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Las palabras que nos seducen


Opinión

29-02-2008 14:20
Por: Darthz

(...) Las palabras son perfumes (contenidos) que se alargan durante largos siglos de historia, encontrando uno o varios envoltorios (continentes) para su delicado frasco de cristal. Son olores que nos envuelven y nos engatusan, que nos fastidian o nos repugnan. Que nos hacen hombres felices, o infelices, que nos disparan como la más poderosa de las armas, como el más sofisticado de los hechizos que existan. La palabra es un arma cargada de futuro, y de pasado (...)


las palabras que nos seducen

Las palabras poseen una poderosa capacidad de seducción. Las lenguas transforman la realidad de una persona, imperan en todas las sociedades que buscan avanzar, que necesitan de la comunicación, como es preponderante en la raza humana. Y por ello el habla de un pueblo nos revela realmente su juicio sobre la historia, sus enfoques, sus tabúes y sus valores más intrínsecos, al igual que una persona que emite un mensaje no sólo está hablando sobre el objetivo al que se refiere, sino también un poco de sí mismo. Las palabras son perfumes (contenidos) que se alargan durante largos siglos de historia, encontrando uno o varios envoltorios (continentes) para su delicado frasco de cristal. Son olores que nos envuelven y nos engatusan, que nos fastidian o nos repugnan. Que nos hacen hombres felices, o infelices, que nos disparan como la más poderosa de las armas, como el más sofisticado de los hechizos que existan. La palabra es un arma cargada de futuro, y de pasado.

La palabra posee magia, y como instrumento mágico es usado por el que quiere o sabe, o cree que puede manipularla: el poeta, el político, el publicista, el amante. Todos quieren, desean, anhelan conseguir cosas: sueños, besos, dinero, tierras…; y como fervientes seguidores de sus deseos, harán lo posible por engatusarnos, no sólo el cerebro que conscientemente nos conduce a lo que vemos, sino también el inconsciente que agradablemente —para ellos— se esconde de nosotros mismos; y sin estar atento difícilmente acertaremos a escondernos del ataque. A veces el simple uso de un prefijo, el alargamiento de una palabra o el uso de una perífrasis en el momento adecuado, hará que nuestra percepción sensorial sobre un objeto cambie radicalmente. La trampa retórica de la sinécdoque, que tanto gusta al amante o al político: “¿vamos a tomar una taza de café?”, le dice el hombre a su enamorada, ocultando lo que los dos saben, lo que después de ese café viene como consecuencia del preámbulo. Las connotaciones que arrastran algunos vocablos durante cientos de años en nuestras vidas, tales como las palabras “libre” o “futuro”, que en tantos anuncios publicitarios nos pondrán frente a los ojos para que la imagen de la ansiada libertad, deseada por todo ser consciente, se arrope con el cálido dibujo de lo que se nos vende. Se recurre a todo tipo de juegos retóricos, a veces hasta sin conciencia propia, para alterar el significado de las cosas, o para jugar con que el sobre de nuestro mensaje llegue con un color distinto, con una imagen mentirosa. Con metáforas, con eufemismos, con palabras frías que arrojen sobre el destinatario el más cruel de los sentidos, la más afilada de nuestras mentiras.


las palabras que nos seducen
El lenguaje es pensamiento, y decía Valle-Inclán que “el pensamiento toma su forma en las palabras como el agua en la vasija”. Es decir, que ese recipiente es el que transfigura nuestro propio pensamiento, pues el agua ya va a parar a un molde previsto. Y análogamente José Antonio Marina exponía: "Las palabras no son representaciones de las cosas. Son afirmaciones que se refieren a las cosas". También añadía: "Interpretamos las palabras sin darnos cuenta de que estamos interpretándolas". Todo eso es el lenguaje inconsciente de nuestro cerebro, de la sociedad y de las épocas, de la realidad que, a base de dibujarla, vamos creando en el lienzo enorme de la vida de nuestros coetáneos. La historia va tomando sus propias vasijas, y las personas se dedican a fabricarlas mediante el uso que hacen de sus realidades en el habla, en el folclore, que es lo popular que va quedando en el acervo cultural de cada época. La norma del lenguaje. Somos moldeadores de pensamiento, pensamos con palabras y tomamos perspectivas de estas esencias según nuestras propias experiencias. Por eso el niño no tiene recuerdos hasta que comienza a hablar, y sus recuerdos se reducirán, a lo más tardío, a esa infancia en la que comenzaba a decir sus primeras palabras, a tocar sus primeros acordes con la realidad y su manera de enfocarlas para su memoria. Para su memoria consciente e inconsciente.

