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El director de Los guardianes del día, cuyo último proyecto es "Wanted" la adaptación del cómic homónimo de Mark Millar y J.G. Jones, nos habla de su filme.
El ex director de publicidad Timur Bekmambetov, de cuarenta y seis años, causó su primer impacto en el creciente mundo del cine ruso con Pershawar Waltz, de 1994, un drama de bajo presupuesto realizado con menos de 60.000 dólares y descrito por Variety como un valiente y violento relato sobre soldados rusos tomados prisioneros durante la guerra soviético afgana de los años ochenta”. Pero después de una película de gladiadores femenina producida por Roger Corman y financiada por americanos, The Arena, de 2001, Bekmambetov hizo sentir realmente su presencia con Los Guardianes de la Noche, el primer éxito de taquilla ruso moderno, que se convirtió en un gran éxito de culto en su país de origen, superando incluso a El Señor de los Anillos, a pesar de un presupuesto inferior a 5 millones de dólares.
Adaptada de la primera de un ciclo de novelas de culto del escritor Sergey Lukyanenkov, publicada en 1998, Los Guardianes de la Noche estaba protagonizada por Konstantin Khabensky en el papel de Antón, un moscovita aparentemente normal que descubre que dispone de poderes paranormales y es reclutado por las fuerzas de la Luz (Los Guardianes de la Noche, del título) para vigilar a las fuerzas de la Oscuridad. En la nueva película de Bekmambetov, Los Guardianes del Día, la secuela, a Antón se le encarga perseguir a su propio hijo, también un “Otro”, como se les conoce, y evitar que se ponga de lado de la Oscuridad y de esta manera provocar el Apocalipsis...
¿Cómo describiría la diferencia entre Los Guardianes de la Noche y Los Guardianes del Día?
La primera película era muy provocativa. La gente decía ‘¡Vaya, hay vampiros en Rusia!’ Pero la segunda trata más de la trama, y de lo que le sucedía a los personajes. La primera película era para hombres, así que, tal vez, la segunda es para mujeres.
¿Fue más difícil de realizar después de la primera película?
Si acaso resultó un poco más sencilla, porque ya habíamos rodado algo así como el 30 por ciento de la segunda película antes de la primera, sólo tuvimos que ajustarla para su estreno.
¿Diría que fue una película de fantasía?
No. Creo que es una película muy realista, lo que pasa es que sucede algo irreal. No me gusta el término fantasía. Bueno, no es que no me guste, es que no lo comprendo. No es tan interesante para mí. Lo que resulta interesante en estas películas es lo que sucede con el personaje principal, Anton, que está interpretado por Konstantin Khabensky, porque él es un ser humano real. Todo el mundo tiene dos partes, luz y oscuridad, y cuando tienes un problema como el de Anton en la primera película, con su hijo, entonces se convierte en un gran problema porque todo tu mundo, todo, se rompe en pedazos y se liberan todos tus miedos. Esto ocurre en la vida real, a gente real, y éstos son los demonios de Anton. No es una metáfora del sufrimiento humano, ¡es el sufrimiento humano! Al comienzo de la primera película el mundo de Anton explota, ocurre esta pesadilla, y por tanto trata de sobrevivir. Su única esperanza es volver al principio con la Tiza del Destino y re-escribir su destino.
¿Cuál es el tema principal de estas películas? ¿Es un comentario sobre la vieja lucha entre el bien y el mal?
Creo que el mensaje principal de la película es que no existe ni el bien ni el mal en este mundo, sólo existe la oscuridad y la luz. Hay una gran diferencia, la luz representa la responsabilidad y la oscuridad representa la libertad. El conflicto es más real hoy en día. Somos muy listos ahora. Entendemos que el ‘bien’ significa lo que es bueno para ti, pero para otra persona puede ser lo contrario. Es una manera muy infantil de ver las cosas, es muy blanco y negro, y no funciona. Pero mírelo de otra manera, ¿libertad o responsabilidad? Ésa es una decisión muy importante, y tenemos que tomarla todos los días. Es una decisión que la realiza el individuo, la familia, cada ciudad, cada país del mundo. Si tienes energía suficiente y tienes un espíritu infantil, optarás por la Oscuridad. Si eres más adulto, como un héroe, la responsabilidad se convierte en una cultura. Es algo que viene con la experiencia.
¿Entonces diría que éstas son películas políticas?
Creo que son filosóficas, lo que quiere decir políticas, éticas y, no sé, sociológicas. Creo que es un tema muy importante. No hay ningún debate sobre ello en la película, sólo es una historia, es entretenida, y eso es todo. Sé que el modo de expresar un mensaje es ponerlo en un contexto dramático, crear un conflicto, y que la gente lo perciba (risas). ¡No soy un profesor!
