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Pastores de alimañas


Relatos de Ciencia Ficción

22-01-2008 18:23
Por: Akhul

Un relato corto intentando mezclar eso que llaman steampunk y mi obsesión con las ratas.


pastores de alimañas
Wierzbowski escupió un buen salivazo de tabaco de mascar antes de seguir con su perorata.

­-Les llaman ratas, pero en realidad no lo son del todo. Alimañas, sí. Ratas... bueno, se parecen en algo, pero no son como las de antes, ésas que encontrábamos en cualquier sentina. Éstas son capaces de comerse a un hombre en menos de cinco minutos.

Scott sacudió la cabeza, incrédulo. En realidad estaba molesto con el marinero ruso, pero no sabría decir por qué. Quizás esa manía de hablarle sin dedicarle una mirada, como si las chimeneas del East End de Londres fueran mucho más interesante que su cara, fuera lo que le irritaba.

-¿Quién se comería a un hombre, ni en cinco minutos ni en media hora? Hace tiempo que sólo servimos para combustible. Tenemos demasiada mierda química en la sangre.

Wierzbowski sonrió con la mirada perdida revelando una doble hilera de dientes ennegrecidos. La expresión “carente de humor” adquiría otra dimensión en aquella sonrisa; era como un agujero negro que absorbiera alegría.

-Éstas sí. Ya te digo que, en realidad, no son ratas.

El neozelandés echó a caminar sin añadir una palabra, como si cerrar la conversación o continuarla no tuviera el más mínimo interés. No había sido el peor compañero de borrachera que tuviera, pero ya estaba harto de su compañía. El ruso lanzó una carcajada grosera como toda despedida. Estaba claro que él tampoco le echaría de menos.

Los retorcidos callejones adyacentes al Tamesis resultaban especialmente inquietantes en noches como aquélla. No a causa de la densa oscuridad contra la que nada podían hacer las escasas farolas de gas, muchas de ellas rotas por las traviesas chiquilladas que malvivían entre toneles y viejos botes, sino por la llamada sopa de guisantes, la viscosa niebla verdosa que se posaba como un mal agüero sobre los incautos que no se retiraban a tiempo. Scott, definitivamente, odiaba aquella ciudad. Si no fuera por las fábricas, vomitando constantemente los productos más codiciados del orbe, jamás hubiera puesto los pies en la capital del mundo. Pero la marina mercante tenía sus exigencias, y, algunas, eran también suyas.

Para terminarlo de arreglar, la estúpida historia sobre las alimañas devoradoras que habitaban en las cloacas le atormentaba. ¿Habría algo de verdad en lo que contaba? En sus numerosos viajes había constatado cuán tenaces pueden ser las ratas hambrientas, pero, ¿atacar y devorar personas? El plan de vacunación exhaustivo de Sir Henry Blake había convertido al ser humano en la cosa menos apetitosa del universo. ¿Por qué intentaría ningún animal devorarlo? Y, sin embargo, a pesar de estos buenos motivos no podía dejar de preguntarse qué efectos podían tener en las ratas de cloaca los litros de compuestos químicos que vertía la City a diario.

Se subió el cuello del gabán e intentó no pensar más en ello. Seguramente, sólo habrían atacado a algún despistado que hubiera escapado del plan de vacunación; algún loco o algún fanático. Si fuera posible lo contrario, pensó, no había motivo para que los ataques fueran aislados, algo que pudiera escapar a la prensa. Las ratas eran una fuerza viva en Londres, como habían puesto de manifiesto durante el Año de la Plaga. Y la discreción no era su fuerte.

pastores de alimañas
Distraído por sus pensamientos y desorientado por la densa niebla, Scott no se dio cuenta de que había descendido a los muelles fluviales hasta que fue demasiado tarde. “Demonios”, pensó con aprensión, “sólo falta que me asalte algún ladrón.” Para su horror, paradójicamente, las decenas de ojillos brillantes que se iluminaron a su alrededor no pertenecían a ningún ratero. “Dios mío...”

