Entre fogones y ardores |
|
01-04-2008 00:36
Por: velectric
|
|
 |
|
UNO
Mira la guindilla hendida
en nuestras bocas. Coge el pan
y nutre el cuerpo con aceite.
Que hirviendo está en nuestras mentes.
Y salpica en nuestras caras.
Y domina nuestros abrazos,
gestos, sueños, de mis orquídeas.
Dispón de chulla a medida,
antes de que el carnicero
proponga al cancerbero
que devore tu equilibrio.
DOS
Me mantuve distante
y malgasté masticando
las horas sangrando.
Sí. Poco hecho.
Al tanto estaba tu pecho
y malgasté suplicando
las horas marcando.
Sí. Las diez menos cuarto.
Ahora, estás en la piedra
Caliente. Esperas mi acto,
los dedos doblando,
los ojos hablando.
Sí. Y yo, requemado, a las tres y cuarto.
TRES
Con el paño se aguarda
cada día, con miradas.
Da igual si higo o plátano,
en la sartén: sólo pimientos, de los picantes.
Y no quiero hablar aquí
del entrecot al punto de sal.
Y no quiero hablar aquí
del canónigo, y menos del obispo
que sermonea, y su aliento,
mezcolanza de perfumes
de iglesia…en ruinas.
Sólo quiero despepitar:
no del melón, no de la sandía,
sólo de ti.
CUATRO
Bajo la alcachofa
te espero. Me esperas
bajo las sábanas
aterciopeladas
negras
brillantes.
Tibia el agua
los barómetros
marcando
la dirección
y me frenas.
Y yo con el pachulí
tragando
el olor
el aceite
esencial.
CINCO
Yo no sé de filosofía,
ni quiero saber de mitología,
pero tiro del fino hilo de tu piel
al son de documentales de anatomía.
Mientras, una ensalada:
aceite, sal y vinagre,
aguarda en la cocina.
Y las vecinas,
mil pesadillas.
Me miró una en la tumba,
alma con sonrisa malévola.
Cuando tú agitabas mi cabeza...
Cuando tú aireabas mi presencia…
SEIS
Quieras o no, faltan
seis minutos de los platos.
Entre fogones y ardores,
y el lavavajillas en marcha,
cojo la vía fácil,
tú, la laberíntica;
que la carne se quema
y la sangre se para:
entrambas, las cazuelas
se deslizan
por mis montes de palmito,
y tus montañas de arbustos,
y abajo, yo entro en el laberinto
y tú sales del desfiladero.
SIETE
Cúbrete bajo la sábana,
tápate los oídos
como yo ― que me mantengo al margen ―
¿No ves que esos “qués” hirientes
nublan nuestro ir y venir
(las veces que podemos, musical)
y enrabietan, apagan, congelan…
Muertos. Muertos nos quedamos,
(¡o nos dejan!)
atascados, como aguas cenagosas
una vez, y otra, y otra…¡y otra!
OCHO
¿Por qué siempre aquel sentido?
¿Será que te gusta inclinarte
a lo oblicuo, a lo retorcido?
El viernes no nos vemos.
Ya está, ya se está aburriendo.
No me aburro. Necesito navegar
por mis mares. Estar solo. O sólo no haciendo
nada (¿malgastando el tiempo?)
No lo creo.
¿Yo dialéctico?
Más bien prosaico. O poético.
No rices el rizo. ¿Y por qué no?
(Ahora dirás que no. Ínsulas fajas paupérrimas…)
NUEVE
Defensa de la camiseta:
Como una mancha
rápida
infinitos echos, multidireccionales.
Yo, agobiado,
prefiérola ceñida
como el anti-bistec
de mis pesadillas.
Pero hay echos maravillosos,
compuestos de aguas, ¡ Oh, Poseidón!
¡dulces!, ¡mantén siempre activas
las máquinas, fuente de toda relajación!
DIEZ
Enfermo de este poemario,
¿Me adaptaré a mis designios,
fruto del pensamiento colectivo
que inunda mis deseos de
barrizales virginales,
de castraciones antiprimaverales,
de anti-vida de uno mismo,
del solsticio inminente robado?
ONCE
Lo vi.
Lo vimos.
Lo estamos viendo.
Puestos los fogones,
sucedió, sucedieron, están sucediendo.
No practican (parece)
el ardor íntimo,
sino el que viola, obscenamente,
la tranquilidad.
Una y otra vez,
movidos por Dios o Satán
(no sé cuál es peor)
invaden, sacan las lanzas mortecinas.
DOCE
En medio de la bolsa
aguardan los comensales
hambrientos, cuasihéticos.
Ya han pasado como veinte años
que no nos comemos. Un ejército de
corte eléctrico es nuestro libro sagrado.
Mis momentos: digestiones de espiral caótica.
Tus momentos: migraciones de laberinto oscuro.
Nuestros momentos: relámpagos opuestos hacia nuestro,
tú el tuyo y yo el mío, PARAÍSO.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|
|
|
| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
 |
| Tema: |
Autor: |
Fecha: |
|
Joder |
|
|
08-04-2008 21:29 |
|
Para los amantes que, entre ellos, se entiendan.
Pues sí... compañero de batallas transversales, huele a ti y no voy a decir que sabe a ti porque suena muy homosexual; aunque el que no sea idiota entendería la metáfora sinestésica.
En ciertas partes, realmente, no es muy de mi gusto el estilo que tomas; pero en otras realmente consigues transmitirme bastante esa esencia poética que como decía Borges, es indefinible, como el atardecer o el sabor del café o el color rojo. Y con pocos versos, pocas palabras, pocos nexos.
Me gusta, y otras veces no. Quizá le gustará más a la amada, a la de los pechos regios y el café caliente de la mañana, o el nocturno plátano exótico y desmembrado. Puesto que se fundirá más en tanta catarsis láctea.
Sonrisas diabólicas.
|
|
:P |
|
|
01-04-2008 00:41 |
|
Paso a dejarte comentarios en otro momento que esté menos liado, ya que ando estudiando toda la literatura, como bien sabes.
De momento ahí lo dejo, para que los que quieran admiren tus versos (si es que hay alguien por ahí).
Un abrazo, amigo.
|
|
|
|
|
|