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El camino del asesino (1/3)


Warhammer Fantasy

18-10-2007 14:01
Por: ladyagatha


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El hombre miró al cielo estrellado, perdiendo la vista en la oscuridad de la noche. Se dedicó unos momentos de debilidad y dejó que la melancolía lo embargara. Qué lejos estaba de su ciudad y su elemento. Tan sólo fueron unos segundos; su disciplina se impuso a la leve fisura de sentimentalismo que podría hacerle perder la concentración. Avanzó entre las tiendas del campamento, sintiendo las miradas de los orcos sobre él, vigilándolo. Sonrió para sí mismo y alzó la cabeza para mirar al oeste, hacia las tierras del Reino de Falborz. Aquellas que Gaski quería conquistar. Aquellas que se le aparecían en sueños y aquellas que no podía quitarse de la cabeza. Caminó despacio y sin prisas. Así era su vida, solitaria y silenciosa. Pasaría por aquellas tierras sin dejar rastro. Nunca dejaba rastros. Nadie sabía que existía.

Se detuvo en seco, casi sorprendido de que sus sentidos lo estuviesen engañando. Sintió que sus músculos se tensaban, alertados. Su instinto lo conminaba a asegurarse de lo que estaba viendo. Sería capaz de jurar -cosa que nunca hacía- que había alguien escondido entre los árboles en la entrada del valle. Ladeó la cabeza, porque sus sentidos jamás lo engañaban. ¿Sería posible que no los hubiera visto antes? A decir verdad hacía dos días que no salía a explorar la zona y pensaba hacerlo esa misma mañana. Soltó una risita nerviosa cuando el acero de cientos de espadas brilló reflejando la luz de la luna. Apoyó las manos en las empuñaduras de sus armas, con la emoción del desafío bailando por su mente y dibujando una mueca de satisfacción en sus atractivas facciones. No dio la voz de alarma cuando una hueste de cientos de guerreros a caballo dejó la protección de los árboles y al grito de "Por el Rey y por el Reino" alcanzaron los límites occidentales del campamento.

Fraus alcanzó al vigilante, que parpadeó confuso por el griterío, y de un solo tajo le seccionó la cabeza. El cuerpo cayó pesadamente al suelo y fue machacado por los cascos de los caballos que no detuvieron su carrera y siguieron a su comandante a través del campamento. La alarma sonó en varios puntos y, sorprendidos por el repentino ataque, los orcos no sabían si debían huir o coger sus armas. Los caballos saltaron ágilmente los obstáculos que encontraron y evitaron las hogueras; mientras, intentaban mantener la posición y seguir todos unidos en una sola columna.

Fraus aprovechó el súbito ataque para causar grandes estragos en el campamento. A un lado y a otro la dama lanzó tajos sin parar, cortando manos y brazos que levantaban las armas contra ella y atacando a todos los que le salían al paso. Bajo los cascos de su montura cayeron algunos orcos y la muchacha, gran jinete entrenada desde hacía años, se mantuvo sobre la silla sin caer y sin que su caballo tropezara. Con la mano izquierda dirigía al animal mientras que con la otra lanzaba grandes y largos mandobles, todo sin detener la carrera que debía dirigir al otro lado del campamento. Soltó las riendas y guió al caballo con las rodillas, usando ambas manos para cortar los brazos de un orco que levantaba una pesada hacha. Segó de un tajo los miembros de la bestia cuando pasó a su lado y levantó su arma para desviar otra que vio lanzar al orco situado detrás del recién mutilado adversario. Le hundió la espada en el pecho. La fuerza de la mujer arrastró el cuerpo del orco unos metros junto al caballo, ya que no fue capaz de arrancarle el arma del pecho tras la embestida. Cuando lo consiguió, el orco cayó dando tumbos a un lado haciendo tropezar a algunos que venían a todo correr hacia la mujer.

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Había perdido las riendas del caballo y ahora sólo podía dirigir a la montura apretando con las piernas, pero de esa manera tenía los brazos libres para manejar la espada y defenderse con el escudo que portaba en el brazo izquierdo. La dama siguió con su carrera vociferando por la gloria de la casa Falborz hasta salir por el lado opuesto del campamento. Los gritos de los orcos fueron en aumento. Algunos intentaban huir, el resto encontrar sus armas para prestarse al combate. Realmente estaban divididos y confusos, no sabían qué hacer. Fraus tenía los brazos entumecidos y la sangre orca le chorreaba por los codos y las piernas. Se levantó sobre la silla para alcanzar a un enemigo que levantaba una lanza contra ella y cortó la punta del arma de un solo golpe aprovechando para girar la espada y hundirla en la cabeza de la bestia a una velocidad que incluso le sorprendió a ella misma. Cuando toda la tropa estuvo fuera se reorganizaron para volver a cargar. La confusión había hecho mella en los enemigos y estaban bastante dispersos, enfurecidos, asustados y malheridos. Fraus no tardó en volver a cargar contra el campamento.

El hombre salió a todo correr hacia el primer jinete que encontró, impulsándose en el cuerpo caído de un orco en un tremendo salto para derribar al caballero de su montura. Rodó por el suelo para amortiguar la caída y desenvainó la espada girando al mismo tiempo para ponerse frente al jinete, que también se levantaba con el acero listo. Al ver a un humano y no a un orco, vaciló. Esta pequeña pausa fue aprovechada por su adversario para lanzarle una sucesión de rápidas estocadas que el hombre no pudo detener. Levantó el escudo para protegerse y desviar la hoja de su enemigo a la vez que usaba el brazo derecho para impulsar un mandoble directo a cortar en dos al hombre. Pero la hoja de la daga se interpuso, chocando con la espada del caballero. Sin dejarse impresionar, movió el escudo para golpear en el rostro al hombre, pero éste se zambulló a un lado y le lanzó un corte en la parte trasera de la rodilla con la daga. No había terminado de levantarse cuando invirtió la dirección de la espada y la hundió en la espalda del caballero. La punta de la hoja asomó tinta en sangre por el pecho y luego desapareció igual de rápido. El caballero cayó de bruces al suelo, agonizando, pero no se molestó en rematarlo; se marchó corriendo entre las tiendas, silencioso como la muerte.

