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Reseña de este recopilatorio realizado por Planeta de la etapa Fleisher y Aparo del Espectro.
Cualquier aficionado primerizo se encuentra con el problema de que, sea la colección que sea, aparecen personajes y situaciones que tienen su origen muchos años atrás. Y eso ocurre tanto para los seguidores de Márvel como los de DC. En muchas ocasiones, la historia es tan amplia que se necesita tiempo (y dinero) con el que recuperar el material antiguo del personaje. En algunas ocasiones ni siquiera es posible obtener dicho material, quedando lagunas que se parchean con Internet y los artículos que aparecen en los propios cómics. Estos aficionados también sufren el denominado “síndrome completista”, cuyos síntomas son la compra de todo aquello que sirva para rellenar los huecos de las colecciones que siguen habitualmente.
Por esa razón, cuando una editorial decide recuperar parte de ese material perdido, muchos dudan entre la necesidad de hacerse con él para entender mejor las situaciones actuales (y de paso completar su biblioteca) o dejarlo de lado.
Planeta de Agostini, la editorial que posee actualmente los derechos de DC en España, está poniendo a prueba a sus seguidores. Su acertada decisión de dedicar cada mes a un personaje de la editorial americana supone no sólo un esfuerzo para ellos, sino para nuestros bolsillos.
Marzo ha sido el mes elegido para la puesta de largo de El Espectro. Sí, muchos podrían decir que ya le hemos conocido en estos últimos meses (Green Lantern: Renacimiento y El Día de la Venganza le tuvieron como protagonista), pero poco más sabíamos de él. Pero este mes la editorial nos ha traído tres títulos: La Ira del Espectro, Relatos de lo Inesperado y El Espectro. Cada uno de ellos nos trae una visión del personaje.
Pero, ¿quién es El Espectro?
La historia
La génesis de la mayoría de los personajes que pueblan las páginas de los cómics hoy en día se produjo en la segunda mitad del siglo XX. Incluso se podría decir que, para DC, esa creación se focalizó en las décadas de los cuarenta y sesenta. Superman, Batman, Wonder Woman, Flash y un largo etcétera que dejaría una lista tan amplia y de personajes tan conocidos que muchos quedarían sorprendidos por la fecundidad de los guionistas de aquella época. Cierto es que estaba todo por descubrir y por tanto era más fácil innovar, pero no hay que quitar méritos a esos pioneros del mundo del cómic.
Uno de los personajes que nació en esos prolíficos años fue El Espectro. Creado por Jerry Siegel y Bernard Baily, apareció por primera vez en las páginas de More Fun Comics, en concreto en el número de enero de 1940, aunque su primera historia completa vio la luz justo al mes siguiente, esto es en febrero del mismo año. Allí fuimos testigos de la muerte de Jim Corrigan y de cómo queda enlazada su “vida” (en este caso muerte) a la de una entidad poderosa y que actúa bajo mandato de Dios. Su misión: Acabar con el mal en la tierra.
Así se nos presentó al nuevo personaje. Recordemos que Corrigan había sido hasta ese momento un detective de homicidios, por lo que su búsqueda del mal estaba justificada y no parecía existir mejor receptáculo para El Espectro.
La popularidad del personaje fue creciendo y con ella la complejidad de sus historias. Para mejorarle, se creó “El Anillo de la Vida”, lo que le confería poderes inimaginables. Miembro de la JLA, Corrigan vio como su cuerpo volvía a la vida, lo que conformaba una dualidad entre la entidad denominada El Espectro y el propio detective. Ya no sólo se movía en el mundo de los muertos y como instrumento de venganza, sino que también podía interactuar en el mundo de los vivos, lo que le permitía profundizar en las relaciones con el resto de superseres.
Mediada la segunda mitad de los años cuarenta, el personaje fue decayendo, algo que no sólo le ocurría a él, sino al resto de la industria comiquera. A Corrigan le vimos actuar en la II Guerra Mundial, y El Espectro pasó a ser un secundario sin que nadie pareciera echarle de menos.
Los años cincuenta fueron una época oscura para el mundo de los cómics. Imbuidos por una ola de conservadurismo, los Estados Unidos satanizaron los cómics y casi acabaron con la industria. Además, los adolescentes empezaban a demandar otro tipo de historias. Parecía que los superhéroes pasarían al baúl de los recuerdos. La Golden Age llegaba a su fin.
Con la llegada de los sesenta, la industria comenzó a recuperarse, en lo que actualmente se denomina Silver Age. Los antiguos personajes de la DC fueron remozados y puestos en escena con nuevos orígenes e inicios. 1966 fue el año elegido por el editor Julius Schwartz para relanzar a Corrigan y su alter ego, El Espectro. Ocurrió en el número #60 de Showcase, bajo la batuta de Gardner Fox y Murphy Anderson. En su nueva versión, su poder se había incrementado exponencialmente y era casi omnipotente. De nuevo, compartió equipo con la JLA y finalmente obtuvo su propia colección donde, por cierto, vimos a un jovencísimo Neal Adams. La serie no tuvo el éxito esperado, y llegó a su fin no sólo como publicación, sino incluyendo la destrucción del personaje.
El Espectro volvió a la vida en los setenta, en la llamada Bronze Age. Los elegidos para su relanzamiento fueron Michael Fleisher y el gran Jim Aparo y el título donde lo haría fue el legendario Adventure Cómics.
La Ira del Espectro
Hoy nos centraremos en el título que recoge la etapa de Fleisher y Aparo y que Planeta ha reunido en el tomo del mismo título. Desde el 431 de la serie regular, hasta el 440, el nuevo equipo llevó a Corrigan y El Espectro a convertirse en verdaderos ejecutores de la venganza.
La primera impresión es excelente. Con un dibujo clásico, sin grandes alardes pictóricos, al que muchos no estarán habituados, el argumento sigue las grandes líneas impuestas por el cine (y literatura) de terror psicológico, rozando lo que se denomina serie B. Resaltar la originalidad que supone en el mundo del cómic el que un héroe se dedique a eliminar a sus adversarios (en este caso ignorantes de su suerte). No sólo eso: Cuando se indica que las historias se adelantaban a su tiempo, no se exagera, y su lectura actual aguanta perfectamente el paso de los años.
Aunque simples en argumentación, hilan una cierta continuidad número a número, mostrando historias auto conclusivas y que pueden leerse de forma individual sin que eso altere el conjunto de la historia. Simples no significan aburridas, sino que sabemos los derroteros por los que discurrirá el argumento, pero aún así, no pierde el interés.
Conclusión
Buena lectura para los que quieran conocer el personaje y para los amantes de las historias de terror.
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