La ínsula etérea

"Caer, levantarse, insistir, aprender"


Terror en las Arenas - Abrahel

Valiente será aquel que alcance el final de este texto...


La tierra se abre. La violencia de las gotas al caer es tal que mi montura bufa de dolor. A media legua de distancia diviso una pequeña venta. Si mi memoria no me falla, se trata de la Venta del Pillo. Descuida Pirata,  susurro a la oreja de mi montura para tranquilizarlo, pronto encontraremos un lugar donde refugiarnos y pasar la noche. Tú tendrás un cobertizo donde resguardarte y yo, con un poco de suerte, podré dormir a tu lado. Pirata relincha gozoso, aprieta los riñones y se lanza con furia hacia la venta, cortando en dos la espesa niebla que se extiende en este inhóspito lugar. Las piedras saltan a su paso y sus cascos desatan chispas, iluminando tenuemente nuestra senda.

La Venta del Pillo, construida sobre una pequeña loma y orientada al abrigo de los gélidos vientos del norte, sostiene sobre sus muros un edificio principal de dos plantas, construido en adobe y piedra y rematado por una techumbre de vigas de madera que sobresalen ligeramente entre las gavillas de paja y brezo que aísla el interior de la vivienda de los caprichos celestiales. En la planta baja, a través de las rendijas de una cortina que cubre el haz de una ventana, se filtra una luz cálida que delata la presencia despierta de algún viajero o de los propios regentes del inmueble. Un ruido centra mi atención. Miro hacia el ala este de la casa y veo una contraventana golpear contra la cara externa de la pared. Se trata de un sonido seco y metálico que resuena con intermitencia, meciéndose en el vaivén al que lo somete un viento cortante y helador que atenaza mis miembros.

Pasan varios segundos desde que he llamado a la puerta. Nadie contesta. La luz de la ventana se apaga de inmediato pero no se escuchan pasos ni señal alguna de movimiento en el interior. Malhumorado, sondeo los alrededores buscando el abrigo de un árbol gentil que al menos nos cubra del aguacero. Al encontrar un grueso roble a una distancia relativamente cercana, tomo las riendas de Pirata  y le digo, Vamos mi fiel amigo, no hemos tenido suerte, aquel árbol nos dará el cobijo que necesitamos.

Los cascos de Pirata se funden con el sonido del trueno y un rayo ilumina un cielo cerrado y obscuro. Eh ¿no me oyes?, escucho a mi espalda. Al girarme, encuentro una figura menuda que porta un candil bajo el dintel de la puerta, indicándome que me aproxime hasta él. Decía que qué se le ha perdido a usted por aquí a estas horas de la noche con semejante tormenta. Vengo de unas tierras lejanas, le respondo, a muchas leguas de aquí. Alguien en el camino me indicó que el único punto para pasar la noche era esta venta enclavada en mitad de un monte. El aguacero turbó mis planes y tuve que cabalgar con mayor precaución, pero al fin estoy aquí. ¿Hay cama para uno más? No me importaría dormir junto a Pirata si es preciso…

El hombre acerca el farol a su rostro y entonces descubro su rostro grotesco. Su ojo derecho es una estrambótica bola de cristal inerte, coloreada de añil, que asombra por su inacción al compararla con el ojo bueno que me escudriña con velocidad, entrecubierto por un párpado de espesas pestañas grisáceas. Una cicatriz atraviesa su rostro y lo divide en dos mitades irregulares. Aquella tajada seccionó nervios importantes y sólo una parte de su boca responde a su alocución, mientras la otra permanece inmóvil, ligeramente abierta, mostrando el hueco de unos dientes a la fuga. Las sombras que arroja el candil sobre su faz le otorgan un aspecto fantasmagórico y Pirata relincha repentino, suplicando el fin de nuestra conversación para encontrar un refugio, dentro o fuera, y poder guarecerse ya no del frío, que quiebra el firme empedrado, pero sí al menos de la tormenta.

Atiende al nombre de Domengo y dice tener cincuenta y siete años. Después de llevar a Pirata al cobertizo donde pasará la noche, pasamos al interior de la venta y me despojo de la ropa mojada. En ello estoy cuando aparece, tras de mí, una mujer de la misma edad que el ventero. Algo entrada en carnes, su rostro es armónico y bello y su aspecto, consecuentemente madurado, todavía despierta en quién la mira una atracción especial.

