Asesinos, hombres de las sombras |
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15-04-2008 16:40
Por: Akhul
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Manana se sentía muy cansado. Tenía la impresión de que aquel ferry al Infierno no iba a llegar jamás a puerto. “¿Me habré muerto ya?”, pensaba sin demasiado interés. “¿Estaré delirando en algún fumadero de opio de las Costas del Norte?”
Tras él iban los dos espectros (¿O’Dowd y María?) transportando, uno de cada brazo, al maltrecho hombre de las sombras. Sus cuencas resplandecientes llenaban los pasillos de sombras todavía más siniestras, si es que aquella comitiva diabólica podía superar el propio aspecto que tenían. “Me he convertido en una especie de Barquero del Infierno y no tengo a nadie alrededor capaz de interesarse por la ironía del momento”, se decía Manana totalmente desbordado por los acontecimientos.
Tras unos buenos minutos de caminar por las oscuras entrañas del portaaviones, se detuvieron frente a una exclusa cerrada. Por fin, el perro del aire pudo decir algo en voz alta, y así romper el macabro hechizo:
─Final del trayecto, si no me equivoco ─el hombre de las sombras, que resultaba mucho menos terrible con el rostro marcado por los golpes, asintió dócilmente─. Adentro pues ─concluyó Manana con una sonrisa carente de humor.
Lo que debiera haber sido un simple almacén de repuestos perdido entre salas de máquinas aparecía, tras una breve barrera de cajas sucias y maltrechas, como una ordenada sala de comunicaciones. Extrañas radios de corto y largo alcance, armarios con armas y municiones, incluso un catre para descansar. Aquél era el cubil del demonio.
Los espectros llevaron al hombre de las sombras hasta un rincón y ahí se quedaron custodiándole. Manana hizo un pequeño registro de la sala, pero se veía desbordado por todo lo que en ella se encontraba. No entendía para qué servían algunos instrumentos ni qué contenían los archivos y documentos de los armarios.
─¿Cómo demonios pudo pasar desapercibido este sitio?
El nipón empezó a contestar pero se atragantó con algo de sangre. Cuando recuperó el aliento dijo:
─Los piratas son miserables. Pagué las miradas que pude desviar, y silencié las que eran muy persistentes, o las que creyeron que podían ejercer poder sobre mí.
─Así nació el demonio.
─Así nació el demonio ─asintió pesadamente el asesino─. Al principio usé una máscara ritual. Luego, mi mera sombra sirvió para sembrar el terror. Me hubieran acusado rápidamente por ser el extranjero, sobre todo los que conocían mi refugio, pero mi “muerte” les disuadió. ¿Quién puede temer a un muerto? ─repuso sarcásticamente.
Los espectros no reaccionaron ante el comentario. Su presencia resultaba perturbadora, más por su propio silencio que por su apariencia. Era como estar con dos muñecos a los que, en nuestra locura, hubiéramos dado atributos humanos. Verles ahí, parados en mitad de la cabina, afectaba extrañamente al estado de ánimo del nipón y de Manana. Era como si la lógica de las cosas se hubiera roto, como si nada tuviera la misma importancia que antes.
─¿Por qué? ─suspiró Manana.
─Por la gloria del Emperador.
Manana sacudió la cabeza como si no entendiera la respuesta. Al final, reformuló la pregunta.
─¿Por qué el Emperador se interesaría por este portaaviones perdido en mitad del océano?
El hombre de las sombras esbozó una mueca orgullosa que se traslució bajo la capa de sangre y derrota.
─El Emperador todo lo sabe porque sus hijos le servimos fielmente. Él conoce los proyectos de la metrópolis, las investigaciones de sus hombres santos. Él sabe por qué el viejo capitán Manana fue a una de las ciudades olvidadas a buscar un libro. Y también sabía, en su inmensa sabiduría, a dónde iría a buscar refugio cuando la metrópolis le persiguiera. Porque el Emperador sabía que sería perseguido, y sabía qué carga transportaba su aeronave, incluso si el propio capitán Manana no lo sabía.
El piloto amartilló su revólver, loco de furia. Aquel tono de suficiencia le estaba sacando de sus casillas, pero tampoco sabía muy bien por qué. Pensó en preguntar por Wudji, por su traición, por su muerte, por el por qué de todo aquello. Cuánto tiempo hacía, cómo le habían captado, qué le habían ofrecido. Pero había algo que mataba todas las palabras antes de que llegaran a la lengua, algo que le obligaba a mantenerse lejos de aquel tema. Al final, hizo la pregunta que menos esperaba hacer.
─¿Por qué me estás contando todo esto? ¿No deberías haberte suicidado con honor, en silencio y todas esas fanfarronadas de opereta de las que presumís?
