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Las esferas de Níobe


Relatos de Fantasía

17-03-2008 14:10
Por: velectric

Bajo el fulgor del amanecer, la reina meditaba sobre la suerte de los mortales, que estaban al amparo de los siete retoños (cuatro varones y tres hembras) nacidos de culturas muy distantes. Y es que los amoríos de la reina cruzaron los océanos, los mares, los lagos y los ríos. Una vez consumados los actos, el pelo lacio, brillante y violeta dejaba exhausto al hombre más varonil que se presentara.


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“No hay dama como tú”, le susurró una vez al oído Nereo, mientras sus ojos se clavaban en los pardos de ella. El hijo de entrambos, Nemento, gobernaba la zona de los océanos junto con Supinta, primogénita de Níobe. A veces se envalentonaban para conseguir ganado vacuno, porcino y equino, y no pocas hierbas aromáticas como el eneldo y el chalote, no olvidando hojas varias tales como rúcula, lechuga violeta eléctrica y col agripicante. Esto significaba que los nacidos allí traspasaban los límites establecidos haciendo que se encolerizaran los hijos del no mar.

Todo lo contrario sucedía en las posesiones de Jápeto y Silvina, cuyos mares rebosaban una tranquilidad inaudita. Se sabe que cada cinco lustros hay una plaga de medusas. Pero ellas no pasaban del linde y eso que había una masificación extrema: por cada centímetro cúbico de agua, cinco medusas de diferentes tipos. Estaban muy bien amaestradas. Antes bien, eran los terrícolas los que invadían y cercenaban produciendo un olor nauseabundo en las fronteras.

En tierras de Redión y Amastea, matrimonio nacido de la unión bárbara con la mesopotámica, criaturas eléctricas nadaban por sus aguas. En el lago Azfundur, las criaturas incubaban los huevos que en un futuro habrían de poblar esta aguas, ora saladas, ora dulces.

El único príncipe que no necesitaba mujer alguna para gobernar era Zumasú, el más retorcido entre los nacidos de Níobe. Su corpulencia era desmesurada. Ni su madre puede decirle de dónde proviene el semen pues la explosión se produjo después de una fiesta sin igual en el inframundo. Pero he aquí el detonante de lo venidero: Zumasú frecuentaba los aposentos de sus hermanas en ausencia de sus cónyuges y practicaba gimnasia amatoria frenética con ellas. Después se bañaba desnudo en su río Omitión y no había ojos aparentes que lo miraran.

Ya estaba declarada la guerra. Y era una contienda multidireccional, alimentada por la naturaleza poligámica de estas gentes.

Nemento recorrió océano por océano hasta que en el Índico encontró a la bestia necesaria para librar la batalla: una raya gigante. La bautizó Jamaica, la cual era capaz de inyectarte un veneno mortal produciendo taquicardia a los cinco minutos. “Nadie podrá detenerme”, pensaba Nemento con un rictus de felicidad. Pero antes, quería acabar con su mujer, para lo cual, le cercenó los brazos, las piernas y la lengua hasta que se desangró. Su sangre fue vertida en el Pacífico en medio de la nada.

Mientras tanto, Jápeto se fundió con su flamante esposa en el Mar Mediterráneo, haciendo el amor una y otra vez. La quería tanto que, a pesar de saber que era cornudo, prefirió morir con ella en el roce de una medusa ultravenenosa de más de veinte metros de altura.

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Una música sonaba proveniente de la tierra húmeda y fecunda donde Ártemis cazaba su jabalí de los martes. Una semidiosa tañía su lira con suma delicadeza cual si las cuerdas fueran sus clítoris (tenía más de cien). Se celebraba la caída de Jápeto, Silvina y Supinta. Pero todavía quedaba Nemento; para lo cual, los terrícolas dioses, semidioses y mortales maquinaban con bosquejos la manera más sutil de hacerle sufrir.

En aquel tiempo, Redión y Amastea habían fallecido a manos de su hijo Nesión que, movido por una fuerza extraña, los envenenó mientras presenciaban una agradable dramatización sobre el origen del pueblo griego. Sin duda, eran los más cultos de entre los hijos de Níobe.

Y Níobe se reía. Se jactaba de haber engendrado a los seres más temibles de la historia. Nemento paseaba con Jamaica buscando lugares perdidos. Y Zumasú devoraba cangrejos, salmones y truchas provocando la ira del viejo Nereo. Éste, sin mediar palabra condujo a Nemento, mediante técnicas de pensamiento que sólo los dioses poseen, hacia Zumasú.

