Raging Speedhorn: Before The Sea Was Built |
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19-03-2008 13:07
Por: Locky P.
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Raging Speedhorn, nos entregan un nuevo trabajo desgarrador y repleto de cólera instrumental, Before The Sea Was Built. Impactante.
Los ingleses Raging Speedhorn, vuelven a atacar las neuronas con su muy particular metalcore editando un álbum totalmente desgarrador, en la línea de su anterior, How The Great Have Fallen (2005), aunque añadiendo más mala leche, si cabe, a sus composiciones, y con nuevos cambios en su formación, presentando a Bloody Kev a las vocales y a Dave Thompson al bajo.
Lo que nos ofrecen Ragin Speedhorn es una virulenta dosis de crujientes guitarras de perfil hardcoriano, unidas a desestabilizadores ritmos y a un registro vocal de connotaciones iracundas que destila residuos coléricos y que no cesa de escupir bilis amarga.
Before The Sea Was Built, mantiene una rabiosa persistencia rítmica envuelta en registros de frenética actividad. La base de su sonido se centra en unas desgarradas secuencias que no siguen un equilibrio dinámico, digamos, habitual, sino que asumen esquemas de arquitectura compleja y giros radicales, en los cuales, la batería tiene un alto protagonismo, con su consistente pegada y una ingeniosa habilidad para marcar los tiempos; algo que contribuye a crear un toque muy particular al sonido del grupo. A su vez, las guitarras desprenden ácidos trallazos de desbordante poder energético y exhiben una crudeza vitalista, en ocasiones llegando al desenfreno, pero con momentos de competente creatividad.
Raging Speedhorn, tienen una visión muy particular de lo que es el metalcore. Sus parámetros se deslizan hacia coordenadas muy distintas de las facturadas por los grupos estadounidenses o del norte europeo, ellos buscan más los rasgos algo anárquicos y vanguardistas, alejándose de las armonías que puedan suponer excesivas concesiones a la accesibilidad. Y sin embargo, componen partes que atrapan y contagian a pesar de propagar una atmósfera tóxica, como sucede en los casos de The Last Comet From Nothingness, Born To Twist The Knife o Too Drunk To Give A Fuck. Y es a través de esta dicotomía donde su propuesta resulta atractiva y destaca por mantener unos criterios bastante originales.
Son solo 30 minutos de música, pero expuesta sin tregua y con una mala hostia que deja sin aire y aturde los sentidos. Y ya se sabe lo que dice el refrán, lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Recomendable para descargar adrenalina por las orejas si no se tiene miedo a las opciones de alto riesgo para el sentido del oído.
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