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El superhéroe después de Watchmen


Opinión

19-02-2008 16:04
Por: Anne Bonny

Una vez leí, o soñé que leía -y no sé a quién, la verdad-, que Alan Moore había sentenciado a muerte el cómic de superhéroes después de publicar su obra maestra “Watchmen”. Declaraciones de este calibre tienen que ser necesariamente exageradas, pero creo que no deja de ser interesante pararse a pensar en la parte de verdad que encierran.


Alan Moore
Si ni “El Quijote” acabó con los libros de caballerías, y en parte se podría pensar que era su intención, raro sería que “Watchmen” acabara efectivamente con el mundo de los superhéroes. Esta obra multipremiada (dos premios Kirby, siete premios Harvey, cuatro premios Eisner e incluso un premio Hugo, que se concedió por primera vez a un cómic) ha supuesto un cambio en el género, qué duda cabe, pero más cerrar vías futuras yo creo que ha abierto nuevos caminos.

Está claro que, en comparación a la producción previa, Watchmen suponía, en efecto, un enfoque maduro del tema superheroico. Los personajes adquieren más trasfondo en los pocos números que componen la colección que los superhéroes al uso en las titánicas series ilimitadas que les han servido de marco tradicionalmente. Asimismo, se abordan las implicaciones que tendría la existencia de superhéroes en el mundo “normal” desde una óptica más realista que la habitual -que, todo sea dicho, durante años se ha reducido, prácticamente, a un “¿es un pájaro? ¿es un avión?”-.

Este estudio psicológico de los personajes disfrazados, en el que no se ponen cortapisas a insinuaciones sobre la sexualidad o las tendencias políticas de los que recurren a tales “uniformes”, y el desarrollo de los personajes implicados en la trama ya es de por sí apabullante, pero no es ni mucho menos lo más impresionante del conjunto. Ni siquiera lo es el inteligente análisis sociológico del escenario.

La precisión narrativa de Moore, de hecho, puede que sea lo que más sombra haga al desarrollo normal de lo que es una historia de superhéroes. Como es normal en series limitadas de larga extensión, en las colecciones estándar del género nos encontramos con aventuras ligeras en las que la complejidad de la trama depende más del acierto a contrarreloj del guionista de turno -que debe lidiar con todas las restricciones propias del particular sistema de propiedad intelectual del cómic estadounidense- que de una planificación pausada y milimétrica... todo lo contrario a lo que ocurre con Moore. A mí, desde luego, las referencias al relojero en el capítulo del doctor Manhattan me parecen más un guiño metaliterario que una simple metáfora. Desde este punto de vista, la batalla es desigual, pero como viene de la mano del genio de Moore es difícilmente censurable.

Alan Moore
Cuando uno observa detenidamente la estructura narrativa de Watchmen, sobre todo en las relecturas, es imposible no sentirse fascinado. Todos los elementos están ahí desde el principio, y a pesar de la riqueza del escenario no es fácil perderse. Moore, además, se permite narrar en varios registros, introduciendo relatos, falsos reportajes y otros anexos de letra pura y dura al final de cada entrega (como hizo también en “La liga de los caballeros extraordinarios”, aunque con menos acierto, a mi parecer). Y luego, dándole una vuelta de tuerca al conjunto, se permite añadir un segundo cómic dentro del primero en el que sublima un segundo género, esta vez el pulp de piratas: Los relatos del navío negro. Para más INRI, el “autor” del cómic, que casi adquiere entidad propia, es un personaje del propio Watchmen. Y nada de esto es superfluo o excesivo.

Palabras como “alarde” o expresiones como “rizar el rizo” vienen inmediatamente a la cabeza cuando se ve este despliegue, y además se mezclan con un extraño deseo de conocer más sobre las historias que se entretejen en la historia principal, o bajo ella. Y cuanto más se profundiza, más se da cuenta uno del trabajo de precisión realizado: viñetas que reflejan el rostro de Rorschach, saltos temporales que reflejan el espíritu del doctor Manhattan, implicaciones sociales y personales de las premisas de la propia trama, una nueva cultura nacida bajo los auspicios de la existencia real de superhéroes en vez de un remedo de nuestro mundo con tíos en leotardos que vuelan, una trama policíaca con todos los cabos sueltos que encajan y que, además, nos muestra la única historia realmente interesante en un mundo en el que realmente existiese lo que se nos presenta, una elección de personajes precisa hasta el absurdo para mostrarnos todos los registros que quería mostrarnos...

