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Como en Hollywood III


Relatos de Ciencia Ficción

18-03-2008 14:51
Por: manheor

Con las manos entrelazadas, atravesamos los caminos detenidos del bosque, la maleza ascendiendo de nuestros tobillos a las pantorrillas y, finalmente, alcanzando nuestra cintura, sumergiéndonos en un océano de roces y pinchazos.


como en hollywood iii
El tiempo seguía detenido a nuestro alrededor, pero mis pies estaban cocidos y un picor insidioso allí donde la costura de mi calzoncillo rozaba la ingle comenzó a taladrar mis nervios como mil agujas de cristal. Los dedos de Freddy también estaban empapados y me costaba aferrarme a ellos, parecían anguilas en aceite; dos óvalos húmedos crecían bajo sus axilas, oscureciendo la tela azul claro de su camisa. La realidad congelada se doblaba difusa a nuestro alrededor, un mundo de sombras aserradas y altas siluetas fluctuantes vistas a través de aquella cortina rosada, como si flotáramos en el interior de un flan color arándano. Pero Freddy no dudaba. Doblaba a izquierda y a derecha, saltaba por encima de troncos atravesados y vadeaba los zarzales sin una vacilación, como siguiendo un camino de piedrecillas, invisibles salvo para él. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi hermano ya había vagado en solitario mucho más lejos del río. Y muy a menudo.

Sólo nos detuvimos tres veces.

La primera vez fue por mi culpa. No podía aguantar más. Sacándome a toda prisa los pantalones, deslicé los calzoncillos por mis muslos, los doblé hasta hacer una pelota pegajosa y con naves linterna estampadas —papá pilotaba una cuando era más joven— estiré mi antebrazo hacia atrás y los lancé con todas mis fuerzas a través del escudo magenta. Los calzoncillos pasaron al otro lado con un leve ondular de la superficie y se quedaron suspendidos en el aire, con gotitas perlando su superficie enjoyada como pequeñas gemas diamantinas. Freddy se rió

—Aún es muy de día para mojarlos —me dijo, palmeándome la espalda con displicencia—; enano, ¿no puedes esperar hast....

Mi puño en las costillas acabó la frase por él. Freddy se frotó el vientre y, sin dejar de sonreír, cogió mi mano y continuó caminando.

La segunda vez fue Freddy quién tiró de mi camisa y me indicó algo sobre la hierba, a nuestra izquierda. Nos acercamos con cuidado a la escena, dudando si creer o no lo que nuestros ojos habían atisbado. No nos equivocábamos. Sobre la hierba, un pequeño ratoncillo de pelaje atezado y brillante colgaba por el rabo de un aguilucho parduzco y moteado con las alas desplegadas en una uve majestuosa. Sus ojos titilaban con un intenso resplandor rubí, sin pupila, probablemente bio-modificados para mejorar su percepción infrarroja. Cogí la esfera de la mano izquierda de mi hermano y, sin soltarle la derecha, me acerqué muy lentamente al cazador y la presa. Al fin, el contorno de la bóveda se encontraba rozando el pico que sujetaba al ratón. Empujé el pico hacia fuera y el rabito se balanceó, la cabeza del roedor penetró en nuestro escudo y mis manos tiraron de su cuerpecito con fuerza. El rabo se partió con un chasquido seco y el animalillo saltó de mis manos a la hierba, corrió hasta topar con la bóveda y se detuvo de nuevo.

—Al menos lo he salvado —afirmé con desgana.

—Sí —contestó Freddy—. Aunque me temo que va a echar algo de menos.

Y nos partimos de risa.

La tercera vez, fue la última. El bosque se había estrechado a nuestro alrededor y las palmeras de hojas azules y troncos translúcidos desaparecieron. Altos helechos luminiscentes de gruesos tallos cercaban la angosta vereda y Freddy tuvo que reducir de nuevo el campo hasta que el domo que nos protegía se apiruló como un globo desinflado. Doblamos dos veces a la izquierda y a la derecha, pisando sobre el barro resbaladizo que cubría esta zona del bosque.

como en hollywood iii
Ni hierba, ni árboles, ni animales. Nada. El mundo seguía congelado fuera del campo de contención, pero sin figuras que lo animaran. Sólo aquellos tallos y ramales luminosos nos acompañaban como guardianes malhumorados y siniestros. Noté que Freddy me cogía la mano con más fuerza. Respondí a su apretón.

