Recetas para dominar el mundo II |
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07-09-2007 11:43
Por: vedovelli
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¿Qué es TimeXplorers? (Segunda Parte)
Si has seguido con atención los pasos indicados en la primera parte de estas recetas, ¡enhorabuena! Estás en condiciones de adentrarte en el verdadero meollo de todo este tinglado.
Dejemos las cosas claras. Tú no has venido al mundo a trabajar para otros, a intercambiar tiempo (del que cada segundo tienes menos) por dinero (la mayor parte de las veces el justo para "ir tirando"). Tú estás aquí para pasártelo de "lupa" madre, no dar un palo al agua, e intentar (en la medida en la que algunos curritos científicos y demás esbirros te permitan) vivir del cuento por los siglos de los siglos.
Pero (hete aquí, pequeño saltamontes), que vas a encontrar una resistencia inesperada a tus deseos en el resto de la Humanidad (esa especie de idea informe que repentinamente toma forma en los conciertos y discotecas, y que suele oler a chotuno). Ellos, por esas cosas que tiene el destino, resulta que quieren vivir exactamente de la misma manera que tú, y como los recursos (esas cosas que suelen ser gratis hasta que dejan de serlo) son escasos, no dan para todo el mundo... y eso es una lata. Para que cada día tú te deleites con un solomillo a la pimienta, quince representantes tercermundistas de la Humanidad ésa deberán quedarse a dos velas.
Tú sabes que si se hubiera querido desde el principio de los tiempos que todos compartiéramos por igual esos recursos, y que con ser un poco menos egoístas y soberbios, envidiar menos lo que tiene el otro, dar menos valor a cosas que en realidad no lo tienen (¿Oro? ¿Diamantes?... ¡Mi tessssoroooo!) y compartir un poco más, viviríamos todos más o menos bien (un poco peor, pero no demasiado, los que tienen mucho; y mucho mejor los que no tienen nada) pero claro, ¿quién quiere hacer uso del autobús o del lavabo con un cualquiera del extrarradio? Eso es demasiado vulgar para una piel tan sensible como la tuya. ¡Viva la segregación! Además, si todos fuéramos ricos, ¿quién haría el trabajo sucio? ¿Robots? ¡De eso nada! ¿Para que luego piensen demasiado, se organicen y nos monten otro Terminator con el Schwarzy a la cabeza? Mejor no menearlo.
Pero volvamos al grano. Aquí estamos para darte soluciones y no problemas, por eso ahí te van un par de ellas:
1.- Después de los pasos 7, 8, 9 y 10 de la entrega anterior, tendrás a toda la peña lo bastante idiotizada para hacerle creer cualquier cosa. Explícales el mundo como te dé la gana y ponlo todo en un libro (podrías llamarlo el "Gran Libro de la Patata", como en la serie "Dinosaurios"). Claro que siempre habrá alguien que levante la mano con alguna duda. Tú le darás una colleja y acto seguido responderás con alguna vaguedad cualquiera tomada al azar del libro. Después hazles repetir una serie de frasecitas predefinidas y autoconcluyentes, y ¡voilà! Ya tienes la mitad del camino recorrido. La otra mitad es algo más trabajosa, pero con empeño y constancia todo se consigue.
2.- Diles por activa y por pasiva que el sufrimiento por el que pasen en esta vida se verá recompensado en la otra. Pero, como en el caso anterior, siempre habrá aguafiestas que digan eso tan socorrido de: "¿Y tú por qué no sufres como nosotros?" A lo que deberás responder de dos formas según el número de preguntones. Si es uno o dos, aplica el segundo paso de la entrega anterior (¡el matarile!). Si son tres o multitud, no es cuestión de ponértelos en contra, así que haz como en el kung-fu y usa su fuerza contra ellos mismos y suéltales frases contundentes y meditadas como lo del "valle de lágrimas" y todas esas cosas. Y lo curioso es que en cuanto lo asimilen bien, matarán y morirán por esas mismas ideas que los mantienen calladitos y obedientes. La Mente Humana, ¡ese otro gran invento!
