debajo y su voz riñendo. He vuelto a llenármelas de tierra. Me gustan las flores. Hay pocas, poco jardín. Espero la palabra. Mi madre me sigue riñendo ¡y dale! “Los niños se manchan Sara”. Ya lo sabe abuela, ya lo sabe, pero... Dos minutos. Me levanto y me acerco al armario. Selecciono en la pantalla el uniforme de hylon gris. Un fénix rojo en el pecho. Hortera. Hilo de metal gris. Mangas plateadas. ¿Y la seda o el algodón? Suave, sí, suave. La señora Feiss tenía un suéter de seda rojo. Cuántas veces en mis manos. Cuántas veces. Murió. Hizo que lo quemaran con ella. Ojalá me lo hubiera regalado, lo llevaría todo el día. Caricia, eso es seda, caricia. La memoria ha dejado de buscar. El compartimiento sale disparado con mi traje planchado y caliente. Pero no es seda. Un minuto. Hora de irse. Apoyo una mano en la puerta. Última oportunidad. O… ¡está bien! ¡Me la daré yo! Giro mi cuello y veo mi reflejo en la ventana. Soy guapa. Un mechón descolocado. Lo aparto. A la izquierda está su rostro. La mejilla, un brillo húmedo en la mejilla. Lágrimas. La mejor palabra. Muevo mis dedos y me despido. Adiós.
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Mark Bell
(En la mesa del comedor. Desayunando, la mujer no dice una palabra. Él toma sus cereales en silencio, lanzando miradas fugaces al rostro de su esposa. Su hija le coge del brazo y no para de hablarle. Él contesta).
Mark: Annie. Aaaannnie ¡Annie estate quieta! ¡Me lo vas a arrancar! Papá no puede conducir la nave con una sola mano, ¿sabes? Luego que les vas a decir a tus amigas cuando te pregunten. ¿Y por qué tu papá no tiene un brazo? ¿No dijiste que conducía la nave?
Annie: Les diré que mi papá es muy listo y que puede conducir la nave con una mano.
Mark: Eres una granujilla. (Comienza a hacerle cosquillas con la mano que tiene libre, por debajo del sobaco y en la barriga)
Annie: ¡Para!
Mark: ¿Cuántas veces has presumido esta semana? (Annie no para de gritar y revolverse pero no contesta) ¿Cuántaaas? (Annie levanta dos dedos, Mark mueve la mano más deprisa) ¿Dos? Pero qué mentirosa es esta niña (Annie ladea el cuello de lado a lado, negando que haya mentido. Al final cede y levanta cuatro dedos. Mark para por un instante) Así que cuatro eh (Suelta la cuchara que mancha la mesa de leche con un chapoteo. Esta vez usa las dos manos en la barriga de Annie). Pero mira que eres mentirosa, no te llegan para contarlas ni aún usando los de los pies. ¿Te rindes? (Annie mueve la cabeza de lado a lado) ¿No? Que niña más valiente... (Mark aprieta ahora con todas las fuerzas que puede sin hacerle daño) ¿Te rindes? (Annie dice que no en silencio) ¡¿Te rindes?! (Annie asiente y le pega un manotazo a su padre, su madre no sonríe)
Annie: ¡Abusón!
Mark: ¿Quieres más pelea? (Se abalanza de nuevo sobre ella, amenazándola)
Annie: No, no, no, no, no, no, no. Papá es muy, muy bueno.
Mark: Así está mejor. Dame un beso, anda (Ella se le echa de un salto al cuello y le da tres). Ay serás granujilla... Oye, me gustan estos cereales tuyos (El plato está casi intacto) ¿De qué son?
Annie: Lunas de azúcar y fresas y estrellas y...
Mark: ¿Y?
Annie: Los verdes no sé qué son.
Mark: Son tréboles. Tréboles de cuatro hojas,
Annie: ¿Qué es un trébole?
Mark: Tréboool, cuando es sólo uno se llama trébol. Es una planta antigua, se creía que daba suerte.
Annie: ¿Has visto algún trébor, digooo, trébol?
Mark: No, pero tal vez los vea en el viaje.
Annie: ¿Si ves uno me lo regalas? Me gusta tener buena suerte.
Mark: No volveré sin traerte uno (Su hija sonríe). Si puedo, hasta con cinco hojas para que seas la granujilla con más suerte del mundo (Le revuelve con una mano su melena castaña)
Annie: ¿Papá?
Mark: Sí...
Annie: ¿Cómo será la gente en el pasado? (Mark ve que la cara de su mujer, que sigue sin levantar la mirada de la mesa, se tensa).
Mark: Puesss no lo sé. Supongo que muy parecidos a nosotros.
Annie: Yo creo que serán verdes y peludos.
Mark: ¿Tú crees?
Annie: Sí y muy feos.
Mark: Pero ya llevo esto para ver algo bonito (Le enseña a su hija un pequeño cubo de cristal violáceo que comienza a reproducir imágenes de una Annie más pequeña, vestida de hada con alas de color malva de chapa de metal)
Annie: ¡Quita!