Al desprenderme de mis pantalones, me acerca ropa limpia y seca. Al volverme hacia ella para tomarla al tiempo que le agradezco su hospitalidad, la mujer aparte su mirada de mí y corre tras su marido. Sin embargo, no es mi desnudez la que le resulta incómoda. ¿No porta crucifijo? Pregunta Domengo. No, no lo hago ¿Por qué habría de hacerlo? Aquel que descansa sobre esos maderos cruzados jamás se acordó de mí. He luchado en varias guerras que, aún hoy, consiguen que me despierte envuelto en sudor, estremecido por aquellas visiones de muerte y devastación. Me arrebataron a mis padres cuando era un niño desvalido y necesitado. No busco dioses que me guarden ni amuletos que me guíen. Mío es mi destino y a lo más que aspiro es a ver un nuevo día. Y, si llegado el momento, mi sino es perecer, que sea rápido y sin padecimientos, que al menos mi muerte no sea prisionera del dolor de mi vida. La mujer del ventero ahoga un lamento y abandona el salón, dejándonos solos mientras me pongo un calzón de algodón blanco y una camisa de dormir. Existe una leyenda extendida en esta tierra desde tiempos antiguos que aconseja el uso del crucifijo para ahuyentar los malos espíritus… ¿Espíritus dice? Já, espíritus, fantasmas… no me dan miedo, son historias de mozalbetes… ¿Y los demonios, teme a los demonios? Miro fijamente a los ojos de Domengo pero no hallo en su mirada ningún signo de locura, como creí suponer. Los demonios atacan estos lugares tan alejados de las poblaciones. Aquí no encuentran amenazas, no existen iglesias ni curas que los ahuyenten. Sólo los crucifijos les mantienen a raya. Así ha sido siempre y jamás hemos tenido una desgracia. No al menos conocida. Está bien, está bien, tráigame uno de esos símbolos si así se quedan satisfechos… La mujer del ventero acude presta a uno de los cajones al solicitárselo su marido a voz en grito. Regresa al salón y me lo entrega con pudor.

Hasta mañana entonces. Nos despedimos a la puerta de mi dormitorio y cierro la puerta por dentro. El mobiliario es muy sobrio. Tan sólo un catre y una mesa, acompañados por una silla de mimbre a los pies de la cama acompañarán mi descanso. Es suficiente, pienso, y me introduzco entre las mantas. Afuera, la tormenta continua poderosa y descubro, con asombro, que la habitación que me ha tocado en lid es la de las contraventanas que golpean la pared. Mi sueño no será placentero, pero no me importa, al menos tengo un techo en el que pasar lo que queda de noche. Poco a poco, noto que mis párpados acrecientan su peso, el cansancio me vence y me dejo llevar…

En mitad de la noche, un sonido gutural invade mi mente e interrumpe mi ensueño. La Luna brilla con fuerza e ilumina parcialmente la estancia, dibujando en el suelo los trazos de la ventana. Al parecer, la tormenta ha cesado. Todo se haya en calma y un agradable olor a hierba mojada se filtra desde el exterior por alguna rendija inhóspita. Muy cerca de mí, escucho un jadeo. Miro hacia la ventana pero no hayo a nadie. Me incorporo sobre la cama y entonces la veo. Allí está. En el fondo de la habitación, cobijada por la oscuridad y a su abrigo, unos ojos como la llama me atraviesan el alma. Debe caminar, pues esa mirada, fija hasta al extremo, se desplaza con suma sutileza, como si no tocase el suelo, ni un solo ruido, ni el más leve signo de sus pisadas. Entonces, vuelve a suspirar y al hacerlo, descubro su boca, encarnada y apetecible. Le preguntó qué hace ahí, quién es, qué quiere, y a las tres preguntas me responde del mismo modo. Utiliza su silencio y desarma mi paciencia.



 


Camina hacia mí con paso firme y decidido. Cruza por delante de donde los dedos plateados de la luna contactan con el firme de mi realidad. Mis pupilas se dilatan y mi garganta se ahoga en deseo. Ante mí, una dama vestida con extrañas ropas de cuero negro, ajustadas a las formas de su cuerpo, decide tomar mi cama como aposento conmigo dentro.


