El color de los sueños |
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27-02-2008 15:10
Por: Solharis
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Porque los milagros ocurren no sólo en Navidad y la vida puede ser realmente maravillosa. Un relato feliz para gente a la que le gusta ser feliz.
Es todo un rito, aunque no se lo crean, como cuando nuestra abuela sacaba el bizcocho todavía caliente del horno para repartirlo entre mi hermano y yo, que ni nos atrevíamos a pelearnos por quién tenía el trozo más grande. En paz descanse esa santa mujer, pero fue en mi padre trinchando el pavo de Navidad en quien pensé mientras cortaba con la navaja la bolsa de plástico. No sé si se hubiera sentido orgulloso de mí, tengo razones para pensar que no, pero ahora era yo el hombre de la familia y el que tenía que trinchar el “pavo”.
Lo hice con delicadeza para que no se derramase una sola partícula de valiosísimo polvo y me llevé el filo de la navaja a la lengua. Lo paladeé tomándome mi tiempo y es que estoy hecho todo un gourmet. Créanme, hay que ser un buen catador para saber si la mercancía es buena.
-Excelente -fue mi veredicto, y a mi hermano se le puso una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Es pura? -insistió.
-Tan pura como la virgen María –le respondí, y siempre he sido un buen católico-, y tan blanca y tan fina como la nieve por la que lleva Santa Claus su trineo.
¡Qué contento se puso mi hermanito! Parecía un niño con un juguete nuevo. Hasta me abrazó y empezó a agitarme como si fuera un oso de peluche. ¡Y todo eso sin estar colocado! ¿O quizás habría tomado algo para empezar bien el día? No lo sé, pero estaba dándome de besos en la mejilla. Siempre ha sido mi hermanito pequeño, el más cariñoso de la familia.
-Venga -le dije, casi riendo-, déjate de besuqueos que no soy tu novia. Pues claro que es buena. No sé cómo harán este nuevo producto pero recuerda lo que te digo: la heroína es historia. ¡Hasta el estiércol me iba a tragar yo a bocados si supiera como esto! Pero déjate de mariconadas, que me estás babeando la cara…
Por fin se paró. Contemplamos la mercancía que había sobre la mesa, un verdadero tesoro metido en bolsas de plástico. Los piratas de hoy no metemos nuestros tesoros en bonitos cofres sino en maletas pero yo les digo que aquello valía infinitamente más que cualquier lingote de oro. Todavía quedaba buscar compradores pero nos había tocado la lotería. Una nueva droga y de la mejor calidad. Lo menos podríamos sacar doscientos mil pavos. ¡Se dice pronto!
Mi hermano probó un poco.
-Joder, hermano. Es cojonuda. Esto hay que celebrarlo… ¿Quieres que llame a un par de furcias? ¡Este año las navidades las vamos a celebrar a lo grande!
-Prefiero viajar un rato al país de los sueños, hermanito. ¿Quién quiere echar un polvo teniendo este polvo de sueños? –me reí mi propio chiste, perdónenme si les ha parecido malo-. Dios, es tan blanca como la nieve, como el azúcar, no, es del color del que están hechos los sueños…
-¡Joder, tío, menudo poeta estás hecho! ¡Y sin colocarte ni nada!
Sí, éramos felices como hacía demasiado tiempo que no lo habíamos sido. Tantos meses de trabajo habían valido la pena, meses de buscar contactos, de miedo permanente a la policía, de vivir en aquella pocilga… El apartamento era una verdadera mierda, construido hacía décadas para algún programa de vivienda social. El empapelado de los años setenta se desprendía en algunos sitios. La iluminación era deficiente porque las únicas ventanas daban a un patio oscuro, de modo que teníamos que tener la luz encendida todo el día. Si fuera tan rico como para tener un caballo, le compraría un establo mejor.
No importaba eso. Busqué un bolígrafo bic y lo vacié. Me tumbé en el sofá, me serví un poco de polvo en un cenicero, metí el bolígrafo y a esnifar. Es maravilloso. Sólo tienes que hacer sniff y el malestar se va en un plis…
Fue meterse en mi nariz y terminar los malos rollos. Me invadió enseguida una profunda paz interior, y eso que apenas me había metido todavía. Miré a mi hermano, que se había dado más prisa. Estaba riéndose pero no me pregunté de qué. Cuando eres verdaderamente feliz no te preguntas el porqué. Ríes de pura felicidad porque todo es gracioso y nada te importa. Podrían sacarte un ojo con un destornillador y seguirías riendo. Aquel polvo era maravilloso. Pronto empecé a reírme de la boca de mi hermano, cada vez más grande… ¡Pero qué dientes más largos tenía el muy capullo! ¡Y todavía hablaba de llamar a unas furcias teniendo la felicidad dentro de una bolsa y al alcance de la nariz! Sí, iba a ser la más flipante Nochebuena de nuestras vidas. Me partía el culo a carcajadas.