Mark: ¡Pero si estabas guapísima ese día!
Annie: ¡Quitaaaa! (Annie consigue arrebatarle el cubo, aprieta las dos caras hacia dentro y un menú translucido se dibuja en sus facetas, selecciona borrar archivo más reciente. Luego pulsa sobre iniciar nueva grabación y apunta el centro de una cara del cubo a sus ojos)
Annie: Hola papá soy Annie y te quiero. Vuelve pronto y acuérdate de mi trébol de cinco hojas. Besos (Acerca el cristal a sus labios y lo besa. Se lo devuelve a su padre. Los ojos de Mark están brillantes, pero consigue aguantar)
Mark: Gracias, hija, gracias.
Annie: ¿Te ha gustado?
Mark: ¡Mucho! Mucho...
Annie: Papá...
Mark: ¿Sí?
Annie: ¿Cuánto tardarás en volver? (Se oye un sollozo ahogado de su mujer. Annie mira a su madre durante un instante, luego mira a su padre que tiene los ojos en su madre. Mark se gira y contesta a su hija)
Mark: Poco. Poco. Seguirás siendo una renacuaja cuando vuelva.
Annie: Te hice un dibujo por la noche. ¿Quieres verlo?
Mark: ¡Claro! Claro. ¿Dónde está?
Annie: En mi habitación. Subo por él. ¡Ahora vuelvooooo!
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Hmm... |
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13-10-2007 00:05 |
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Es difícil evaluar una novela sólo por el primer capítulo, pero me parece que éste cumple para mantener la expectativa. Notables las referencias al proyecto Manhattan, se nota que hay documentación concisa y precisa.
Y lo más importante, si van a publicar una novela por entregas, por favor traten de publicarla entera. Lo digo por experiencia, compañeros.
Felicitaciones.
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RE: Hmm... |
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16-10-2007 10:54 |
Muchísimas gracias Variwell, la verdad es que tu opinión me cuenta mucho, porque te tengo mucho respeto como bisturí literario, sabes y sabes bien  . Tengo una deuda pendiente con tus relatos que espero pagar en breve  . Un saludote.
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Genial |
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18-09-2007 10:33 |
Ya te lo he dicho en varias ocasiones pero el incio de la novela me parece fabuloso. Lo reune todo: Tiene sentimiento, es vívido, emocionante...  El caso es que así fue como me enganchaste para participar
Sobre lo del estilo teatral para los diálogos, ya lo empleaste en el Certamen de los Otori y ya me pareció algo "extraño", sin embargo como he descubierto luego, es cuestión de costumbre en la lectura, una vez te haces se sigue perfectamente.
Bueno compañero, nos vemos entre letras
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RE: Genial |
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20-09-2007 23:40 |
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Y tanto que nos vemos, y tanto que nos vemos que tengo un capítulo en boxes para irlo escribiendo durante ese octubre... Hasta estoy consultando el googleEarth para la escena de acción en el Va... uy, casi se me escapa :p
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No me gustan las onomatopeyas |
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28-08-2007 17:12 |
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Me da la impresión de que muestran poca habilidad narrativa por parte del autor y que degradan el texto. Por otro lado, el sistema "teatral" de poner quien habla delante del diálogo me parece que despista sobremanera. Yo, directamente y a nivel subconsciente, no leo quién dice qué.
A parte de esto -y de haberte tenido que retocar unas cuantas comas y erratas- no tengo queja alguna. La historia empieza entretenida y la llevas con buen pulso. Espero a ver qué nos depara la siguiente entrega.
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RE: No me gustan las onomatopeyas |
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28-08-2007 17:20 |
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Pues la verdad es que estaba probando algunos recursos a ver que tal, el diálogo teatral va en este capítulo porque pensé que cuadraba bien para el momento familiar (sin interrupciones más que para acotaciones de posición) y para la conversación entre los cuatro, pero no va a mantenerse.
Y lo de las onomatopeyas pues tres cuartos de lo mismo, probar a ver que tal.
Me alegro de que la historia te gustara, a ver que te sigue pareciendo.
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Buen arranque |
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29-08-2007 13:34 |
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Bueno,ya comente en su día lo que me parecía el relato. En resumen creo que es un buen arranque, tal vez un poco largo para empezar una acción y enganchar, pero pretendías hacerlo emotivo, y es lo que has hecho.
Como también querías experimentar, no veo mal el cambio de estilos, aunque para una serie puede cansar.
En todo caso al nível acostumbrado, encapuchado.
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RE: Buen arranque |
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29-08-2007 14:22 |
Te veo muy poético ojo que todo lo ve  , hasta haciendo pareados en los comentarios a los relatos , Jesús :-P. Tranqui que los experimentos vendrán más dosificados a partir de ahora. En todo caso thanks mil y me alegro que te guste Nachob y a ver cuando podemos comprar ese libro, que tengo mi cerdito a rebosar de pasta.
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