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Agram Methiné I


Relatos de Fantasía

22-04-2008 18:05
Por: Belgarion69

Bueno, al fin me animo a continuar una de las historias que meto aquí. A ver si os gusta...


relato, fantasía, espada y brujería
Bari daba vueltas y más vueltas sobre sí mismo a medida que el hechizo continuaba transportándolo por el espacio. Llegó un momento en el que no pudo aguantar más la presión y empezó a gritar, pero de sus labios no salió ningún sonido. Cerró los ojos con fuerza, pensando en cualquier otra cosa que le despejara la mente, pero la ferocidad del viento y el estruendo del aire le oprimían el cuerpo y le nublaban la razón. Notó cómo empezaba a caer, cada vez más rápido. Sentía como si su cuerpo se estirara hasta alcanzar límites imposibles, desafiando las leyes que rigen el mundo y siguió cayendo más y más, hacia la oscuridad que reinaba en el fondo, hacia un abismo de locura y desesperación del que sabía que no podría salir nunca. Su mente empezó a enturbiarse y comenzó a perder la consciencia. Intentó luchar contra el desvanecimiento, pero no podía pensar en otra cosa más que en las sombras que amenazaban con engullirlo, en sus fauces de alabastro, y en que caía, y caía, y caía…

Y entonces acabó. Se desplomó de cara en un suelo pedregoso y polvoriento, incapaz de respirar e incapaz de moverse. Sentía los músculos entumecidos y la sangre palpitando con fuerza en su pecho y en su cabeza. Intentó respirar con más fuerza, para llenar de aire sus pulmones ardientes, pero lo único que consiguió fue tragar el polvo del suelo, lo que no mejoró demasiado su situación. Después de un violento ataque de tos, consiguió despejar lo suficiente la mente y recuperar las energías necesarias como para darse la vuelta y observar el cielo nocturno.

Las estrellas, brillando como pequeños diamantes en el cielo, le devolvieron la mirada. Las dos lunas, Jadem y Argiam, Hijas de la Noche, iluminaban el camino en el que se encontraba, rodeado a ambos lados por el denso follaje del bosque. No se oía ningún sonido en las inmediaciones, a excepción del ulular lejano de un búho y los ocasionales crujidos de la maleza al ser mecidas las ramas de los árboles por el viento fresco de la noche.

-Levántate, joven Bari. No estamos fuera de peligro aún.

La voz cercana de Nolan sacó al joven de su ensimismamiento. Éste se encontraba cerca de él, de pie, observando el camino con los ojos entornados, y, cuando Argiam iluminó su rostro y su figura con su luz plateada, a Bari le recordó uno de los antiguos guerreros de los Atani, resplandeciente con su armadura argéntea, la barba meciéndose al compás del viento, la mano posada en la empuñadura de la enorme espada, ahora fuera de su funda y clavada en el suelo. Un aura de poderío e inmortalidad envolvía al guerrero, y Bari no hubiera sentido algo distinto si estuviera observando la majestuosidad de una de los grandes picos de las Cumbres de Amiam.

El hombre, sintiendo tal vez la mirada del joven a su espalda, se volvió hacia él.

-¿No me has oído? ¡Arriba, jovenzuelo! El refugio que ofrece la Hermana Noche no durará eternamente, y seguro que no querrás estar aquí cuando comiencen a enviar patrullas para cazar a los que hayan huido de la matanza.

Bari se incorporó lentamente, pero las fuerzas le fallaron y los músculos cedieron ante el esfuerzo, y hubiera caído de nuevo al suelo si Nolan no le hubiera sujetado a tiempo por el codo.

-¿Tu primer viaje usando la magia? ¡Grak! Nunca es fácil la primera vez, no señor -dijo sonriendo al joven-. ¡Ni la última tampoco! Por mis viejos huesos, que nunca me acostumbraré a ello. Hace que la cabeza te de vueltas y se te revuelvan las tripas, ¿verdad? Pero tranquilo, se te pasará.

Bari tuvo que apoyarse en el hombro de Nolan durante un tiempo para no caer de nuevo al suelo. Sentía que las piernas se le doblaban y le desobedecían, como si las órdenes que les enviaba desde el cerebro no llegaran nunca a su destino.

relato, fantasía, espada y brujería
-Pero, ¿no nos ha sacado el hechizo del castillo? Estamos a salvo, ¿verdad?

-Todavía no, joven Bari. Observa -contestó el hombre, sombrío, señalando en una de las direcciones del camino.