 


Desliza sus dedos, largos y ágiles, entre los huecos de mi camisa. Arden pero no queman, es una situación extraña pero placentera. Aún así, intento abandonar la cama pero ella no me lo permite, se adelanta a mis movimientos y con una fuerza inconcebible, atenaza mis brazos tomándome por las muñecas y sonríe maliciosa. Acerca sus ojos a los míos, me hipnotiza con su mirada ígnea, extiende sus labios a los míos y, justo en el momento en el que deberían fundirse, y yo con ellos, los aparta y merodea mi cuello, inspirando profusamente, rozando con la punta de su nariz mi piel erizada que ansia su contacto y se estremece al sentirla.


 


Prosigue su ritual y me despoja de la camisa, arrancándola de un tirón y lanzándola contra la silla hecha jirones. Aunque ya no opongo resistencia, vuelve a tomarme por las muñecas y desata su lengua puntiaguda recorriendo mi pecho y mi vientre.


¿Quién eres? Dime al menos quién...


, suplico, pero sella mis labios con un beso largo y encendido, adhiere sus dientes a mi labio y tira de él con concupiscencia, derramando luego en mi boca un jugo dulce y almibarado.


 


Endereza su pose, juntos formamos un ángulo perfecto de noventa grados en el que, en el nexo de su vértice, la ley imperante obedece a los estímulos sensoriales primigenios. Se levanta repentinamente pero no abandona la cama. Mi mirada la sigue en su ascenso y compruebo cómo se quita la ropa, con cadencia, a ritmo templado, siguiendo el compás invisible de unas notas que sólo palpitan en mi cabeza. Da unos pasos atrás, se coloca a la altura de mis pies y se agacha, cayendo sobre sus rodillas. Su mirada se clava en el principio de mis calzones. Asciende por mis muslos con avidez, se fija en la trampilla abotonada, y se abalanza sobre ella con decisión, deshojando los botones con su boca libidinosa.


 


Me introduce en su interior contrayéndose desde dentro, disparando mis sentidos hasta casi hacerme perder la noción de mi propia existencia. Zozobra mi consciencia ante el empuje de la marejada que supone el vaivén de sus caderas y busco un apoyo para no ahogarme en gozo. Con las manos me aferro a sus pechos, suaves y firmes, cuya dureza me permite amarrarme a ellos para no caer, pero pronto ella advierte mi intento por escapar de la perdición y aparta mis manos, llevándolas hasta la cabecera del lecho, sin dejar de mirarme fijamente, la sonrisa infernal. Los broches de sus senos hacen crepitar mi piel a su paso, arriba primero uno a mi boca, después el otro.


 


De pronto, a mi alrededor, varios brazos etéreos rodean mi cuerpo, abrazan mi pecho, recorren mis muslos y mis brazos. Ante mí, sólo son brazos que surgen de debajo del camastro pero pronto veo varias cabezas, y clavados a ellas, unos ojos fríos como el hielo que me miran indiferentes, sin vida. Son fantasmas, me digo y entonces recuerdo a Domengo, y el lamento ahogado de su mujer, y esa historia que me contaron sobre fantasmas y… demonios.


 


Siento mi piel perforada, mi sangre reverbera brillante en su desbocado fluir sobre mi cuerpo. Siento que mis fuerzas me abandonan, mis músculos dejan de obedecerme, mi piel ya no siente ni siquiera el dolor de las dentelladas… En un último esfuerzo, levanto mi cabeza para mirar a mi mortal amante y la encuentro mirándome, con la cara ladeada, mordiéndose el labio inferior, como si fuese entonces, contemplando mi agonía, cuando realmente está disfrutando. Su mirada victoriosa irradia una felicidad extraña, un fuego del averno se abre paso en sus pupilas y, por fin, pronuncia su nombre:


ABRAHEL


.


 


El tiempo ha pasado. Mi cuerpo ha sido encontrado por el ventero y su mujer. Lo han enterrado tras la venta, bajo un montón de excrementos que guardan para la pequeña huerta que mantienen viva a escasos metros. Todavía hoy me pregunto quién soy y cómo es posible que pudiese acabar este relato, cómo ha podido llegar a tus manos, lector. Si mi cuerpo ya no me pertenece y estas líneas se siguen escribiendo, hay algo de mi propia existencia que se me escapa.


