La casa de las arañas |
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17-01-2008 17:44
Por: Akhul
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Un breve ejercicio folklórico tópico lingüistico. Espero que, al menos, os entretenga un rato.
-Sí, bueno, una pardina. Ya sabe, para las ovejas. No una casa en realidad, sino para las bestias. Ya sabe, una pardina.
Thomas echó un trago de su botellín de cerveza asintiendo conciliadoramente, no muy seguro de por qué no entendía lo que le decía el hombre -el antiguo propietario, según le había comentado Manu en algún momento de la tarde-; su nivel de español y su nivel de alcohol en sangre podían ser dos buenas explicaciones.
-Es muy bonito aquí -dijo por terciar de alguna forma.
-Bueno, tranquilo, sí. No sé si les traerán agua hasta aquí. Antes había una cisterna, pero no es buena para beber, ¿sabe? Sólo para la bestias, y para regar. Su amigo es arquitecto, ¿no? -Añadió al ver la expresión perdida del francés-. Él sabrá de estas cosas, pero yo creo que esto está muy lejos para que les traigan agua.
-Solitario, ¿verdad? -hizo un nuevo esfuerzo Thomas, rescatando una palabra que ya había oído, para ahogar su vergüenza acto seguido en un nuevo trago.
-Sols, sols, no lo semos mica axí, que ye sempre a taradaña -canturreó el hombre guiñándole un ojo y dando su sorbo su vaso de tinto-. Ya sabe lo que dicen los críos.
Thomas, cada vez más agobiado, se forzó a sonreír de nuevo y, decidiendo que ya era momento de escabullirse, balbuceó una excusa internacional.
-Pipí, un momento.
Detrás de la casa la oscuridad era casi absoluta. Acostumbrado a la vida en París, aquella soledad lumínica le sobrecogió un poco. Sólo brillaban las estrellas en el cielo, y apenas quebraban esa densa penumbra de bombillas huérfanas en el porche y ventanas iluminadas en medio de ninguna parte. El pueblo más cercano, Bernués, era escarcha en la negrura de los montes.
No quería mear cerca de la casa, pues aunque estaban en mitad del campo, le daba cierto pudor. Pero menos aun quería seguir adentrándose en aquella boca de lobo, así que, cuando creyó que la discreción ya era aceptable, detuvo su marcha y se abrió la bragueta. La quietud era tal que se le cortó la meada.
“Mierda”, pensó, “esto es peor que mear en medio de una discoteca. Cualquiera diría que me están observando.” Paseó la mirada en derredor intentando desechar el pensamiento. “Pero quién demonios me iba a mirar.” Entonces, cuando ya creía haber convencido a su vejiga, vio una silueta blanquecina no muy lejos de él. ¿Era una chica sentada? Por un momento se quedó clavado en el sitio, diciéndose que tal vez una de las amigas de Manu había decidido disfrutar también de la libertad del campo. ¿Se pensaría que era un mirón?
Sacó un cigarrillo del paquete y se lo encendió, con la bragueta todavía bajada, sin saber muy bien qué hacer. “Que situaciones más tontas. Siempre caigo en mitad.” A la luz de la llama del mechero, Thomas creyó que la chica le hacía señas para que se acercara. “Bueno”, pensó el joven, “siempre será mejor dar explicaciones ridículas que pasar por un pervertido.”
Bajo las chirucas -como buen parisino, la idea de ir a un pueblo en el Pirineo le sonaba a safari- las piedras crujían de un modo agradable. En el fondo, a pesar de sentirse un poco fuera de lugar, se encontraba bien en aquel sitio. Lo extraño de la situación le daba una desenvoltura que no creía tener; hacía que las cosas encajaran.
-Salut -le dijo en francés levantando la mano amistosamente-. No te había visto. Me hubiera ido un poco más lejos, si no.
Thomas tuvo la impresión de que no conocía a la chica. No era bueno para las caras, pero sí que se fijaba más en otras cosas, como la ropa, y ese vestido blanco no le decía nada. No en combinación con la melena oscura. En la oscuridad no podía estar seguro, pero hubiera dicho que no les habían presentado. La muchacha le sonreía beatíficamente, sin decir una palabra. “Igual no me entiende”. El pensamiento cruzó su cabeza como un rayo.