Bari miró hacia donde señalaba el dedo, siguiendo con la mirada el camino serpenteante que se perdía en la lejanía. Lo que vio le llenó de desazón y amargura. A poco más de un par de kilometros se alzaban las Cumbres de Amiam, y entre ellas se erigía la Ciudadela, ahora una pálida sombra de su grandeza. Varios fuegos incontrolados se elevaban aquí y allá, desafiando la oscuridad y las sombras, creando la sensación de un falso día en las inmediaciones de las murallas. De vez en cuando, una figura alada y enorme se recortaba contra la luz del fuego, y sus chillidos y rugidos, como gritos de victoria, se elevaban en la quietud y el silencio de la noche, helando los huesos del joven.

El brillo de las lunas y las estrellas iluminaba su otrora hogar, la única vida que había conocido, y la desesperación volvió a inundarle el corazón y le tembló el cuerpo de rabia y frustración. Cerró los puños con tanta fuerza que su sangre empezó a caer sobre las piedras a sus pies.

-¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Quién sería capaz de hacer algo así?

Nolan continuó observando la destrucción en la lejanía, abstraído en sus pensamientos, como si no hubiera oído la pregunta. Pero, al cabo de un tiempo, dijo:

-Bueno, realmente no es una sorpresa que haya sucedido -suspiró-. Llevamos bastante tiempo observando a las fuerzas Ilunitas aumentando en número y concentrándose en nuestras fronteras. Tarde o temprano la guerra estallaría. ¡Grak! Pero no creímos que atacaran tan pronto. No tiene sentido. Si los reinos del oeste se unen, arrasarán Ilun y todas sus fuerzas -dijo, mesándose la barba lentamente-. Realmente, el emperador ha perdido la cabeza si cree que puede vencer en tantos frentes.

Bari obtuvo poco consuelo de la respuesta, aunque no dijo nada. Pero sus pensamientos debieron reflejarse en su semblante, porque Nolan se volvió hacia él y le dijo, mirándole a los ojos:

-No desesperes, joven Bari. El causante de esta desgracia pagará por sus crímenes. Te lo garantizo -Como el joven no parecía muy convencido, posó una enorme manaza en su hombro y sonrió levemente-. Aún en esta hora funesta, la esperanza no está perdida, pues una luz brilla en las tinieblas, una luz que iluminará nuestro camino y nuestro destino. El rey nos ha encomendado…

Bari no supo qué les había encomendado el rey, pues en ese preciso momento una flecha silbó en la oscuridad y fue a clavarse en el tronco a su espalda, a sólo un par de palmos de su cabeza, interrumpiendo la conversación. Una segunda y una tercera flecha volaron directas hacia Bari, y hubieran acertado su objetivo si Nolan, con una rapidez cegadora, no las hubiera desviado con su espadón con un movimiento en arco.

-No estamos lo suficientemente lejos. ¡Rápido, joven Bari, corre, hacia el bosque! ¡La espesura nos protegerá de sus arqueros!

Nolan se internó entre los árboles, y Bari dio un par de pasos en su dirección, cuando recordó que su arco, su alhaja y sus pertenencias seguían en el camino, desperdigadas por el suelo tras haber aparecido en él gracias al hechizo. Volvió rápidamente sobre sus pasos, saliendo al descubierto, ignorando las flechas que llovían a su alrededor. Con dos rápidos movimientos, recogió sus cosas, y, al volverse y levantar la vista, pudo observar cómo una veintena de guerreros de negra armadura corrían en su dirección, armados unos con espadas del mismo color que sus corazas, otros con arcos largos. En un mismo movimiento, fruto de años y años de práctica, sacó una flecha, la plantó en el arco, apuntó y disparó. La flecha surcó el cielo nocturno como una centella, sus plumas blancas brillando al centellear la luz plateada en ellas, y fue a clavarse en el cuello del primero de los atacantes, entre el peto y el yelmo, que cayó al suelo con un gorgoteo, agarrándose la garganta con las manos en un rictus de dolor.

relato, fantasía, espada y brujería
Satisfecho con su hazaña, el joven volvió a internarse en la espesura, siguiendo el rastro que el hombretón había dejado entre la maleza. A su espalda oyó cómo los soldados se introducían también en el bosque, y se gritaban palabras ininteligibles entre ellos. Sabiendo que les sacaba mucha ventaja, se atrevió a echar un rápido vistazo atrás, observando cómo los asaltantes formaban una línea paralela al camino para cubrir más terreno, y cortaban la maleza con sus espadas para facilitar su avance.