3.- Hazte "intocable". No, no me refiero a que pertenezcas a la casta hindú, sino a que te hagas literalmente intocable, inaccesible, desconocido, remoto, en definitiva, sagrado. Eso no es difícil, simplemente no frecuentes las compañías de elementos de baja estofa y enciérrate en tu bonita Torre de Marfil. Ya, ya sé que no mola, pero eso es sólo durante un tiempo, lo justo hasta que convenzas a un par de...
4.- ...Adeptos. En cuanto tus ideas se difundan por ahí con libros, revistas, opiniones de famosetes que se apunten a tus ocurrencias (como algún que otro Tom Cruise cualquiera), etc., te saldrán adeptos como hongos en el vestuario de un gimnasio. ¡Y ya no tendrás que trabajar más! Entiéndeme, ya sé que nunca has trabajado, pero eso de inventarse toda esta historia te ha debido de agotar más de una neurona... que ahora descansará mientras ves cómo otros preparan el pastel por ti. Reposa, te lo has merecido.
5.- No seas modesto y lánzate al ruedo. Si los faraones pudieron, ¿por qué no tú? Ésta es la parte más atrevida pero, ya lo decía Virgilio, "audentes fortuna iuvat". Di que eres un Dios. Directamente, sin tapujos, sin medias tintas, por todo el morro. ¡Ole tu "mare"!
6.- A los que te siguen hazles subir de nivel, pero que les cueste y que luchen entre ellos para lograrlo. Como muchos jugadores de rol sabrán, por subir de nivel somos capaces de cualquier cosa (en el juego, se entiende) y muchos de tus adeptos por ascender a Sumos Sacerdotes o a simples sacristanes, serán capaces de emular al mismísimo Leo Bassi y comer excrementos de reno sin mostaza ni nada. Después, cuando lo logren, dales algún azucarillo, acaríciales el hocico y reparte unas medallejas de esas de latón que guardas en el armario de las chucherías. Verás lo contentos y orgullosos que se ponen. ¡Son como niños!
Pero, y aquí viene la parte desagradable (la que mancha, vaya), siempre, repito, SIEMPRE te saldrán agitadores descontrolados, fanáticos de la otra acera que harán lo posible por derribar el edificio laboriosamente construido por los tuyos (como el mismo Leo Bassi de arriba) que, lo lamentamos, deberán ser "neutralizados" de alguna manera más expeditiva. Y nada mejor para ello que...
7.- ...Hacerte con un ejército. Hombres rudos, diligentes, amigos de las armas, supervivientes natos y, condición "sine qua non", algo cortitos. Pero los humanos normales son muy suyos, sienten envidias, les corroen los deseos y las soberbias, y tienen esa palabra tan fea (porque es fea, fea) que, paradójicamente, algunos se empeñan en ver positiva: los escrúpulos (¿no te suena a sarpullido? ¿A algo que reventar? "¡Mamá, me ha salido un escrúpulo! Pues no te lo toques o te saldrán más..." ¡¡¡puajjj!!!). Así que lo mejor es aplicar los últimos avances en ingeniería genética patentada del emporio farmacológico del primo Franz y esperar que con ellos consigas esos híbridos tan dóciles y obedientes con los que sueña cualquier aprendiz de Astolfo Hynkel. Y si eso sale mal (ya se sabe lo que pasa con los experimentos y la gaseosa), pues ya se inventarán algo estos chicos tan listos. (Publirreportaje: "Visita La Granja", obra fundamental de la literatura moderna by el arriba firmante. Indispensable").
Y hasta aquí las recetas. Con lo dicho en estas dos clases magistrales, un poco de suerte y mucho morro, serás capaz por fin de... ¡¡¡DOMINAR EL MUNDO!!!
Pero ¿quiere esto decir que te convertirás irremediablemente en el malo malísimo, el ser más demoníaco y detestable? Créeme, que tu conciencia no sufra y duermas sin necesidad de valeriana: Cualquier otro en tu lugar habría hecho exactamente lo mismo. ¿Aún no te has dado cuenta de que la meta es "salvarse el culo"?
En fin, después de "leer" el Summo Iure éste, es el momento de pasar a la acción. Lo primero sería hablar con el tipejillo ese que escribió el libro, comentárselo a otros colegas del club de paddle (o sea) y reunirte con los prebostes (tu padre y dos o tres más) en la última planta del mayor rascacielos de la ciudad más chic del momento. Pero eso lo veremos en la tercera (y última) entrega.
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