Hasta que el sofá comenzó a temblar. Luego las paredes se resquebrajaron y el techo desapareció. Me encontraba al aire libre y veía el cielo estrellado con la misma claridad con que veo ahora este puto papel en el que escribo. Pero lo más increíble es que el sofá volaba por los aires cual alfombra mágica y allá abajo estaban los rascacielos de Manhattan. Como lo oyen. No tuve miedo ni me mareé. Seguí riendo a carcajadas porque había probado de todo y alucinado con cosas tan extrañas que no me creeríais... pero aquello fue lo más grande que he vivido nunca, tan real que, ¡santo Dios!, nunca pensé que pudiera fliparse tanto. Era la felicidad hecha polvo, como quien dice. Eso sí era un polvo mágico y no los que utilizaba el puto Merlín.
Pero el sofá ya no volaba solo sino que unos renos flotantes tiraban de él. Entonces... ¿Hace falta que diga quién estaba sentado a mi lado, con las bridas de los renos en las manos?
-Hohoho... ¡Feliz Navidad!
¡Sí, era el mismísimo Santa Claus! Tal y como siempre lo había imaginado: tan gordo que ocupaba la mitad del sofá y con las mejillas coloradas. Para partirse el culo a reír. Nunca había flipado tanto en mi vida y aquello estaba empezando.
-Joder, Santa, tenía ganas de conocerte yo... ¿Traes regalos?
-¿Ya te has portado bien este año?
-Hombre, no sé qué decirte...
La verdad es que bien, lo que se dice bien, no estaba muy seguro de haberme portado. Hay mucha gente que piensa que el narcotráfico está mal. Yo creo que cumple una importante función social y que es una gilipollez pagar a un psiquiatra cuando una rayita te sirve igual y al final te cuesta lo mismo una cosa o la otra. Pero yo no quería discutir con el bueno de Santa.
-No te preocupes. La vida es dura y me caes bien. ¡Palabra de Santa Claus que tendrás tu regalo!
-Vale, pero que no sea una corbata, por favor.
-¿No quieres cantar? –me preguntó, y empezó a cantar “Jingle bells”.
Eché la cabeza hacia atrás porque me estaba partiendo el culo de risa. Era maravillosamente real el viento en la cara.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Concepto muy bien, escenario deslabazado |
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28-02-2008 10:27 |
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Un relato francamente entretenido. El viaje onírico del personaje, como un cuento de Navidad a la inversa, me ha parecido muy conseguido. El carácter del mismo se ve muy bien desarrollado, y la idea de fondo llega con toda su carga sarcástica sin restarle un ápice de fuerza.
Ya no me parecen tan redondos algunos detalles de la ambientación. Están en Estados Unidos, ¿no? Pero dónde... Porque lo de tener ¿cocaina? en un pueblo pequeño no creo que sea habitual en todos los estados. Luego, la droga es cocaína, ¿no? Pero ésta no es alucinógena, por lo que me asalta la duda.
Luego lo de los gustos musicales me ha chirriado un poco, porque los Doors e Iron Maiden son de dos movimientos distintos y que no tienen mucho que ver, ni siquiera cronológicamente, y si los personajes son de poco criterio les podrían haber tirado más grupos del mismo género, o más de moda para su época.
Pero bueno, son detalles que no empañan el concepto central.
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RE: Concepto muy bien, escenario deslaba |
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05-03-2008 19:59 |
¡Pues no me había dado cuenta de que estaba mi relato! Sé que es un poco largo, así que te agradezco especialmente tu comentario. Comentario además bastante lúcido. El escenario es deslabazado como dices pero hay detalles tan americanos que era difícil no situarlo en EE.UU. Sinatra o Santa Claus no hubieran encajado muy bien en España. Aun así, creo que flojea un poco, como el tema musical... Bueno, es que tengo un amigo con esos gustos musicales y quise hacerle una pequeña broma. También me temo que yo soy más de Frank Sinatra que de Iron Maiden...
Pero me alegro de que te resultase entretenido. Te confieso que disfruté mucho escribiéndolo.
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