A Life Once Lost: Iron Gag |
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24-01-2008 12:45
Por: Locky P.
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A Life Once Lost, buscan la originalidad dentro del metal turbulento y nos entregan su quinto álbum, Iron Gag, una apuesta por la ampliación de horizontes.
A Life Once Lost, proceden de Philadelphia; Iron Gag es ya el quinto álbum desde su creación en 1999. El sonido de la banda se ha caracterizado por mantener una constante evolución, mezclando perfiles que incluyen una estructura principal ligada al, tan actual, metalcore, con referencias de marcado y corrosivo acento heavy, e incrustaciones subliminales de rock sureño. Una mezcla que destila originalidad y se desmarca de los tópicos del estilo para penetrar en un territorio más personal.
Iron Gag, nos muestra a una banda mucho más madura, que ha tratado de alejarse algo de los extremismos para involucrarse en coordenadas cuyos argumentos determinan una diversidad de matices altamente competitiva.
A Life Once Lost, han apostado por la creatividad, transformando su entorno en esquemas que destacan por su compleja elaboración. Cada composición ofrece vértices diferenciadores, aunque el denominador común lo protagonicen unas guitarras abrasivas, aportadas por Robert Carpenter y Douglas Sabolick.
Desde el comienzo, con Firewater Joyride y Detest, el groove guitarrero define el sonido del álbum, conviviendo con precisión y eficacia los riffs musculosos junto a solos incisivos y alguna que otra filigrana. Un arranque verdaderamente vertiginoso, arropado por la agresiva y rasposa voz de Robert Meadows y una sección rítmica de dinámica resolutiva en la que están incluidos, Nick Frasca (bajo) y Justin Graves (batería).
Con la entrada de The Wanderer, pisan el freno para mostrarnos un ritmo más pausado y marcado, además de la inclusión de unas guitarras desequilibrantes cuyas referencias pueden fácilmente asociarse al southern rock.
Luego, en Worship y All Teeth, retoman el camino de la dureza, cargando la atmósfera de mordacidad y elementos abruptos cuya mutación multiplica la ferocidad para producir un efecto embriagador hasta el final. Y, sin permitirse desfallecimientos, nos entregan otros brutales encuentros desestabilizadores en cortes como, Meth Mouth, Mask, Others Die, Silence y III Will.
Un álbum entretenido e incisivo cuyos turbulentos planteamientos desprenden un excitante magnetismo.
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