Dentro y fuera |
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24-04-2008 12:15
Por: Nelia
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Lejos de todo, más allá de esta única realidad que nos rodea, puede haber miles...
Vagaba sin rumbo fijo arrastrando los pies.
Tenía la mirada perdida, tanto, que no era capaz de distinguir a los demás residentes del sanatorio.
¿Qué le pasa a ése?
Eso sí que podía escucharlo, hablaban de él como si no se hallará en su mismo entorno... Aunque era eso lo que ocurría en realidad.
Dónde él se encontraba gozaba de una paz infinita, los colores eran puros, cubrían las materias como si fueran cálidas sábanas, veía a los seres que tanto había querido y a los que ni siquiera había tenido el detalle de conocer allá, fuera de su cerebro. Era una sensación maravillosa. ¿Cuál era pues el motivo para regresar a ese frío mundo fuera de sí mismo? ¿La gélida nieve? ¿Los blancos pasillos del psiquiátrico? ¿Las formas grises y muertas?
No, de ninguna de las maneras, él se quedaría allí, en su paraíso personal.
A veces, en los momentos que los médicos llamaban lucidez, abría los ojos al exterior y gritaba hasta que un enfermero dotado de una fuerza hercúlea inyectaba un sedante en su enteco cuerpo sin siquiera tener el detalle de preguntarle qué le ocurría... pero él sabía la verdad: lo trataban de loco y lo hacían callar, no querían saber que la causa de su terror era lo que contemplaba, aquella verdadera realidad de personas decadentes... Cuando las drogas hacían efecto regresaba a su verdadero lugar, amo y señor de las hierbas verdes y de los cielos que se extendían hasta juntarse con las aguas de un mar infinito.
La primera vez que vio aquello fue en un sueño de una noche de verano, como si Shakespeare violara sus fantasías... Descubrió un gozo superior al que le producía hacer el amor con su mujer o el comerse una de esas empanadas de carne por las que antaño hubiera hipotecado hasta su casa. Decidió pues regresar allí, quería volver a sentir todo lo sentido y por ello durmió siete días con sus siete noches en una interminable búsqueda. Al tercero pensó que estaba perdiendo el juicio, al sexto logró resucitar aquel lugar de su cerebro y al séptimo supo que él era el único residente de aquel paraíso.
La última vez que vio a su mujer allá fuera, tenía un aspecto lúgubre, triste... Supo que era por su culpa y quiso que fuera con él a aquel lugar. Ella se perturbó, asustada, y decidió dejarlo allí a su buenaventura... En aquel sucio hospital.
A pesar de ello él podía verla en ocasiones, sentada sobre la hierba con un vestido blanco y el largo cabello negro que coronaba su cabeza cayendo sobre su espalda. Tan joven y hermosa… Era como si el tiempo no se atreviera a desvirgar aquella imagen.
Lo más curioso de todo es que a veces echaba de menos esas nimiedades, sí... a su mujer que había tomado a otro por esposo y que posiblemente se habría cortado el pelo, su coche y las empanadas de carne...
Sin embargo, nada le convencía para regresar, nada era comparable con el mágico mundo que había conquistado. Se quedaría allí, en su edén durante el resto de su vida... o puede que también en la siguiente, la del más allá, encadenando su muerte terrenal con la difunta, quedándose eternamente en aquella fantasía; o, dicho por los médicos que cerraron sus ojos por última vez años más tarde, en un juego morboso de su cerebro.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Lovecraftiano... |
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09-05-2008 22:29 |
Muy bueno, y algo Lovecraftiano el asunto de la huida al mundo de sus sueños, en un intento por salir de la realidad tan sofocante que le rodeaba en sus momentos de vigilia.
Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
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loco o cuerdo incomprendido? |
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29-04-2008 12:46 |
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Creo que al ser humano que tiene la capacidad de decidir en qué mundo desea vivir no se le puede "tachar" de loco, aunque los demás no entiendan sus razones, las tiene y eso le otorga cordura.En cuanto a lo literario, me hubiera gustado poder leer el desarrollo de esos 7 días, hubiera ayudado a comprender ese cambio sufrido y el porqué de la decisión, pero en fin, como siempre, es el autor el que decide a qué darle relevancia, al lector solo le queda imaginar la parte que echó en falta.
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El inquietante mundo de la locura |
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24-04-2008 12:20 |
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Pues sí, la mente humana es frágil y relativa, y lo plasmas muy bien en el relato. El final es tan terrible como el propio desarrollo. Hubieras podido sacarle más meollo al asunto, pero creo tampoco es lo que buscabas.
Un buen relato.
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