Un dia cualquiera
Tu vida está cambiando, las cosas te empiezan a ir bien, tienes un trabajo, un novio, unos planes de futuro, piensas independizarte por fin de casa, y hacer tu propio nido, aunque sin olvidarte de los que más te quieren y de repente te paras, en un segundo, en un minuto, en un sitio determinado, y alguien te dice que te estás muriendo. Que no saben por qué pero que tu vida se está apagando lentamente y sin que tú puedas hacer nada. Prefieres no decírselo a nadie, guardar esa noticia como si fuera un secreto, secar tus ojos de lágrimas y pensar que ya que tienes los amaneceres contados, disfrutaras de cada uno de ellos como si de verdad fuera el último. Te preparas a conciencia para el último soplo. Pides perdón a tus padres por los malos momentos, a tus hermanos les dices que sientes que les echaran la bronca por tu culpa cuando erais pequeños, a tu novio le dices que le amas con todo el alma y que aunque estéis lejos tu siempre serás suya, piensas a dónde te gustaría viajar antes de irte, y haces una lista de todo lo que te queda por hacer y que lamentas no haber hecho antes. Por primera vez disfrutas de verdad de las comidas familiares, de los tirones de mejilla de tu abuela, de los consejos de tus tías, primas y demás mujeres de mediana edad que piensan que tienes toda la vida por delante. Haces el amor con tu otra mitad conectando tu alma a la suya de una manera sorprendente para ti y sientes que se desgarra cuando él deja tu cuerpo. Lamentas no haber tenido un hijo suyo, pero ya no hay tiempo, quizá mejor así, porque sería un alma muy sensible la de esa criatura que no conoció apenas el olor o el tacto de su madre.
Y ya el último ocaso de tu vida, en la cama, piensas que vas a descubrir lo que tanta gente se pregunta a lo largo de su vida: ¿De verdad existe Dios? ¿Hay un más allá?, y de repente tus párpados se cierran; no ves luz al final del túnel, ni siquiera ves túnel. De repente algo te invade, es una sensación que no habías tenido nunca, es entre calor y frío, entre nubes y cojines, entre…y sin quererlo sabes lo que es. Es el AMOR infinito, como el de una madre cuando ve la carita de su bebé al salir de su vientre, es como el Arquitecto cuando culmina su obra, si, es AMOR y nadie más que tu es capaz de sentirlo, estás ahí, y estás bien, esperando a los tuyos, pero mientras tanto disfrutas de ese baño templado de PAZ, y te preguntas si se podrá volver a nacer, pero dentro de un tiempo, no hay prisa.
4 comentarios - Escribe aquí tu comentario
inquietante y calmo texto, volachocolat... me deja un cierto regusto... parece que los humanos somos tan absolutamente torpes que solo comenzamos a disfrutar de la vida cuando sabemos con certeza que se acaba... lo malo es que a veces es una incertidumbre, y se acaba igual, y mientras tanto, solamente pasamos por la vida, sin disfrutarla... que no sea ese nuestro caso. que cada día sea aprovecharlo al máximo...
Un beso grande..
Amiga Volga... ya he venido tres veces y sigo sin saber que decir. Es un texto muy duro a pesar de la paz y serenidad que transmite.
Un beso
me quedo triste... aunque ya estaba propensa a ello... y muy pensativa...
besote!
cuanta tristeza hay en ese texto... no se si eres muy joven, supongo que si, pero ¿no te parece que hay que ser más optimista?. Es necesario ver lo bueno y disfrutarlo, lo demás viene por añadidura. Ah se me olvidaba, soy nueva.
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