Ratas. Negras. O algo peor. Demasiado grandes, quizás. Demasiado osadas. Sus ojos le diseccionaban fijos, inmóviles en sus atalayas a lo largo del muelle. Sus uñas afiladas brillaban siniestras en mitad de la penumbra.

Scott llevó lentamente la mano al bolsillo trasero de su pantalón, pero antes de que pudiera sacar su navaja, cuando los dedos ya acariciaban su mango marfileño, un restallido detuvo su gestó poniendo en fuga a los impresionantes animales. Un hombre contrahecho, cubierto con un raído guardapolvos, le sobresaltó acto seguido apareciendo a sus espaldas, silencioso como un gato.

-Buenas noches nos dé Dios -le saludó el siniestro personaje llevándose el látigo hasta la visera de la gorra.

Inmediatamente, lo blandió de nuevo contra las ratas, obligándoles a recomponer un remedo de manada. El neozelandés apenas consiguió balbucear una respuesta.

-B-buenas noches.

El tipo, divertido con su expresión, se paró todavía a hablar un poco. Claramente, le regodeaba haberle sobresaltado.

-No es usted de por aquí, ¿verdad? ¿Marinero? -Scott asintió-. Mejor que se aleje de los muelles, no vaya a ser que algún compañero esté menos atento que yo y le salten encima estas bestias. -Captando la mirada repugnada que dedicaba a su “rebaño”, añadió-. No las juzgue tan severamente, marinero, que aunque no sea cristiano que se coman a la gente, bien sabrá la reina Victoria que hacer con ellas... ¡y a mí me pagan buenos chelines por llevarlas al redil!

La obscena carcajada del personaje le sacudió con más violencia de lo que hubiera podido su látigo. Asqueado, Scott se tocó la gorra a modo de despedida y se dio media vuelta, alejándose de esos ojos de pesadilla. Cuanto antes estuviera en su barco, pensó cuando echo a correr, mejor. Al diablo sus alimañas y sus fábricas.

 



Luz perdida
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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Muy bueno
12-03-2008 13:46
Este es de los relatos que más me han gustado. A diferencia de otros que has colgado últimamente, en éste has dado con un buen final. A destacar la caracterización de los personajes; incluso los secundarios son memorables.

   Muy buena ambientación
07-03-2008 22:31
Y es que creo que me repito en los comentarios cuando te leo, pero es que es verdad, ambientas muy bien las escenas tétricas. El caso es que en este caso no sólo me he quedado con ganas de más si no que creo que a l relato le faltan palabras, no sabría definirlo exactamente el que, pero quiás un redondeo al final, algo más siniestro.

   Bien
24-02-2008 01:24
Es cierto, tienes una obsesión, y me gusta tu obscura obsesión. No sé por qué me traíste a la mente a Grenouille y su perfume, y las apestadas calles de Francia, cuando te leí. Me gustó hacerlo; un relato corto y eficaz.

Te muestro dos faltillas que encontré, anecdóticamente, puedes comentar que fue una "transfusión de tildes impuesta por el autor":

gestó - gesto

echo a correr - echó

   Muy Bueno!!
29-01-2008 21:36
Muy buen relato Akhul; te felicito mucho.

(Y si que tienes cierta obsesión por las ratas eh! jajaja!).

Salu2.

   Máquina
22-01-2008 18:41
Que bien escribes y con que facilidad.

Perdona que insista, pero en estos momentos en los que escribir a mi se me hace tremendamente pesado y no me salen ni las ideas ni las palabras, ver este fluir armonioso me maravilla.

Buen relato, lleno de evocaciones inquietantes y perturbadoras. La realidad siempre nos supera.

Enhorabuena.

   RE: Máquina
23-01-2008 08:59
Gracias por los ánimos, compañero. En realidad estoy un poco como tú: bloqueado. Pero el forzarme creo que me ayuda.

   Genial ambientación.
23-01-2008 11:58
Estoy de acuerdo con lo que dicen por arriba, lo que escribes suena tan sencillo, tan correcto y amable que parece que te salga así, porque si. Sin esfuerzo.

Enhorabuena por el cuento, no te extrañe ver publicado un dia de eestos la conversación entre marineros y sus historias que llevo pensando un tiempo... me has dado alimento

jeje ;-)



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