De pronto, el camino terminó. Un óvalo sombrío asomaba en el linde del barro, como la boca de un gusano ciego ávida de carne fresca que devorar. Estreché los ojos pero no se veía nada, absolutamente nada, salvo, quizás, una extraña fluctuación de las sombras, como si se amontonaran y se abrazaran entre sí con dedos invisibles y oscuros. Freddy pulsó un botón azul brillante que destellaba sobre la esfera de cromo. El dosel magenta se descorrió y los colores volvieron a lucir tal y cómo eran. Los pálidos helechos que flanqueaban el camino derramaban una luminosidad gris verdosa, el limo en el que chapoteábamos era una asquerosa sopa burbujeante de un color púrpura oscuro —el hedor asfixiante que desprendía me recordó al tufo fétido de los calcetines sudados que Freddy solía restregarme por la cara, sólo que cien veces peor— y el cielo era una franja desvaída, sin nubes que vetearan su monotonía azulada.

Freddy me agarró por el hombro, mientras se apretaba la nariz con la otra mano. Su voz sonó como un bocinazo asmático.

—Ahogha —comenzó, con las mejillas tan hinchadas como el buche de un sapo— tenegmos quge entrag aghí.

Comencé a desternillarme, pero el olor era mareante y, finalmente, tuve que apretarme la nariz como hacía Freddy.

—Vafge —contesté, apretándome también la nariz— pefgo vágmonog yag. Egte pegtazo no hay quieng....

Me apretó el hombro y asintió, sonriendo.

—No te egfuegces tangto, quge no se te entiendge.

Alumbrándonos con la linterna infrarroja que Freddy acababa de sacar del neceser, penetramos en la oscuridad, con la luz rojiza cortando un cono sangriento entre las tinieblas.

Los labios no dejaban de temblarme. ¿Cuánto tiempo llevábamos caminando en la oscuridad? Agarré con más fuerza la mano de Freddy. Estaba fría, seca, como la de un muerto. Lo miré, pero sólo podía verle la nuca y recortada tras el resplandor bermejo de la linterna. Contuve mis deseos de mirar el techo y apreté los párpados con fuerza. No pude evitarlo, la fascinación podía más que el miedo, ¿o era el miedo el que me impulsaba a mirar? La verdad: no importaba en absoluto.

Finalmente alcé mis ojos, mientras mis pies seguían mecánicamente el compás que marcaban los de mi hermano, y contemplé el fluctuante, y cercano, dosel que nos cubría de tinieblas. Había bocas, bocas sin dientes que se abrían y cerraban sin un sonido, mudas, emergiendo y desvaneciéndose al azar, poblando el convulso tapiz de tentáculos enmarañados con sus gritos mudos. Me estremecí, por millonésima vez.

como en hollywood iii
El corredor no había dejado de doblar a izquierda a derecha en curvas cada vez más pronunciadas, que nos impedían ver más lejos que a cuatro palmos de nuestra nariz. Además, el camino se hacía, con cada paso, más angosto. Los bulbos que flanqueaban el camino, en una invariable hilera de capullos húmedos coronados por los cilios que abovedaban nuestro tránsito, inclinaban sus pétalos brillantes y aparentemente gelatinosos en bruscos movimientos peristálticos que amenazaban con rozar nuestras prendas y adherirse a ellas; devorándolas, buscando las zonas más húmedas del cuerpo para apretar, estrujar, reventar.... “¡Basta!”, pensé y grité sin darme cuenta. La mano de Freddy se disparó sobre mi boca, veloz como un áspid entrenada por el hábito, y me amordazó por un instante. Pero pronto me soltó y me guiñó el ojo; ya no era el Freddy de antes, por fortuna para mí. Sólo me faltaba eso.