 


Sentado en el alféizar de la ventana, intento olvidar ya que no puedo entender. Y cuando no consigo ni lo uno ni lo otro, golpeo con fuerza las contraventanas y  las gentes que pasan por delante de la venta se extrañan por su movimiento repentino y se preguntan cómo es posible que se muevan si nadie las mueve y no existe viento que las meza.

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62 comentarios  -  Escribe aquí tu comentario

lo dijo marinera 03 febrero 2010 | 10:26 AM

Bueno, aún no ha acabado el día tres, aún hay esperanza de que escriba algo, jejeje, tu texto erótico-funebre no está mal, jejejee, miedo precisamente miedo no da, pero sí que me ha sorprendido el final, jajajajaja.
Besosssssss

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lo dijo WILLOW Image and video hosting by TinyPic 03 febrero 2010 | 10:52 AM

¡ Ole Maestro! prepárate que te sacamos a hombros por la puerta grande...¡ ME HA ENCANTADOOOOOO! que "sexosensoterror" te has marcado, vale que yo jugaba con algo de ventaja y pensé que tendría que fingir un poco de asombro ¡ pero llegas al final y me dejas fuera de combate! ¡ Un gran mago nunca revela sus secretos! jejejej....

Joder que bueno Caballero, que currado y que descripciones mas logradas ¡ si me parecía estar alli, joder! venga, y ya vale de adular, preparate que voy a por refuerzos para darte la vuelta al ruedo...jajajajaaj

miles de besetssssssssssssssssssssssss.

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lo dijo CASHMERE MAFIA 03 febrero 2010 | 11:28 AM

Hola Gato Chulo!
¡ que ganas tenía de que publicaseis estas historias! ¡ me lo estoy pasando de miedo! uuuuuuuuh! jejeje....es una historia buenísima, con su momento pasión desenfrenada y diabólica incluida ¿ y que pasion no lo es ? jajaja....que buena Chulito, que buena!! Por algo hay dos por ahi que te llaman el Maestro....¡ no me extraña!
la foto es impactante........muy chula.

un maullido y varias arañazos sangrientos ¡ grrrrrrrrrrrrrrrr! jejeje

cheek to cheek!

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lo dijo princesalidia 03 febrero 2010 | 11:44 AM

¿Qué tengo que hacer para algún día ser una minima parte de lo que eres tú como escritor? Me quito el sombrero, no lo llevo, pero me lo pongo para ti.
Que elegancia en tus palabras
Que pasión...
Unbesooooo, un placer participar en tu reto

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lo dijo lyns flipando 03 febrero 2010 | 11:58 AM

Holaaaaaaaaaaaaaaaa
Primero de todo, estoy en elcurro y voy a aprovechar para leer a todos los que pueda....
Bueno, qué decir....que me hasa dejado sin palabras, pasmada y maravillada.
Esta tan bien escrito como de costumbre, palabras cultas y un texto elaborado y de calidad. La historia es una auténtica pasada!!!!!!!!!!
Me ha encantado y el final es lo mejor, cuando nos dejas con un escalofrío en la espalda al tener la sensación de que nuestro narrador es un fantasma, y entendemos el porqué del movimiento de la contraventana.
¡Espectacular, Santi, te sales!
Mil besos, os echo mucho de menos, pero ya me queda sólo unos días para volver a estar con vosotros.

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lo dijo NACHO 03 febrero 2010 | 12:16 PM

Kaixo riojano amante de posadas espectricas!! ¿ o amante de espectros sin mas? te has salido, como se nota que el que vale, vale....¡ y ese retozamiento sadomaso! jajajajajaja....estupendo, que te voy a decir....genial

Un abrazo, riojano espectral!
aguuuuuuri!

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lo dijo dumpty 03 febrero 2010 | 1:24 PM

Me desdigo... no faltas, te sales!

