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Reseña del quinto tomo de Panini: Me he casado con un hombre lobo.
El pasado mes de diciembre se publicó en nuestro país el quinto tomo de la nueva colección de Hulka (She-Hulk en el original). Reuniendo los números comprendidos entre el diez y el catorce, más el especial Two-Gun Kid (Dos pistolas para nosotros), “Me he casado con un hombre lobo”, que así ha titulado Panini su tomo, cierra prácticamente todos los cabos abiertos en argumentos anteriores y deja todo preparado para la esperada “Iniciativa”.
Antes de destripar y analizar el contenido, un apunte (que serán más de uno, seguro), y es que Márvel ha iniciado en los últimos tiempos un acercamiento, modesto a mi entender, al género superheroico femenino, algo de lo que adolecía en los últimos años. Si hacemos un repaso rápido, seguro que salen más de cinco o seis personajes femeninos que podrían tener su propia serie: la propia Hulka, Elektra, Tormenta… pero a la hora de la verdad, los pocos proyectos llevados a cabo han sido cancelados o han pasado prácticamente desapercibidos. Y las cosas han ido incluso peor en nuestro país, donde las “mujeres Márvel” apenas han tenido su lugar.
Actualmente, y si la memoria no nos falla, tenemos en España a dos de esos personajes que, a priori, son interesantes: Hulka y Ms. Márvel. Y no deben ir tan mal las ventas, ya que, si de la primera van por el quinto tomo, de la segunda acaba de ser publicado el tercero.
“Me he casado con un hombre lobo” tiene todo aquello que hace de su lectura algo divertido. Desde el título, un guiño a los films de serie B, todo está organizado para arrancarnos una sonrisa. Pero no nos equivoquemos, pues no es un cómic de humor, aunque eso no quite que podamos encontrarnos situaciones cómicas a cada viñeta.
El tomo empieza con un recordatorio a Civil War y al lugar de Jen Walters en ella. Abogada y firmante del acta, la veremos en las primeras páginas compartir protagonismo con la Gata Infernal. A partir de ahí, empieza el espectáculo. Se nos recuerda la relación entre el Asombroso Andy, ¡sí, el robot construido por el Pensador Loco! y la Srta. Brook, y aparece el por qué del título del tomo: El marido de nuestra protagonista, John Jameson, vuelve a ser presa de su maldición y se convierte de nuevo en hombre-lobo (haciendo un poco de memoria, apareció también de la misma forma en las páginas de Spiderman, como secundario en “Salvaje” recogido por Panini en un único tomo). Esto sirve para que el especial de Dos Pistolas no quede colgado y se aprovecha para intercalarlo y ver que nuestro pistolero ya ha tenido ocasión de cruzarse con hombres-lobo.
Tras la resolución de lo indicado, se vuelve hacia atrás en el tiempo. Veremos cómo los juegos y poderes de Starfox hicieron mucho más que abandonar el juicio y que sus actos están teniendo su efecto en el presente. Desde ahí, llegamos al final del número catorce, a la espera de que en el mes de febrero, Panini publique el siguiente tomo.
Hecho el resumen, nada mejor que hablar del responsable de todo esto: Dan Slott. Slott, se ha hecho un hueco entre los guionistas más apreciados entre los lectores, y sin que llegue a ser una estrella, al estilo de Brubaker o Bendis (por poner dos ejemplos), tiene el reconocimiento de todos. Su estilo desenfadado y fuera de los tics típicos y tópicos del mundo de los superhéroes, logra conectar con cierto tipo de personajes y, en este caso, podemos decir que a Hulka le ha tocado el gordo. Esto es fácil de entender: dentro de la magnitud de un personaje tan poderoso como Hulk, siempre se la ha tratado de dar un tono más irónico y relajado que a su primo. El primero que lo consiguió fue el genial John Byrne. Seguramente él fue el culpable de la imagen, incluso frívola, del personaje. Slott ha sido cuidadoso en elegir el camino iniciado por Byrne, pero ha llevado hasta los límites esa imagen, no sólo para el personaje, sino logrando impregnar a toda la colección. De ahí que, mientras que en otras manos situaciones como ver a un robot, en teoría antagonista de los superhéroes, comportarse como un enamorado o la visión que tenemos del archivo de cómics (incluso el que exista en un bufete dicho archivo, ya es causa de hilaridad), pasando por los casos y clientes que pasan por las oficinas de Goodman, Liebre, Kurtzberg y Holliway, serían un completo desastre, Slott las domina y las dota de verosimilitud, dando la sensación de que todo está pensado y definido con antelación. Todo enhebrado y engarzado de forma milimétrica.
En el dibujo, destacar la llegada de Rick Bruchett, que ya había trabajado con el guionista en Batman Adventures. Eficaz, aunque poco espectacular, consigue adaptar su trazo a los personajes, aunque en ocasiones parecen algo monótonos. Además, las poses y rostros de los personajes tienden a parecer estáticos, pero en las últimas páginas empieza a tomar el pulso.
Las portadas siguen a cargo de Greg Horn, quien da una lección de cómo hacer una portada que tiente al lector a comprarlo.
Para terminar, destacar el número dedicado al Asombroso Andy, un personaje que ha sorprendido a todos los que siguen la colección y que incluso roba planos al resto.
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