-No hablás francés -dijo cambiando al castellano sin conseguir formular la frase como una pregunta. Ella se limitó a sonreírle mientras se levantaba el vestido para enseñarle un arañazo oscuro cerca del tobillo.
“Rayos, igual se ha hecho daño y por eso está sentada”. Sintiéndose un poco tonto, y más torpe todavía, se encasquetó el pitillo en la boca y, acuclillándose junto a ella, le palpó la pierna. “Joder, como si fuera médico. Ahora sí que si me ven voy a pasar por un pervertido”.
Sin poderlo evitar, Thomas sintió cómo se le aceleraba el pulso al posar los dedos sobre su pierna. Aparecía fría al tacto, marmórea. Se preguntó de dónde había salido esa chica. En las sombras le parecía muy atractiva, y le extrañaba no haberla visto antes. Quizás había venido desde el pueblo. ¿Se atrevería a tomarla en brazos para llevarla hasta la casa? En las películas resultaba muy seductor este tipo de gesto.
Apartó la mano de la pierna y, al tocar el vestido, se lió con la tela. “Qué tontería”, pensó. “No consigo sacar la mano de sus faldas. Estoy quedando como un rey.”
-Jeje -sonrió a la muchacha, que no había cambiado su expresión risueña. ¿Le estaría tirando los tejos?-. Me he enredado. ¿Me puedes tener el pitillo? -añadió sin pararse a pensar en lo ridículo de la situación. Estaba tan azorado que no le pareció raro su tacto pegajoso.
Dio una calada más al cigarro y se lo acercó a la muchacha. Entonces, a la vista de la brasa, ésta dio un respingo tan violento que le hizo caer al suelo. Thomas sintió un fuerte escozor en el rostro y una inclemente punzada en el culo y en los riñones al clavarse sendas piedras.
-¡Putain! Qué cabrón me he dado -gruñó, intentando mantener un tono divertido, para que la chica no se enfadase con él por haberla sobresaltado. Sus esfuerzos cayeron en saco roto: no había nadie a la vista. El cigarrillo debía haberle curado la pierna de inmediato, si es que no se había imaginado por completo a la muchacha.
Confundido, se levantó y volvió cojeando hacia la casa. El hueso bajo el glúteo le dolía terriblemente cada vez que daba un paso, mucho más que la herida de la mejilla. Malhumorado, se fue a buscar una cerveza. Junto a la nevera de camping se encontró con Manu, quien daba cuenta de un vaso de vino con el “indígena”. Les saludó con un cabeceo distraído.
-¡Hey, Thomas! ¿Dónde te habías metido? -le espetó alegremente el primero-. ¿Y dónde te has hecho eso? -añadió, zascandil, señalando su mejilla.
-Me he quemado, creo. Parte de mi número de seducción con la morena del vestido blanco.
-¿Qué morena? -estaba claro que no iba a zanjar el tema discretamente.
-No sé, la morena del vestido blanco. Una española. Oye, ¿tienes algo para la quemadura? Es que me escuece lo suyo.
-No, no -intervino el antiguo propietario más preocupado de lo que hubiera querido Thomas-. Pa brulur sa. Mordisco. Eso ha sido una araña.
-Anda, pues es verdad -terció Manu sin borrar su sonrisa de borrachín-. Parece una picadura.
-No tiene gracia -Thomas empezaba a sentirse inquieto y las piernas le flaqueaban-. Cómo me va a picar nada, si sólo he estado un momento en el suelo.
Repentinamente despejado, Manu tomó por el brazo a su amigo y lo condujo al interior de la casa. Su palidez le había sobresaltado en el momento adecuado: empezó a desmoronarse escasamente hubieron entrado en la cocina, y apenas tuvo el tiempo justo de sentarlo en una silla.
-Hey, Thomas -le habló para tranquilizarse mientras buscaba azúcar en los armarios-. Te ha dado un bajón de tensión terrible. ¿Has fumado?
El aludido le sonrió débilmente.
-No, no te preocupes. Es que me ha dado un poco de aprensión lo de la picadura. Me tumbo un rato y se me pasa.
-¿Estás seguro? ¿Si quieres me quedo contigo y te hago compañía?