Hay mucho de humor en Los Guardianes del Día...
Sí. ¡Estamos lo suficientemente sanos como para ser irónicos con nosotros mismos!
Sobre todo en la escena de la fiesta en la que el hijo de Anton se convierte en un hombre. ¿Qué nos puede decir acerca de eso?
Fue una fiesta de verdad, e invitamos un montón de iconos famosos de la cultura pop rusa. Por ejemplo, si hubiera sido en Londres, hubiéramos invitado a alguien como, no sé, tal vez a ¡Madona! (risas). Celebridades. Gente como ellos, de la masa como ellos, y absorben energía de ellas. Viven porque absorben energía de sus fans. También ocurre con los políticos. Había un político comunista ahí, un tío grande y calvo, y Konstantin, durante la fiesta, se dirige a él y empieza a cantar una canción comunista. ¡No sabía la letra! De manera que era una especie de mundo falso, y decidimos que ese mundo estaría bien para la escena de la fiesta. Las celebridades y los políticos son realmente oscuros. Está en su naturaleza. La oscuridad significa libertad. Y ellos son realmente libres.
¿Cómo rodó esa escena?
Rodamos quince escenas para la película, pero lo extendimos todo, en una fiesta de cuatro horas. Rodábamos una escena de tres minutos y luego pasábamos cinco minutos cargando la cámara. Luego rodábamos una escena de tres minutos y pasábamos diez minutos de preparación. Todo estaba planificado desde el principio. Teníamos el tiempo exacto para cada entrada. Y yo invité a un director de televisión a que viniera y controlara las cámaras, porque había quince cámaras. Fue muy interesante detrás de las bambalinas. Había diez personas: el director de fotografía, yo, este tipo de la televisión, el primer ayudante de director... todos estaban delante de los monitores y durante los momentos en que todas las cámaras estaban rodando era como, ‘¡¡¡CÁMARA CINCO: IZQUIERDA!!! ¡CÁMARA OCHO; DERECHA! ¡¡¡AHHHHHH!!!’.
¿Resultó difícil dirigir eso?
En términos de energía, fue genial, porque cuando ruedas normalmente es sólo el director sentado delante del monitor, la cámara rueda, y tú dices ‘Corten’. El proceso es muy logístico. A veces es diferente, como cuando vas a rodar una explosión, pero normalmente es un proceso muy aburrido. Pero en ésta había una explosión de adrenalina. Cada actor tenía un micrófono y cada cámara tenía un micrófono, y también había micrófonos junto a los monitores.
¿Quedó satisfecho con lo que rodó?
Sí. Pero tuve suerte. No diría que estaba necesariamente satisfecho, sólo tuve la suerte de que se hiciera todo, puesto que era un proyecto muy arriesgado y una idea muy arriesgada de llevar a cabo. La idea fue que tendríamos que recrear el ritual real, el ritual tradicional, de una fiesta de cumpleaños rusa, y es una fiesta de cumpleaños en la que los invitados son los Oscuros. Y como los Oscuros representan la libertad, invitamos a caras y personalidades rusas famosas, ya que representan la libertad. Pero resulta difícil manejar a este tipo de personas puesto que son grandes personalidades. No puedo decir ‘Vaya para allá’ o ‘Quédese aquí’. Sencillamente tengo que entretenerlos para conseguir las reacciones adecuadas.
¿Cuál es la idea que subyace detrás de la “penumbra” en la que los personajes entran y de la que salen constantemente?
Eso estaba en los libros de Sergei Lukyanenko. La idea era que la penumbra era una especie de mundo paralelo en el que sólo los Otros pueden entrar y sobrevivir. Tuvimos problemas con esto cuando fuimos a rodarlo, porque aunque resulta sencillo comprender el concepto, es difícil representarlo en la realidad. Y luego estaba el problema de decidir la razón de que estas personas tuvieran que entrar en la penumbra, en primer lugar, ¿era para demostrar que son diferentes? Por tanto, para poder crear el drama, tuvimos que hacer que fuera realmente importante para los personajes entrar ahí.
Su enfoque del tema de los efectos es de un perfil muy bajo en ese aspecto...
Está relacionado con la realidad. Está fundamentado y dramatizado. El secreto es que tienes que dramatizar. Deseas que la gente piense, por ejemplo, ¿quién sobrevivirá y quién no? No quieres que piensen en lo buena que es la Llave Cromática.
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