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Un pequeño, pero sentido, homenaje al señor Stephen King y a su libro Mientras escribo, una delicia de la que toma la premisa propuesta por su autor de relatar una historia en base a una idea proporcionada por King dejándose llevar por la improvisación. Veremos si mi cepillo es capaz de desempolvar un fósil con algo de dignidad. Que lo disfrutéis.
I
El sonido de los gritos inundó el vacío de la madrugada. Sobre la ventana del tercer piso de un sanatorio mental de paredes descoloridas, una sombra se contorsionaba de dolor, recortada entre las tiras amarillas y negras en un espectáculo de sombras chinescas. A seiscientos diez kilómetros al oeste, en el apartamento de una calle anodina en la que crecían los bloques de fachadas blancas sin tejado como hongos bajo la lluvia, un hombre ventrudo, bajo, con las patillas recortadas y dos manchas violetas en el contorno de los ojos, observaba el canal 32 de su televisor plano con una expresión concentrada. Agitando sus dedos frente a la imagen plasmática comenzó a susurrar un nombre, dos sílabas: Ja-Ne, Ja-Ne. La imagen de impoluta chaqueta blanca, labios finos y cabello oxigenado se disolvió en un susurro de estática. El marco de la pantalla se quedó negro, dejando la habitación a oscuras. Descendiendo su molicie del sofá en tres pausas y resuellos, el hombre se arrodilló frente al aparato, repitiendo compulsivamente las dos sílabas.
Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, Ja-Ne, JA-NE.
Un zumbido eléctrico de mil grillos siseó desde los altavoces satélite de su equipo de sonido. Lentamente, una nueva imagen comenzó a palpitar sobre el espejo translúcido de la pantalla, la silueta de una mujer, contorsionándose, a través de una ventana enrejada. Arqueando sus manos como las de un titiritero, el único ser humano (al menos en carne y hueso) presente en la habitación, comenzó a aletear sus dedos con destreza, moviendo unos hilos invisibles que encontraban el reflejo a sus tira y afloja imaginarios en los pataleos, manotazos y embestidas violentas contra la ventana que realizaba la figura del televisor. Una sonrisa torva frunció sus labios.
A seiscientos diez kilómetros al este, el tabique de una fachada estallaba en mil pedazos, aplastando los coches aparcados contra el arcén y destrozando el muro de piedra y el enrejado de metal que disuadía a los internos de la fuga. Entre las chispas derramadas por los cables de las farolas oblicuas al pavimento, los pies desnudos de una mujer se alejaban de los escombros.
II
Mamá y papá gritan, los oigo, y gritan. No importa que mamá haya subido el volumen, “Cállate zorra” se oye más alto que Hakuna Matata. Pumba coge una cuerda verde en la boca y se cae a un charco, Mamá llora y le dice a papá “que se vaya”, “que hablarán mañana”, “que todo puede arreglarse civizamente” Pumba, Timón y Simba sonríen, en la jungla es de día y de pronto de noche. Oigo un PLAS, fuerte; me acerco a la puerta y la abro un poquito. “Ningún problema debe hacerte sufrir.” Mamá está en el suelo. “Lo más fácil es.” Papá se desabrocha el cinturón. “Saber reír”. Me tapo la cara. HAKUNA NOOOO MATATA ZORRA HAKUNA PERRA MATATA GUARRA HAKUNA...
Alvin CORRE!!!!
El cinturón le da en la cara otra vez y en el culo y en la espalda y en los brazos. Mamá sangra mucho y no dice nada, yo tampoco oigo nada, no oigo a Simba. Papá se frota la cara con la mano, ahora se la pasa por el pantalón, se agacha para tocar a mamá y le coge la cabeza, pero Mamá es Mufasa y la cabeza le cae al suelo. Veo que Papá se ríe y llora. Abre la puerta de la nevera. Coge una cerveza. Se le cae al suelo. Coge un cristal largo; brilla mucho porque le da la luz azógena que compró mamá. Ahora papá ya no ríe, sólo llora. Se sube las mangas como hago yo en la escuela y me riñe la señora Stacy, pero quiero a la señora Stacey. Papá aprieta el puño con el cristal agarrado en la otra mano. Se corta la muñe...
¡GRITO!
Papá me ve y se queda callado, creo que no sabe quién soy.
¡¡GRITO!!
¡Cállate!
¡¡¡¡¡¡¡¡GRITOOOOO!!!!!!!
CÁLLATE, CÁLLATEEE, CÁLLATEEEEE!!!!!