Llegó al centro del campamento para ver cómo el capitán de la hueste segaba los brazos de un orco y arrastraba a otro trabado en su espada. Tuvo la intención de correr hacia él, pero estaba demasiado lejos. Envainó sus armas, agarró una lanza y corrió hacia la tropa que avanzaba por el campamento hasta encontrar a un jinete lo suficientemente separado de la columna principal. Hundió la lanza en el suelo, atravesando el camino del caballo y éste tropezó, haciendo que su jinete saliera despedido por encima de la cabeza del animal y aterrizara brutalmente contra el suelo. No le ofreció más tiempo; de una patada en la cara lo puso boca arriba cuando intentaba levantarse y le hundió la daga en el cuello con una velocidad asombrosa.

La dama volvió a cargar contra el campamento. Sin detenerse ante nada y con la espada por delante, la cuadrilla pasó entre las filas sin recibir mucho daño. Fraus se abrió paso lanzando mandobles hacia todos los lados, cortando puntas de lanza, hiriendo y matando. Su armadura blanca había dado paso al color escarlata y el casco empezaba a agobiarla, pues no veía con claridad. Los orcos que llegaron por los laterales se cerraron alrededor de los caballeros dejándoles poco espacio para maniobrar mientras éstos trataban abrirse paso y avanzar hacia el lado opuesto de campamento.

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El asesino observó sin perder detalle. Sin duda los caballeros llevaban las de ganar aunque estuviesen siendo rodeados por un buen grupo de orcos. Pensó en unirse a la matanza, pero desechó la idea porque entre él y los caballeros había un puñado de orcos rabiosos. Buscó al capitán de la cuadrilla, descubriéndolo en la punta la formación en cuña sobre su caballo sin detener su belicosa tarea. Sus movimientos eran ligeros y precisos, casi perfectos. Se movía salvajemente entre los enemigos abriéndose paso con tanta facilidad como si estuviera segando trigo.

El desarrollo de la contienda empezó a ponerse interesante; Gaski apareció montando un enorme huargo seguido de sus más feroces jinetes para lanzarse contra la columna de caballeros. El jefe orco alcanzó al capitán y su huargo hundió los colmillos en el caballo. Montura y jinete cayeron al suelo. Una de las piernas del capitán quedó atrapada bajo el cuerpo del animal y el huargo acercó sus fauces a la cabeza del comandante mientras Gaski lo azuzaba para que terminara la tarea. Los caballeros rodearon al capitán caído mientras este intentaba salir de debajo del caballo y al instante siguiente se puso en pie, con la espada y el escudo preparados.

Gaski desmontó a dos caballeros con un solo barrido de su enorme espada y atacó al capitán. El huargo se acercó a ella con las fauces abiertas y la mujer agarró el arma con ambas manos para hundirla en la garganta hasta la empuñadura, saliendo la hoja por detrás de la cabeza. Soltó la espada, incapaz de recuperarla, interponiendo el frágil escudo frente al ataque del soberano orco. Cayó al suelo con el escudo tan abollado que le fue imposible poder desembarazarse de él. Gaski volvió a levantar el espadón para descargarlo con todas sus fuerzas pero un caballero atacó a su espalda y le abrió un profundo corte, mientras que un segundo jinete atacaba por el flanco opuesto. El golpe perdió fuerza y la capitana tuvo tiempo de rodar por el suelo para evitarlo y levantarse. Fue a recuperar su espada y se acercó a Gaski, que arrastraba el pesado espadón para atacar de nuevo. El capitán le hundió la espada en el cuello sin dificultad.

Fraus trató de levantar su montura, pero el animal estaba demasiado herido para volver a combatir. Su distracción sirvió para que un huargo se colara entre el círculo de caballeros y la agarrara entre sus dientes de la capa. Fue arrastrada por el suelo varios metros alejándose de la columna principal para perderse entre las carpas en llamas. Aprovechando la presa por el lado izquierdo, clavó la espada en la cabeza del huargo, que tropezó frenando a trompicones haciendo que el orco que lo montaba cayera sobre una de las hogueras. El huargo se agitó y la capitana extrajo la espada de un tirón para dejarla caer sobre la cabeza hasta romperle el cráneo. Exhausta e incómoda, desató el casco y lo dejó caer al suelo. El asesino, oculto entre las sombras del fuego, enmudeció de asombro al descubrir a una mujer bajo aquella armadura.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   muy bueno
02-06-2008 20:17
me ha gustado mucho esta muy bien

   10
26-10-2007 23:36
Muy bueno, se me a hecho un poquito denso (muy poco), pero quizas es por el semi-resfriado que tengo :-( . Pues eso, que espero el proximo, este me ha encantado. Felicidades por el relato.

   El camino del asesino
18-10-2007 16:46
El personaje de este relato me recuerda a uno de los reinos olvidados.
Artemis entrery, ojos grises, pelo negro, barba de unos pocos dias, solitario, y una espada y una daga de armas
Me gusta tu relato. Eres buena para escribir novela fantastica. Animate y escribe algun libro



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