Las palabras son cálidas o frías, tienen sus propios colores y realidades, sus sonidos nos hablan de ellas, porque la gran mayoría esconde en el fondo una terrible onomatopeya. Y el lenguaje manipula, convierte, designa, transforma. Nos conduce por donde quiere; nos seduce. No es lo mismo decir “el futuro nos espera invisible” que “el futuro es una representación posterior a lo acontecido ahora”. El lenguaje varía según el tono del hablante, y según lo que éste quiera expresar, y —lo más importante— según de que manera quiera hacerlo, usará un lenguaje u otro; usará tecnicismos o acudirá en busca de palabras más populares; se extenderá más en el sonido de una palabra, o la mandará a nuestros oídos como algo inocuo y sin importancia. Y así nacen los estilos del lenguaje, el estilo periodístico o, por el contrario, el lenguaje poético e intimista. Lo visceral o lo premeditado, lo frío y lo caliente.


las palabras que nos seducen
También las palabras, como decía, tienen su propio sabor y sonido, su propia imagen fonética, como el azul que poseen los vocablos con la vocal “u”, que se apoya en la imagen poética (de lo que hablaba Dámaso Alonso para la poesía) de la luz, de lo lúgubre, de lo oscuro, de la lumbre y lo luminoso, pues son todos fonemas que nos arrojan un destello a los ojos: fulgor, fulgurante, iluminar...; u ocultará la palabra en la pureza de la “a”, que es blanca y cándida, como el alma o el alba, como la cana o el agua cristalina, o los fantasmas o los álamos, que son blancos y blanca es la imagen que nos produce también las vocales “a” de “nevada”; o jugará con el amarillo irresistible de la “i”, el amarillo que se “marchita” en las plantas, el pelo rubio y el amarillo que tiene “brillo”, el amarillo del trigo, el orín, el amarillo del limón…; y podrá entonces acudir a la oscura “o”, que nos trae lo “negro y oscuro” a la cabeza, el carbón y el oro negro, “nekro”, que llegó del griego al español para pronunciar a la temida muerte, y por eso el negro nos conducirá siempre a pensar en el fondo de algo, en lo fosco y tenebroso, en lo necrológico; y con la vocal “e”, según parece menos definida que las demás, nos encontraremos el verde y los marrones, el marrón oscuro del café, esas tonalidades que se esconden en el roble, en el arce, el reno y el ciervo. El marrón que imaginamos con sus hojas secas en el otoño de “septiembre”… (la mayoría de los ejemplos aquí expuestos han sido recogidos del libro al que venero y hago pleitesía con este artículo: Álex Grijelmo, La seducción de las palabras, Madrid, Punto de Lectura, 2007). De la relación existente entre colores y sonidos han hablado muchos hombres a lo largo de la historia, psicoanalistas, poetas, pensadores…, y por mencionar a algunos citaremos a tres muy reconocidos seguramente por el lector: Arthur Rimbaud, Sigmund Freud, y Pío Baroja, y al parecer Eulalio Ferrer posee un ensayo bastante rico al respecto (Los lenguajes del color, México, Fondo de cultura Económica, 1999).

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Otra propuesta sobre las palabras
31-03-2008 12:37
En Arquitectos Sin Fronteras montamos una web titulada "La Arquitectura de las Plabras" sobre la importancia que tiene el lenguaje a la hora de fijar opiniones y actitudes en la opinión pública. Al fin y al cabo como organización que aspira a cambiar las cosas, además de manejarnos con ladrillos pensamos que deberíamos ser capaces de manejarnos con el lengueje.
La web es www.arquitecturadelaspalabras.asfes.org

Saludos.

Jesús Barcos

   Excelente.
29-02-2008 15:01
Sí señor, tu artículo más trabajado y brillante y, como no podía ser de otra manera, sobre las palabras, cómo no ;-) .

Lo único que criticaría es que alguna parte se me hizo demasiado farragosa, aunque muy bella estéticamente.

   RE: Excelente.
09-05-2008 22:36
sí, se nota la perfección y la elaboración, además del amor por las palabras. Me recuerda a la tarea de todo un filólogo.

Genial.



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