Freddy puso los ojos en blanco y apuntó con la linterna hacia el techo, cortando el cono de luz con su rostro. Aunque debería de resultar espantoso, sus globos oculares blanquecinos reflejando la luminosidad rojiza como dos pozos del infierno, la verdad es que era bastante patético y me carcajeé. Freddy siguió jadeando entrecortadamente, mientras su lengua giraba y giraba alrededor de sus labios. Cuando mis risas se hicieron escandalosas se detuvo, me cogió del hombro, me guiñó un ojo y, tomándome de la mano, volvió a apuntar al corredor que giraba, esta vez hacia la izquierda, mientras el océano tubular de las paredes se ondulaba como las tripas de un gusano, un gusano gigantesco del que no veíamos más que las interminables volutas de su estómago. Seguimos adelante.

El camino se estrechó aún más y la batería de la linterna se estaba agotando. Freddy tuvo que disminuir la intensidad del haz y ahora apenas sí veíamos por dónde caminábamos. Avanzamos cada vez más deprisa, en fila india, con el roce pegajoso recorriendo nuestras mejillas desnudas y adhiriéndose a nuestras ropas. De repente, me quedé enganchado en la pared y perdí la mano de Freddy. Aleteé los brazos frenético, intentando gritar, pero los tentáculos me rodeaban y sumergían en su trama, silenciándome con una mordaza húmeda y amarga. Cerré mis dientes con fuerza y un chorro espeso de un líquido maloliente me empapó la cara y bajó por mi garganta. Sabía a sangre...

Ya casi no podía respirar... Pequeños cilios penetraban en mis fosas nasales, mezclándose con las secreciones mucosas en un tapón viscoso. Mi mente se ennegreció y comencé a desvanecerme....

El tiempo dejó de correr. El movimiento que recorría mi cuerpo como mil víboras enfurecidas cesó por completo. Una mano tiró de mí en la oscuridad. Era Freddy, y en su mano sujetaba la esfera del tiempo que iluminaba su rostro con sus diales violetas. Me abracé a su cintura con fuerza. Recorrimos el resto del pasadizo con el tiempo detenido, pero no usamos el campo de contención para ahorrar batería. No sabíamos que poco sentido tenía tomarnos la molestia.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Publicar relato en web
27-03-2008 00:26
¿Como se pone en la web un relato? Soy novel en la web y no se como hacerlo

   Muy bueno, compañero
18-03-2008 14:56
Personalmente, me hubiera quedado sin más con la historia de los hermanos, pero supongo que nos tienes algo reservado para la trama primaria, así que de momento me callo.

La entrega me ha parecido perfecta, algo recargada de descripción, pero sin que eso afecte a su efectividad. Sí que he visto algunos detalles:

"Agotogada" no existe, así que tú dirás qué pretendías decir (lo he quitado del texto)

Más que hogazas, deberían ser rebanadas, porque una hogaza, según comenta la RAE, pesa más de dos libras, y no me veo al chaval sujetando su par de kilos de pan sobre el cráter. ;-)

Y el verbo apirular (apirularse, más bien), que se usa sólo en Chile -y al parecer en tu tierra-, quiere decir acicalarse, endomingarse, pero creo que no es lo que pretendía hacer tu campo de fuerza :-p

A parte de estos detalles, nada más veo a corregir, al menos que recuerde. Buen trabajo, compañero.

   Bueno, una duda adicional
18-03-2008 14:59
Es sobre el campo temporal y es una pijada, porque cuando tienes la complicidad del lector, la tienes, pero sabiendo que eres ingeniero en ciernes, igual habías pensado algo...

Cuando un objeto "sale" del área de influencia se "congela", ok. ¿Pero es cuando sale el extremo o el objeto entero? En el caso de una bala, se "ve" más o menos, pero con un cuchillo es más paradójico. En el caso de un ratón, es inquietante. ¿La cabeza se detiene y el cuerpo colea? ¿Se aplasta el conjunto en el borde?

Ya digo que es una tontada, pero no he podido evitar pensar en ello.

   RE: Bueno, una duda adicional
19-03-2008 11:38
Me alegra mucho que te haya gustado meu. La duda ya te la comenté por mail ;-) .



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