Papá se acerca a mí, corriendo, con el cuchillo. Cierro la puerta y corro el pistillo (mamá compró pistillos para todas las puertas) y grito. Papá empieza a dar golpes contra la puerta y yo grito y me duele dentro del cuello mucho pero grito. Entonces oigo que papá me dice que “voy a tirar la puerta abajo jodido mocoso y cuando entre te juro que te mato, ¿me oyes? TE MATO. Le oigo. Me callo y miro a la tele. No está Simba, ni Pumba, ni Nala, ni Scar, ni Rafiki, Ni Timón, Ni Ed, Ni Mufasa...
Sólo hay una luz muy fuerte y muy blanca. Me acerco a la luz con cuidado.
PUM PUM PUM
Papá da golpes. Yo me acerco a la luz.
PUM PUM PUM
Yo me acerco.
PUM PUM CRASH
La puerta se rompió. Papá entra. Toco la luz.
Y ya no hay papá, ni luz.
III
Las luces de los coches patrulla iluminaban de rojo y azul el edificio destrozado del sanatorio, con el jardín de setos regulares y cortados en geométricos dibujos (como un laberinto) enmarañados en un caos de hormigón, escayola, plumas de colchón y hierros retorcidos. Algunos internos se asomaban al borde de la fisura, contemplando la destrucción con una expresión inescrutable. Sobre el patio abarrotado de escombros, la punta de un cigarrillo iluminaba las hojas del historial pertenecientes al único paciente fugado de la institución durante el incidente.
Jane Hollowood de treinta y siete años de edad, era uno de esos extraños casos en los que la lógica del abuso se invertía y el marido, un tal Dick Rabitt (capricho de nombre como pocos, pero Philip no andaba de humor para bromas; apagó su cigarrillo y continuó leyendo), era víctima y la mujer verdugo. Había sido internada por un ataque de demencia que casi le costó la vida a su cónyuge al clavarle ésta, sin razón aparente, un cuchillo en el cuello que pudo haberle seccionado la aorta. Afortunadamente para la víctima no fue así y tras un confortable período de tres meses en el limbo de la muerte conocido como coma, pudo recuperar su vida aunque se llevó una fea cicatriz y una aversión notable a cualquier utensilio punzante como recuerdos del trance. Ahora vivía solo en una urbanización de las afueras de San Francisco. Phillip ya había ordenado que informaran al marido de la huida de su querida esposa, ofreciéndole protección por lo que pudiera pasar. Siempre era mejor cubrirse bien las espaldas antes que lamentarse luego del escozor del ojete. Phillip así lo atestiguaba y lo llevaba a la práctica. Continuó leyendo.
Los datos de la agresora no revelaban ninguna anomalía previa en las pautas de comportamiento hasta seis meses antes del intento de asesinato, cuando empezaron a producirse los abusos, que comenzaron, según detallaba el exhaustivo historial que el teniente de homicidios, Phillip Callahan, hojeaba con parsimonia, con un aumento de los roces y discusiones propios a toda sana convivencia marital, hasta desembocar en batallas campales de insultos, agresiones mutuas y, finalmente, la tragedia. El documento informaba, así mismo, que la hija de la pareja, de nombre Nell, (seguramente a su madre le hubiera gustado más cambiar la n por una b, pensó con sorna el aburrido policía) había sufrido una crisis nerviosa que desembocó en psicosis maníaco depresiva y suicidio prematuro (¡y tan prematuro!, el gaznate del teniente se había atascado de una pasta anaranjada y seca que en sus buenos tiempos habían sido patatas fritas con una buena dosis de ketchup embadurnándolas, carraspeó con violencia retomando el hilo de sus pensamientos sólo tenía ocho años...).
Por primera vez se sintió culpable de su amodorramiento. No era un mal policía, pero había días y días, y ése era de los segundos. Deslizó con rapidez sus ojos por las cuartillas que restaban, poco más que datos sobre su día a día en la institución, su relación con el resto de los pacientes, bastante inactiva, callada, vegetal. Phillip cerró la carpetilla y se dio la vuelta, alzando el cuello para contemplar una vez más el espectáculo. A través de los bordes aserrados e irregulares de la hendidura podía ver las figuras de los pacientes, con su expresión perdida y su pelo revuelto sobre los hombros, sus brazos delgados y sus pómulos salientes, cubiertos por camisones blancos que flotaban en el viento como sábanas de fantasmas.