Alan Moore
Releer Watchmen me ha supuesto la constatación de estar ante una obra a la que no podría cambiarle una coma sin deteriorarla, y eso da un cierto vértigo. Incluso el dibujo de Dave Gibbons, que durante la primera lectura no me gustó, me ha acabado resultando genial: el modo en el que retoma el espíritu de las primeras publicaciones de superhéroes es sublime y, además, el único lógico. ¿Cómo exponer todo lo que expone Watchmen con otro lenguaje gráfico sin despistar al lector? Si había que crear la obra cumbre de la literatura superheroica, había que hacerlo con esa estética. Del mismo modo que si había que salvar el mundo en mallas, no había otro modo más adecuado que el que emprendieron los Watchmen.

Ahora habrá que ver cómo se adapta semejante obra a la pantalla (no sé quién demonios ha podido tener el valor de emprender semejante proyecto), y también habrá que reflexionar sobre la maravilla que constituye en sí. Watchmen no sólo resulta arrolladora dentro del marco del cómic de superhéroes, ni del cómic en general, sino de toda la creación a pesar de lo amplio del ámbito. Y por suerte su genialidad no ha sido una genialidad destructora que desanime a seguir creando, sino una que espolea a seguir intentándolo.

¿Se pueden seguir contando historias de superhéroes después de Watchmen? Sí, ya lo creo que sí, y de hecho se hace. Y el hecho es que, en lineas generales, son mejores y más ricas. Por fortuna, supongo, no es necesario superar a los grandes hitos para seguir creando. Además, quién sabe, igual todos estos trabajos que tan ingenuos pueden parecer a la sombra del relojero sirvan de cimientos para otra obra fascinante. Después de todo, el propio Moore los usó como materia prima para la creación de Watchmen, la obra maestra.


Alan Moore

 



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Alan Moore
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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Dadme vuestra opinión sobre Watchmen
20-03-2008 13:04
El artículo me ha parecido excelente por su precisión y concisión, además de por la calidad del texto; gracias y felicidades.
Además coincido en muchas de las reflexiones planteadas, realizadas además sin desvelar la trama; creo que el artículo contiene los elementos necesarios para que quien no conozca la obra se lance a por ella.
Por mi parte, quisiera dar mi propia opinión, si me lo permitís y sin desmerecer el artículo.
En primer lugar, quisiera hablaros de "la historia de piratas". En su momento no entendí su inclusión, y después 10 años (por lo menos) de leerlo por primera vez, sigo sin tenerlo claro. Tal vez ese era el último nivel metaliterario, o una autorreferencia erudita, o enlaza con referentes con los que no estoy familiarizado... pero lo cierto es que no sé cual es su función, más allá de rellenar páginas (quizás estoy siendo demasiado duro). Si vosotros lo tenéis claro, os ruego que me ayudeis a entenderlo, y así podré disfrutar de un aspecto de la obra que se me ha escapado.
Por otro lado, la obra está tan cuadrada, tan trabajada, tan estudiada, todo está tan ensamblado y tan bien... que te pierdes la mitad de las cosas sin una guía de lectura. En sus tiempos, la desaparecida revista Krazy Comics publicó varios artículos sobre la cuestión, que me descubrieron un montón de aspectos que se me escaparon en la primera y hasta en la segunda lectura. ¿Alguien conoce una buena guía completa, en red o en papel, que se pueda conseguir hoy día?
Y claro está, si no estás familiarizado con el género de superhéroes, ni con el momento en que se publicó Watchmen, es difícil entender la enormidad de su grandeza. Desde luego contiene multitud de elementos que, sin saber nada de superhéroes, aconsejan su lectura y garantizan su disfrute, pero me pregunto si un lector que no haya leído cómics de superhéroes, no digamos ya cómics en general, no pensará que lo mismo hubiera quedado mucho mejor sin trajes de malla de colores chillones. ¿No se podría explicar lo mismo en un contexto menos fantasioso? ¿No podría Ozymandias ser un Bill Gates? Rorshach podría ser cualquier policía resentido y vapuleado por la vida, el Comediante el playboy amoral de éxito... Aunque no sé con qué modelo asociaría al Dr. Manhattan...
En realidad, este hecho es parte de la grandeza de Watchmen: toma los modelos fantasiosos de los superhéroes, y lo acerca a modelos reales y poliédricos, no planos y maniqueos como solían.

Quisiera oír más opiniones sobre todo esto.

Un saludo a todos.



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