El cañón del arma apuntaba directamente al rostro del asesino. Las palabras de Manana salían trémulas de su boca, pero una determinación absoluta latía bajo ellas. Apretaría el gatillo, sí, sobre todo porque tenía miedo y no sabía de qué. El hombre de las sombras adoptó una expresión seria, solemne.
─Mi honor está en servir al Emperador, no en malgastar mi humilde valor en actos inútiles. Muerto ya no podré servirle, y vosotros tampoco. ─La mano del piloto se agitó, crispada sobre el arma─. El Emperador no busca esclavizar a los espectros. No es como la metrópolis. El Emperador busca el bien de sus súbditos, y tiene un lugar para acoger a cada uno de ellos. Capitán Manana, la vida del proscrito es dura y difícil; nadie mejor que un veterano perro del aire para saberlo. La vida bajo el manto del Emperador es cálida y suave. Un buen piloto siempre tendrá cabida en el imperio. Y también habrá un hueco para ellos ─añadió señalando a los espectros─, y para los amigos del capitán Manana.
El piloto pensó en el Malayo y en Mika, a quienes consideraba bajo su responsabilidad. El maltrecho estado del hiryu y el bamboleo descontrolado del portaaviones se mezclaban con aquellos pensamientos. Súbitamente, también la imagen de su copiloto, de Wudji, se unió al torbellino de su cabeza, y, antes de que se diera cuenta, había apretado el gatillo.
El disparo resonó brutalmente en la estancia, reverberando en los oídos del piloto durante unos instantes. Cuando su eco se silenció, dejando paso a los gemidos de dolor del hombre de las sombras, cuyo hombro había destrozado del tiro, tardó en comprender de dónde venían éstos. Al final, recuperando la compostura le ordenó con voz lúgubre:
─Dame todos los documentos de las comunicaciones que has establecido. Lo quiero todo. Si quedo satisfecho, no te tiraremos por la borda.
El asesino, todavía hecho un ovillo, se acercó renqueando a una de las taquillas metálicas. En sus ojos podía leerse rencor, pero Manana sospechaba que, bajo esa capa de sentimiento, el hombre de las sombras seguía valorando los elementos que le quedaban para cumplir su misión. Tenía un brazo y una pierna inutilizados, y tres adversarios rodeándole y atentos. Con su cómplice muerto, sus posibilidades no eran muchas.
Cuando abrió el armario, dejando a la vista el detonador, Manana entendió demasiado tarde hasta qué punto aquella apreciación era certera.
─¡Banzai! ─aulló el asesino con orgullo.
Y tras despedirse con aquella loa a su adorado Emperador, pulsó el mecanismo de contacto.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Hmm... |
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19-04-2008 19:04 |
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¡Notable! Dicen que el instinto te lleva solito a las cosas que quieres ver y, dado que no aparezco mucho por la página, y que recién lo estoy haciendo ahora, mira con que me encuentro. Eso me da la razón, brother.
Excúsame si todavía no leo esta magnífica continuación, pero ya voy cerca de la pag. 50 de House of Shadows (seguro que entendiste, bro) y la verdad que me muero por terminarla cuánto antes.
Así que, dame un tiempo y luego me lanzo con éste.
Un abrazop.
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RE: Hmm... |
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22-04-2008 14:34 |
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Un abrazo, compañero, y no te preocupes que no hay prisa. Hoy os saco la última entrega de esta parte de la serie.
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RE: Hmm... |
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10-05-2008 21:23 |
Akhul dijo: Un abrazo, compañero, y no te preocupes que no hay prisa. Hoy os saco la última entrega de esta parte de la serie.
Bien, brother, es una excelente continuación para una de las series más longevas que ha visto esta sección, pues si no me equivoco data del 2004 o 2005. Quién se lo hubiera imaginado, viejos amigos que aparecen como O'Dow (uno de los protagonistas de Hipótesis de un muerto, la anterior serie de esta ¿saga?, totalmente recomendable). En fin, vamos por ese final, creo.
Un abrazop.
PS: no estaría mal tentar a algún dibujante para que le hiciera un comic. El argumento, desopilante y vertiginoso, da para una buena historia en el noveno arte.
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RE: Hmm... |
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18-06-2008 14:53 |
Variwell dijo: PS: no estaría mal tentar a algún dibujante para que le hiciera un comic. El argumento, desopilante y vertiginoso, da para una buena historia en el noveno arte.
Si tienes algún candidato, yo encantado de la vida. Llevo tiempo queriendo verla adaptada, pero como no aprenda a dibujar...
Gracias por el comentario
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