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La mar es la vida, es la alegría para los sensibles a la belleza. Quizás otras cosas sean más importantes, como el arte, la poesía, la filosofía... Pero, antes de todo eso, ya existía el mar.
Las estrellas me están mirando, e iluminándome el pelo. Y yo, al verlas en el cielo, las cuento y sigo soñando. Mientras la arena se enamora a la orilla al irla sintiendo, en su luz amarilla la Luna me va diciendo: sé que aún os duele esa herida, pues las últimas noches permanecisteis en tierra, y en tierra un marinero se ahoga enseguida.
Aunque quizás no interesen mis cartas, por si quieren saber del cómo y del por qué de este regreso; de mi regreso... Bastaría con decir que vuelvo porque sí, pero no es eso. La verdad, no es eso.
Es un quiero sin miedo a ese océano que me tiene a su merced de un modo tan intenso y arraigado, que quiero seguir pensando que aún cuando lo añoro, lo sigo navegando, y sigo a su lado.
Quiero seguir creyendo que me está leyendo esa mujer... que en una serena noche de plata al mundo me trajo. Quiero creer que me acompaña mi abuelo, aun cuando es un marinero del Cielo. Y quiero pensar que todo sigue igual, que aunque muchos se fueron, siguen conmigo mis mejores amigos...
Y si vuelvo a escribir del mar es porque sé que en el litoral es donde mis sentimientos se mueren de rabia y celos, de rabia y celos... siempre tan vivos que en la mañana de mi soledad los oculto tras un velo. Porque merece la pena, porque así los siento. Porque si en el papel no los inmortalizara me los arrebataría el viento.
Y recuerdo a aquel niño que se envenenó en el muelle de allí cuando vio tantas constelaciones, y cuando se imaginó más allá de la costa cómo sería la vida, y cómo navegarían sus canciones. Tantas canciones, que ya se me olvidan...
Se me olvidó, marea de mis sueños, que de tanto amarte te lloré. Se me olvidó que ante tu azul suspiré... Y con lo que en ti he naufragado, se me olvidó que nada es igual, que ya ni me recordarás... aunque siempre dormí a tu lado...
Ay, ¡se me olvidó que de tanto amarte te lloré!, y te lo revelo esta noche que para mi sorpresa te encontré en mis acordes escondida. Y no dejo de preguntarme por qué se me olvidó que te olvidé... No dejo de preguntarme por qué se me olvidó que te olvidé... sabiendo que a mí la mar no se me olvida.

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