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Punto Límite: Cero (Vanishing Point)


Opinión, Clásicos

11-03-2008 16:42
Por: manheor

De porros, sexo, libertad y polvo en el asfalto: Vanishing Point, viaje a los 70.


Punto Límite: Cero
—Joder, el puto Dodge Challenger RT de “Punto límite 0”[...]

Así nos recordaba Tarantino la existencia de una película como “Vanishing Point”, en ese nuevo festín de pleitesía y necrofilia cinematográfica que nos ofreción el realizador en “Death Proof”, su última película. Tarantino es el viejo que sigue rayando el vinilo con la aguja y está claro que “Vanishing Point” es uno de los LP´s que le gusta escuchar una y otra vez.

Por decirlo claramente, me picó la curiosidad. No es que uno pueda fiarse 100% de Tarantino a la hora de seguir su consejo, porque este hombre ama el cine por completo, TODO el cine, con una predilección especial por lo cutre, por los juguetes rotos e inservibles que fueron desplazados de los anaqueles por los “LEGO” y “G.I. Joe” de turno. Aún así, la veneración que se traslucía en “Death Proof” de dicho título me hizo pasarles la nota a los chicos del ático para que la guardaran junto con los demás cachivaches pero no al fondo de la caja, por si acaso había que buscarla en poco tiempo.

Y así ha sido. Vista la película la verdad es que ya puedo sonreír tranquilo. “Vanishing Point” es una auténtica obra maestra y una película muy compleja que merecería un análisis más exhaustivo que el que voy a dedicarle, pero siempre hay tiempo para más, ¿no? Hasta que se nos acaba...


Punto Límite: Cero
Esa última frase resume los axiomas por los que se rige Kovalski, el protagonista de “Vanishing Point”, y, en cierta medida, representa el llamado espíritu de los 70, porque si de algo va “Vanishing Point” es de eso, de los 70, de la época de la esperanza y la libertad.

Y la verdad es que consigue ser una experiencia de lo más evocadora. Para todos aquellos que no tuvimos la (¿suerte?, ¿desgracia?) oportunidad de vivir esta época de un cambio social que parecía augurar un futuro radicalmente distinto (ya se vio que no), “Vanishing Point” es una oportunidad, sí, oportunidad de celebrar el aroma de los porros, las chicas desnudas cabalgando sobre sus monturas a dos ruedas, el: “Oh sí, que les den” a las leyes y los que se encargan de velar por su cumplimiento y a la esperanza de un cambio, de un mundo de libertad y altruismo en el que la palabra propiedad no estuviera en el diccionario.


Punto Límite: Cero
Pero el legado que nos dejó esta época de sueños es más bien exiguo: droga y la muerte de la esperanza. Suena un poco duro, pero mucho más no hay. Bueno, si uno se pasa por el festival de Ortigueira (aquí, en mi tierra) puede tener cierto “revival” nostálgico, al caminar entre hippies andrajosos, bosques tupidos de agujas de pino y tiendas iglú, champiñones de lona apelotonados como japoneses en el metro, y vaharadas de olor nauseabundo en cada matorral (conviene conocer el sistema de Gretel y su hermano Hansel, si usted sigue un rastro de klinex podemos asegurar que encontrará “premio” o “premios” al final del camino, pero son más bien malolientes y tienden a pegarse a la suela de los zapatos). Aún así, merece la pena conocer los 70 y sentirse, al menos por un instante, imbuido por su, en el fondo, estúpido y cegato idealismo, porque no deja de ser una ceguera y estupidez que merecería la pena haber vivido.

Hablando ya de “Vanishing Point” como película, lo primero a lo que hay que hacer referencia es a su peculiar estructura y a su retruécano final, que va a dejar desconcertado a más de uno con su, en apariencia, inexplicable discordancia con el punto de partida. “Vanishing Point” es una película de carretera, una road movie en toda regla con su “lone rider”, Kovalski, huyendo de la policía y interpretando el papel de rebelde sin causa ante las masas entregadas, aunadas en su admiración y apoyo a algo más que un delincuente, que un hombre; las masas gritan a un símbolo y el grito es: ¡¡¡BASTA!!! El símbolo, cualquiera que se les ocurra para representar la libertad. Una paloma blanca con las alas desplegadas siempre pega bien.


Punto Límite: Cero
Pero hemos indicado que este film posee varias peculiaridades estructurales. Para empezar es un film que comienza por su final, cosa que en los años 70 no era habitual. Primera rareza narrativa. Es un film que nos presenta el pasado del protagonista a modo de flashbacks entrecortados que surgen cuando Kovalski sufre la evocación de un recuerdo despertado por un suceso del presente fílmico; para que todos nos aclaremos, los típicos flashback recuerdo que ha patentado como su sello el Christopher Nolan de “Memento” y “El prestigio”; se ve que ser original es más bien difícil. Segunda peculiaridad narrativa. La tercera es la más extraña y, probablemente, la más exclusiva que haya visto en un film. Cuando creíamos haber visto el final del mismo en su primera escena, la historia opta por romper nuestra expectativa y concluir de un modo radicalmente opuesto al que anticipábamos. Es decir, el desenlace de la película anula al supuesto desenlace inicial; de hecho, la presencia de los dos es completamente incoherente (en apariencia).

El caso es que lo fundamental en “Vanishing Point” es seguir avanzando. Como un Ulises moderno, Kovalski se enfrenta a su odisea con la arrogancia de un dios, convencido de que nada puede ocurrirle. Pero cuando la realidad lo golpee con una barrera insalvable para su eterna huida a lomos de su fiel corcel metálico, una encrucijada se le plantea: seguir adelante con todas las consecuencias o dar media vuelta y renunciar. El desenlace que sirve de apertura al film opta por la segunda opción; el que cierra la película por la primera.


Punto Límite: Cero
A pesar de que uno no puede dejar de deshacerse en elogios hacia “Vanishing Point” es cierto que no deja de ser una película bastante deslavazada, espectacular en sus secuencias de persecución y en sus sorprendentes hallazgos poéticos —un disc jockey negro y ciego que se menea ante el micrófono con una vitalidad incontenible; un cazador de serpientes que vive de un oficio peligroso en medio del desierto de nevada; una joven desnuda a lomos de un ciclomotor—, pero no por ello menos imperfecta, plagada de inconsistencias en la continuidad narrativa —eso que llamamos saltos en el raccord— y bastante irregular a la hora de definir un ritmo homogéneo.

Pero eso no le quita ni la o de obra maestra. “Vanishing Point” es, sencillamente, una leyenda, una obra artística intemporal, si nos queremos poner estupendos, una peli cojonuda. Una que debéis ver.

 



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Precio: 8,99 €
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