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Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, en el reino de Anm, existía un grupo de justicieros llamado “los justicieros de Ainur” (los sagrados). Se componía de una familia tradicional que velaban por la seguridad y el cuidado del reino.
Esta familia vivió durante muchos años en el reino, pero la entrada de misteriosas criaturas las detuvo en un tiempo y en un mundo.
Según cuenta la leyenda, estos justicieros tienen en la mano derecha un tatuaje que se le pone a todos los del linaje, y representa la letra “A”. Este tatuaje se le pone en el antebrazo de la mano derecha marcando al niño o niña para su futura dedicación al reino y su obligación de defender a los más necesitados.
Todo empezó en un día lluvioso. Las tormentas amenazaban constantemente al castillo la familia real, quien junto con su guardia personal cenaba sin ninguna sospecha de lo que pasaba fuera. Hablaban placidamente de cosas cotidianas, de cómo había estado la recolecta de granos, de los nuevos guardias que deberían ascender, y, de pronto, la puerta del comedor se abrió de un fuerte portazo, apareció una mujer imbuida en una capa verde mancha por el fango y unas botas altas gritando desconsoladamente:
–¡Peligro, peligro: algo o alguien ha despertado!
Cuando los presentes la tranquilizaron ella respondió a todas sus preguntas diciendo esto:
-Cuando procedía a mi jornada habitual en las montañas próximas escuché un leve temblor y vi un humo que se alzaba en la lontananza. Me fui allí a ver qué podría haber ocurrido y a qué se debía ese humo. Cuando llegué pude ver que de la cueva de “Aldaron” (señor de los bosques) salían voces y luces de todos los colores posibles. Cuando me acerqué a descifrar lo que pasaba, cesaron las luces y sólo se escuchaban unos leves susurros que decían “matadla, matadla, matadla”. Para cuando me enteré, a mi alrededor aparecieron de la nada unas figuras con un cuerpo débil, cubiertos de gusanos y... su ardor era nauseabundo, las ropas las tenían desgastadas y blandían unas especies de dagas, pero cubiertas de moho y oxidadas. Me abrí paso entre ellos blandiendo mi espada y ayudada con mi escudo, pero cuanto más certeras eran mis estocadas, menos daño les hacían. Me batí en combate durante unos minutos pero caí fatigada, y cuando estaban apunto de caer en sus garras de la cueva apareció una figura alta, con una capa de color rojo sangre con unas insignias por su vestido y una toga que le llegaba hasta el suelo, que apartó a las criaturas y se acercó a mí. Me dio la mano para ayudarme a incorporarme y cuando me levanté sentí cómo un acero frío entraba dentro de mi costado, y cuando miré, de mi pecho salía una daga cubierta de sangre y, en leves susurros, la aparición me dijo: “decidle a vuestro señor que estas tierras son mías y que no quiero volver a veros más en las montañas”.
Cuando terminó con su narración, uno de los allí presentes miró el cuerpo de la chica y vio cómo de su costado manaba sangre, y pudo observar cómo de la herida salían gusanos.
–¿Qué clase de brujería es ésta? -dijo el rey.
-Llevaos a Anguirel a que la vea un medico -dijo unos de los guardias que estaba allí.
Esa misma noche, los justicieros de Ainur marcharon a la cueva de Aldaron. La compañía se componía de cuatro guerreros imbuidos en sus cotas de placas y su espadón, dos montaraces con sus armaduras ligeras y armados con sus arcos y un clérigo.
Cuando llegaron pudieron ver con sus propios ojos lo que la bella chica les había contado. Se libró una dura y cruel batalla: los justicieros mataban a esas criaturas labradas por el mismo Myrcul, pero cuando todo parecía que iba a acabar bien, apareció esa figura siniestra con su túnica roja. La batalla fue de lo más sangrienta: el mago utilizaba todos sus conjuros para derrotar a los justicieros, pero no le sirvió de nada ya que fue presa del cansancio y de la perseverancia de los caballeros. La victoria le costó cara ya que cuatro de sus amigos habían muerto.
Antes de morir el conjurador les echó una maldición diciendo esto:
-Allí donde andaras y aquello que tocaras se partirá para nunca volver a instaurarse. Toda la gloria se desplomará hasta mi vuelta.
Los nombres de los supervivientes fueron: Aranrúth guerrero, Vanyar guerrera, Maglor montaraz.
Todo esto pasó en una noche que para muchos pasó desapercibida, pero que a ellos les marcaría el destino de sus vidas. A la mañana siguiente amaneció con un cielo despejado, y se celebró la ceremonia de los compañeros juntos con la de la chica. A partir de ese mismo momento todo cambió.
Las cosechas eran malas y le siguió un calor asfixiante. La sequía duró meses, y después llegaron las inundaciones unidas a ataques de goblins, trolls y otras criaturas despiadadas. Durante los dos siguientes años sólo quedó una familia de justicieros, que se pusieron el apellido de Anm, viendo que todo lo que ellos más deseaban y por lo que tanto habían pelado para su prosperidad se iba a pique. Decidieron irse de la ciudad que tanto amaban.
Durante muchos años fueron de un lugar a otro buscando la tranquilidad que no le brindaba el futuro hasta que descendencia tras descendencia su nombre y su fama quedaron en un simple recuerdo y el recuerdo en leyenda. Pero algo cambió en la ultima dinastía de la familia Anm: nacieron tres hijos, el mayor Edrahil, Nerdanel la hija y el más pequeño de todos Zoak.
Durante varios años vivieron juntos, pero cuando nació el más pequeño, la infortuna se cebó con ellos. La madre de murió de una enfermedad extraña mientras el padre enloquecía (o eso decía la gente del pueblo). Los niños fueron dados a la guardia del pueblo, y éstos los entregaron a tres familias diferentes.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Opinion |
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25-01-2008 19:25 |
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Aunque las ambientaciones clásicas son siempre de mi agrado. Concuerdo con el mensaje anterior, en que el ritmo de la narración se dispara saltandose los acontecimientos.
Un saludo. Espero tu proxima creacion.
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Muy irregular |
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18-01-2008 09:58 |
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Tiene punto interesantes, e imágenes que tocan mucho (como la herida supurando gusanos), pero en conjunto queda atropellado, como si fuera un resumen. Tendrían que haber nivelado más la historia.
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