Bari siguió corriendo, intentando seguir la pista de Nolan, pero después de un tiempo se dio cuenta de que la había perdido por completo. No sabía cómo, pero el hombre había conseguido no dejar huella ni rastro alguno en el bosque. Parecía como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Desesperado, el joven miró a su espalda, ya que tal vez se había desviado del sendero que el hombretón había creado. Pero detrás suyo, no muy lejos, el rastro de Nolan persistía, pero al seguir con la mirada el camino que debería haber seguido, en el cual él mismo estaba, se encontraba con que éste desaparecía al de unos pasos delante de él.

-¿Pero qué demonios?

Una saeta negra se incrustó en el árbol situado a su lado, sacándolo de sus pensamientos. Dándose la vuelta, descubrió que los soldados habían acortado distancias alarmantemente. Se encontraban a solo unos metros de él, y sus alaridos triunfantes le helaron la sangre. Girando en redondo, empezó a correr, sin importarle el camino que tomaba o hacia dónde se dirigía. La única idea que permanecía en su mente era la de alejarse lo máximo posible de los soldados de negra armadura. Daba igual si se topaba con Nolan o no en esos momentos; podría encontrarse con él en otro lugar. Ahora su prioridad era la de no ser capturado. Así que corrió y corrió, sin pensar en nada más que en escapar.

Pero, a pesar de todos sus esfuerzos, los soldados no dejaban de ganarle terreno, ya que estaba agotado después del viaje mágico desde el castillo. Sus músculos entumecidos le gritaban que parase, y la sangre le palpitaba en la cabeza haciéndole perder el equilibrio una y otra vez. Su agitada respiración se sumaba en su mente al ruido de las ramas y la vegetación del bosque producían a su paso. Por ello, no se percató de que se iba adentrando más y más en la espesura, y la luz de las lunas dejó pasó a una oscuridad total y opresiva. Cada paso que daba era más duro que el anterior, hasta que llegó un momento en el que tropezó y cayó, y no pudo levantarse de nuevo. Lo único que pudo hacer fue jadear una y otra vez, aspirando el fétido olor de la hojarasca putrefacta del suelo, intentando recuperar el aliento. Con un supremo esfuerzo, se incorporó a medias, todo su cuerpo gritando que parara, hasta que, arrastrándose, consiguió apoyarse en el tronco de un árbol cercano, de cara a donde creía que se encontraban sus atacantes.

Podía oír sus voces desde donde estaba, pero, en ese momento, debido al tupido techo que producían las ramas de los árboles y que no dejaba pasar la luz de las lunas, era incapaz de ver dónde se encontraban. Nervioso, con las manos temblorosas, sacó una flecha de su alhaja y la colocó en su arco. Intentó discernir algo en la oscuridad, pero fue incapaz de ver nada más que negrura. Entonces, de pronto, uno de los asaltantes dio un grito, y el restó de las voces calló, dejando el bosque en un silencio sepulcral. Lo único que Bari oía era el sonido de las ramas al chocar unas contra otras debido al viento. Una brisa helada recorrió su cuerpo, haciendo que se estremeciera.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Gran historia.
14-05-2008 13:30
Sin querer pecar de pelota, creo que es de los mejores relatos que he leído en internet, engancha a la primera, la narración es fluida y cuidada y, gracias a Dios, has cuidado la ortografía.

Estoy deseando leer tus demás trabajos.

   Accion
12-05-2008 10:55
Esta segunda entrega me ha gustado aun más que el prólogo. He estado en continúo suspense, ¿a ver como sigue?

   Con las mismas virtudes
23-04-2008 09:46
La historia avanza muy bien con las mismas virtudes del prólogo. Buena elección dejar que prime la acción en esta entrega y cortar con las presentaciones pero sin dejar de introducir elementos.

Por cierto, ¿estás seguro de que querías decir "mesar" cuando el guerrero se toca la barba?

   RE: Con las mismas virtudes
23-04-2008 10:42
Gracias por el comentario, ahora voy a poner el siguiente capitulo, a ver para cuando entra.
Y sí, nose, ¿no se dice mesar? Acariciarse la barba como de forma reflexiva. Igual me equivoco, pero no es esa la palabra? XDD

Por cierto, ya estoy preparando las historias para el concurso de Monstruos de la Razon, a ver qué tal.;)

Gracias y un saludo!

   RE: Con las mismas virtudes
23-04-2008 12:05
Belgarion69 dijo:
¿no se dice mesar? Acariciarse la barba como de forma reflexiva


No, "mesar" es arrancarse los pelos de la barba violentamente. Échale un ojo a www.rae.es, que tiene un buen diccionario online.

Es una confusión común, en cualquier caso. El verbo "atusar" podría ser más apropiado en este caso.



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