La última batalla estaba presenciándose a los ojos de la abuela y el nieto. El primer golpe lo asestó Nemento que, con su raya infernal, clavó el veneno en el cuello de Zumasú. Pero era tal la corpulencia y la sangre mágica que poseía el guardián de los ríos que el veneno ni siquiera hizo efecto. Níobe echó una mirada cómplice a su nieto, pero éste no la captó. Él ni siquiera se había parado a pensar el porqué de su doble parricidio. Su corazón estaba maldito: ni el más fuerte abrazo maternal podía enternecerlo.

Era una batalla sin igual. Zumasú tenía la ayuda de la maquinación de los terrícolas que querían vengarse de Nemento, por invadir sus tierras. Pero es que Nemento recibía el calor de su sobrino y de su madre. “Nemento, aséstale un golpe en la coronilla, que es su punto débil”, conseguía pensar Nemesto. Pero, aunque Zumasú no fue engendrado queriendo, su fuerte madre, se debilitó, su corazón se enternecía y más teniendo a su nieto al lado. “¡Hijos míos, parad, basta de guerras crueles!”, gritó Níobe, aturdida, con la palidez propia de una madre que sabe que va a perder a sus retoños.

Y así, hubo una gran explosión. Cercenados los miembros de los dos hijos, la batalla había tenido un final trágico. Los restos de Zumasú y Nemesto los recogió Nesión, que ante la atónita mirada de su abuela los engulló y, posteriormente, sin mediar palabra y tarareando una melodía infernal asestó una patada al vientre Níobe, una vez bella y hermosa, profiriendo: “Abuela, que lo que creó a estos seres infernales recoja su merecido”. Y al punto, Níobe yacía en el suelo mortecina toda ella. Nesión se fijó en las esferas que tenía su abuela como pendientes y se las llevó.

Logró saber que esas esferas tenían el poder de la creación y de la destrucción, y como se enteró de que sus tíos Jápeto y Silvina se destruyeron entre otras cosas por la invasión de los terrícolas ordenó a sus poderosas esferas que los fulminara a todos. Y así fue. Desde entonces, él, Nesión I, el libre de todo pecado, el gran príncipe culto de entre los cultos pensó en formar un nuevo mundo. “En este primará la rectitud, la cultura y la protección eterna, estad tranquilos, hijos míos”, se dijo. Y se colgó sus ahora esferas.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Bizarra incursión mitológica
17-03-2008 14:15
Me gusta esta especie de reivindicación de la maravilla salvaje de la mitología clásica, pero no me termina de convencer la forma.

Hay una frase, en concreto, que no entiendo qué quiere decir:

"Pero, aunque Zumasú no fue engendrado queriendo, su fuerte madre, se debilitó, su corazón se enternecía y más teniendo a su nieto al lado."

   RE: Bizarra incursión mitológica
17-03-2008 15:46
Con esa frase quiero decir que, aunque no "fabricó" con cariño a su hijo, ante una circunstancia extrema su corazón puede llegar a enternecerse.

Es algo así como el "hijo no querido" que se salva gracias al peso mismo de la historia.

No sé, quizá es algo enrevesado.

   RE: Bizarra incursión mitológica
18-03-2008 09:01
velectric dijo:
No sé, quizá es algo enrevesado.


Creo que es por las comas. Creo que sobra la de "su fuerte madre, se debilitó" para que se entienda mejor. En el contexto quedaba más o menos claro.

Gracias por las aclaraciones

   RE: Bizarra incursión mitológica
18-03-2008 17:55
Akhul dijo:
velectric dijo:
No sé, quizá es algo enrevesado.


Creo que es por las comas. Creo que sobra la de "su fuerte madre, se debilitó" para que se entienda mejor. En el contexto quedaba más o menos claro.

Gracias por las aclaraciones


Tienes razón, esa coma le sobra. Si puedes, quítasela. ¡Qué despiste!

   RE: Bizarra incursión mitológica
17-03-2008 15:48
velectric dijo:
Con esa frase quiero decir que, aunque no "fabricó" con cariño a su hijo, ante una circunstancia extrema su corazón puede llegar a enternecerse.

Es algo así como el "hijo no querido" que se salva gracias al peso mismo de la historia.

No sé, quizá es algo enrevesado.


"Se salva" (del no amor de su madre)



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