La sonrisa se ensanchó en sus labios.
-Nada, Manu, no te preocupes. Además, el viejo dice que aquí nunca se está solo del todo -bromeó intentando ocultar un regusto amargo en el fondo de su voz.
-Sí, dice que hay muchas arañas -convino-. Aunque creo que ya has visto tú suficientes.
-Sí, bueno. Esta vez igual no me enciendo un cigarrillo -siguió algo melancólico, como si se le hubiera roto un viejo juguete que le gustara mucho, o hubiera perdido un pedazo de magia. Sin entender, su amigo le replico.
-Mejor, sí. Mejor que no fumes más.
Cuando se quedó solo, Thomas derramó un par de lágrimas silenciosas. Se acarició la mejilla, cerca de la picadura, y se sintió inmensamente triste. El veneno le corría por la sangre, y anhelaba otro beso inconfesable.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Muy bueno |
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24-02-2008 01:16 |
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Me ha gustado. Ah... y es que la atracción del mal resulta tan... (valga la redundancia) atractiva... ¿verdad? Me parece tan romántico.
Y curioso experimentar con el lenguaje así, metiendo hablas en los diálogos, yo creo que hasta ahora no lo hice... conservo mi "purista interno".
Un buen rato pasé leyéndote.
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La casa de las arañas |
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29-01-2008 21:48 |
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Para ser "un breve ejercicio" te ha quedado de maravilla este relato Akhul.
Con esa mezcla de idiomas en la narración, le has dado un gran toque de narrativa-realista (desde mi punto de vista).
Gran entrega, que la he pasado de 10.
Salu2.
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¿quién es el misterioso ser? |
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23-01-2008 21:10 |
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¿ejercicio folklórico tópico lingüistico? Intuyo que hay algo de folclore (aragonés para más señas) detrás del relato pero, si es así, no estaría de más alguna observación. El relato es bueno y me gusta la morbosa idea de que el protagonista se enamore de una criatura maligna.
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RE: ¿quién es el misterioso ser? |
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24-01-2008 09:43 |
Bueno, la idea era escribir un relato que el recurso clásico de "lugareño hace referencia a leyenda - visitante se encuentra con ella". Quería ver si aun sabiendo que se iba a encontrar a la taradaña se podía conseguir el efecto "terror" en el lector... o si incluso sería más fuerte por la anticipación. Con Nachob ha funcionado.
De ahí la parte folflórica (imaginaria) y tópica. La parte lingüistica viene de que es la primera vez que meto fragmentos en fabla. El francés ya lo había usado en ocasiones.
Muchas gracias a todos por los comentarios. Dais muchos ánimos
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RE: ¿quién es el misterioso ser? |
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24-01-2008 23:20 |
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Entendido. Es que pensé que la extraña mujer podía tener algo que ver con el folclore, como las anjanas cántabras o las xanas asturianas. Estoy escribiendo sobre esto y pensé que la idea iba por ahí...
Para darte ánimos estamos, Akhul, y también para señalar aquello que sea mejorable cuando corresponda.
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Muy bueno |
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21-01-2008 19:30 |
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Me ha gustado bastante. Has creado un ambiente que casi se palpa. El final lo veo un poco abierto, ¿qué le ocurrirá a Thomas con la picadura?
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Terrorífico |
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17-01-2008 18:26 |
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Cinco estrellas pata negra compañero
Me he asustado y todo cuando lo he leído. Suave de forma, intenso y el momento culmén ¡PAVOROSO!. De verdad, cuando se le ha enredado la mano en el vestido me ha entrado un escalofrio tremendo.
Muy bien escrito, lo cual no es una sorpresa, maduro en estructura y lenguaje, y, sobre todo, TERRORÍFICO.
Y cómo te suele gustar, con un toque evocador de fondo al final. Nos enamoramos de nuestros depredadores...
Enhorabuena...
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Triste... |
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18-01-2008 03:54 |
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Tal vez sea por los ánimos con los que estoy hoy, o que el comentario de Nachob (que hice mal en leer primero), pero no me ha aterrorizado. Más bien, me llenó de una profunda tristeza, una sorda melancolía... Me hizo sentir muy solo.
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