Un escalofrío reptó por su espalda. ¿Cómo era que había dicho Ellie, su mujer, de su prima Paula, la que estaba como un cencerro? “Se le quedó el cerebro como un trapo sucio y lleno de remiendos.” Volvió a abrir la carpeta, y tomó entre sus dedos la foto de la joven mujer, inmortalizada el día que ingresó en la institución. Cabello cobrizo, ojos oliva y nariz respingona, cubierta de salpicaduras marrones y sonreía; una chica muy mona. Phillip suspiró de nuevo.
Vio que su sombra se multiplicaba, proyectada una y otra vez entre flashes azulados sobre el barullo de cascotes, hierros retorcidos, cristales rotos y arbustos aplastados. Acercándose al cordón de seguridad, se sacó la mascarilla de tela que le cubría la boca, aspirando al instante el polvo mezclado con escayola que flotaba en el ambiente.
—¡Jim! ¡Jim, me cago en la puta, quién coño los a...!
Una nube de micrófonos, cámaras y caras apretujadas lo asaltó al mismo tiempo: “Teniente, ¿tiene algún dato u opinión que deba trascender al público...” “¿Es verdad que se ha producido la fuga...?” “Testigos presenciales afirman haber visto a una figura corriendo...” “¿Se pude transmitir un mensaje de tranquilidad...?
Philip les dio la espalda sin hacer declaraciones. La silueta de un joven de uniforme se recortó entre los flashes de la cámara que no dejaban de disparar. El oficial le pasó un brazo sobre el hombro, alejándolo de la prensa.
—¿Se puede saber qué coño...
—No lo sé, ha habido alguien que se ha ido de la lengua pero... Jefe, esto está muy jodido yo...—Philip le apretó el hombro con más fuerza.
—Esa lengua niño. ¡No ves que esos cabrones tienen micros, joder! Sólo nos faltaba la puta Pam de los cojones para terminar de redondear la noche. Mírala, mírala como mueve esa mano de...
En el borde del cinturón policial, una joven negra, impecablemente vestida con un abrigo de cuello vuelto color granate y unos pantalones ajustados a juego con el abrigo, les hacía señales, insistentemente, para que se acercaran a declarar. Los policías encargados de vigilar que no se traspasara la zona empezaron a impacientarse ante los continuos empujones por parte de los equipos informativos. Un haz azulado y potente se filtró entre el gentío. Philip maldijo por lo bajo mientras escupía en el suelo.
—Joder los han mandado y son las...—Se arremangó la muñeca sólo para descubrir una franja de su piel cubierta de vello negro y gris. Mierda, le había dejado el reloj a Ellie mientras el relojero le reparaba el suyo. Su joven subordinado lo observó con ansiedad, con la frente brillante y sudorosa cubierta por el acné, acné que le recordó al teniente Callahan lo que debía de hacer; además, el pobre muchacho acababa de graduarse y seguro que la situación lo estaba desquiciando. Volviendo a apretarle el hombro, esta vez con menos fuerza, Philip consiguió esbozar una sonrisa cansada— Está bien chico, está bien. Vamos a hablar con esos buitres.
Cinco horas después, cuando la luz azulada del amanecer comenzaba a iluminar el estropicio, Philip recorría el camino de vuelta al hogar, recordando la última, y reciente, discusión con Ellie por cualquier estupidez... Ah sí, por comprar un calentador para el asiento del coche. Se preguntaba qué pensaría si Ellie lo amenazara con un tenedor. Cuantas más vueltas le daba a la idea menos graciosa resultaba.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Pues entonces, veremos |
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11-09-2007 21:55 |
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Como tiene varias entregas, pues veremos hacia donde va.
En cuanto a lo que promete, pues, como siempre, buen estilo (en forma hay poco que ya poder decirte, campeón), pero algo deslavazado en estructura y contenido.
Como dices que todo se sabrá, esperaré entonces para poder valorarlo en conjunto en cuanto al fondo.
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RE: Pues entonces, veremos |
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12-09-2007 00:14 |
Thanks, Nachob, a Akhul le pasó un poco lo mismo, pero tranquilos, hay una dirección  , paciencia.
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Extraño pero.. |
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06-09-2007 19:56 |
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me gusta, aunque creo que tiene una estructura algo extraña, supongo que de eso se trata no? aún así, me parece qeu tiene un estilo muy cuidado y las formas perfectas. Que bien escribes Manheor...
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RE: Extraño pero.. |
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06-09-2007 20:03 |
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Muchas gracias por pasarte airym, sí el relato tiene una estructura extraña cuya razón de ser se irá explicando en las sucesivas entregas, cuando se desvele la trama del mismo.
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