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lo dijo joan 03 febrero 2010 | 1:39 PM

me ha recordado las leyendas de Becquer, los demonios como animas animadas y que animación mas sexual, joder con los demonios, y la ventera jugando con crucifijos...jajaja
un abrazo grande

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lo dijo Rubén 03 febrero 2010 | 2:37 PM

Está genial. Original y bien escrito.
Yo espero poder subir el mío esta tarde.
Un abrazo.

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lo dijo unah 03 febrero 2010 | 5:45 PM

Muy bueno, Caballero. Lo que más me gusta son las líneas que se siguen escribiendo solas. Tal vez este comentario que te dejo también se ha escrito sin la participación de una mano humana.
Saludos.

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lo dijo Cuentos encarnados 03 febrero 2010 | 6:08 PM

Caballero, me he quedado temblando. Me gusta porque intriga desde el principio al final, por la coherencia de su argumento, por la delicadeza en el trato con Pirata, por ese final tan misterioso y por sus descripciones...En fin...me gusta porque el post es bueno.
Muchos besos, amigo

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lo dijo REBECCA 03 febrero 2010 | 6:11 PM

Bueno, bueno, bueno.... vaya relato te has marcado!!. Me ha parecido soberbio, me ha gustado muchisimo. Esta muy bien escrito, muy bien desarrollado y sobre todo da ese miedo que se mete en tu cuerpo poco a poco y va invadiente por dentro, ese miedo que no es de sobresalto, sino de dejarte petrificado conforme vas leyendo... y sobre todo el que te hace dar un gran suspiro con su tremendo final.

Un 10 para el promotor del reto, que lo ha bordado !!!.

Besos y mas besos !!

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lo dijo L.K.H. 03 febrero 2010 | 6:21 PM

Wow, caballero, me ha encantado, está muy bien el final. Si es que, como dije, ésta es tu especielidad.
PD: ¿En serio se me nota tanto mi afición Poe?
Bss!!

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lo dijo konzeptual 03 febrero 2010 | 6:41 PM

tremenda historia, te desenvuelves genial en este genero.
un abrazo

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lo dijo princesa86 03 febrero 2010 | 7:53 PM

Hola Caballero... leí el comentario que dejaste en mi pagina, gracias. te agregaré a mis amigos para leerte luego. un abrazo

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lo dijo crissy 03 febrero 2010 | 8:56 PM

Mmmm....no pierdes la elegancia ni para la intriga...ahora...esa pasión desbordante y reprimida??? ya decía yo que quería bailar contigo en navidad...Me encantó Caballero !
Besooos

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lo dijo Erick Sarff 03 febrero 2010 | 9:25 PM

Increible historia, mira que mal que quedé, habría prometido participar en el terror, pero pues LDA siempre hace de las suyas para impedirme publicar, ya tenía mi historia jaja, a lo mejor es una maldición.
Tu historia me ha fascinado que ya voy tomando dos tazas de café ¡y eso que no tomo café!, que buena historia, ¡caray hasta cuando podre publicar!
Un abrazo caballero, y pues que mala suerte la mia por Dios!!, im sorry

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lo dijo MARINERA 04 febrero 2010 | 9:32 AM

Al final no me dió tiempo y me quedé con la idea dándome vueltas por la cabeza, quizá en el próximo acuda.
Besossssssssss

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lo dijo Aurea 04 febrero 2010 | 1:16 PM

Hola caballero, ¿te ha dicho alguien que eres fantástico? Ji ji ji escribes bonito y describes la escena erotica con una elegancia y una sensualidad exquisita, tienes mucho gusto. El principio de la historia me apasiona por como esta contado, esas descripciones que me meten dentro de tu historia y el final es lo mejor porque es inesperado y te deja pensando en el protagonista y su muerte y su nueva vida. ¿llevara cadenas? jijiji Me repito mucho pero me da igual, no dejes de escibir nunca, eres un diamante que se pule historia a historia cada vez mas selecto.
Chaitoooooo

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lo dijo dedal0 04 febrero 2010 | 1:17 PM

Hola Caballero,
me ha parecido un gran relato con una ambientación histórica y un lenguaje muy cuidados. Menudos tórridos párrafos dedicados a la posesión infernal! Debo admitir sin embargo que hay algo que no me termina de cuadrar....releeré tu relato en la calma de mis aposentos en lugar de en el trabajo antes de meter la pata jeje

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Nº de comentarios: 62
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